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Una publicación de la asociación SER
Magister en Antropología y en Gobierno y Políticas Públicas. Doctorando en Estudios Andinos. Docente en Políticas Públicas en la PUPC. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Voces de niños en Mateo Salado

Mateo Salado es el nombre dado a un importante sitio arqueológico de Lima, ubicado en uno de los ángulos del llamado “Parque de la Bandera”. Perteneció a la cultura Ychma (1100-1450 d.C.), sociedad pre-inca que habitó y controló las cuencas bajas de los ríos Rímac y Lurín, desarrollando una importante tecnología agrícola para los ecosistemas costeros. El lugar tuvo funciones administrativas y ceremoniales y fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el 2001. Sitios arqueológicos como los de San Marcos y Tres Palos, que forman parte del complejo Maranga (en el Parque de las Leyendas) son contemporáneos con esta cultura, y están conectados a través del Qhapac Ñan, como expresión de la posterior ocupación Inca.

Luego de prolongados períodos de abandono y depredación, el Ministerio de Cultura emprendió, desde el 2007, trabajos de recuperación del sitio, labor que continúa hasta la fecha. Este esfuerzo ha permitido desocupar algunas áreas invadidas y promover la investigación, conservación y vinculación creativa con la comunidad,bajo la encomiable gestión de Pedro Espinoza, director del complejo arqueológico. La puesta en valor de Mateo Salado se ha hecho más efectiva gracias al proyecto promovido por las anteriores autoridades del municipio limeño, en coordinación con la Escuela DECLARA y en el marco del programa “Lima milenaria, ciudad de culturas”, creado para contribuir con la construcción de ciudadanía y sensibilizar a la población sobre la importancia del arte y el patrimonio cultural local como medio de convivencia.  

Este primer fin de semana de marzo, Mateo Salado fue escenario de la presentación del Coro Nacional de Niños del Perú con la ópera “El Diluvio de Noé”, a través de la que medio centenar de niños y adolescentes mostraron al público sus cualidades artísticas. Esa combinación de dos manifestaciones culturales, bajo responsabilidad del Ministerio de Cultura, es un plausible ejemplo de lo que hay que hacer más y más en una Lima que requiere urgente construir y consolidar valores, identidad y ciudadanía.

Junto a la Ychma, otras culturas que poblaron estos territorios, como Lima, Lati, Sulco, Ruricancho, Guatca, Malanca, Piti Piti, Colli e Inca, siguen siendo desconocidas para la mayoría de limeños, y esperan ser reivindicadas y valoradas en una ciudad que tiene pendiente la tarea de forjar su identidad con todas las sangres que en ella conviven. Igualmente, junto al Coro Nacional de Niños del Perú, muchas expresiones de arte y cultura esperan contar con el soporte de las autoridades para movilizar activamente a cada vez más sectores de la población, carentes de oportunidades artísticas y recreativas, y presa fácil de comportamientos erráticos.

Cuán lejos a estos esfuerzos, que poco o nada se difunden, están las acciones de los primeros meses de la actual administración municipal. Hasta ahora, lo que por lo menos ha mostrado es su escasa comprensión del aporte de la cultura al desarrollo urbano, borrando murales, prohibiendo el arte callejero o considerando que la inversión en cultura es un gasto innecesario. Parece que se intenta eliminar de un plumazo lo poco que se avanzó en la administración municipal anterior, para retornar a un estilo populista, que puede tener el respaldo de una población carente de muchos servicios, pero también desprovista de una solvente comprensión y práctica de valor ciudadanos.

La labor principal de un municipio tan especial y complejo como es el de Lima es atender integralmente las demandas y necesidades de su población -que van más allá de sembrar las calles de fierro y cemento-, contribuyendo a generar cambios en la calidad de ciudadanía de las personas. Las obras físicas tendrán sentido si forman parte de una gestión inclusiva, participativa, pedagógica y democrática. No nos podemos quedar con los brazos cruzados si las autoridades municipales no entienden o no quieren asumir su rol. Corresponderá a la movilización de la sociedad organizada que forjemos una Lima para todos, que sea orgullosa de su invalorable diversidad cultural, de su pasado y su presente.