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Una publicación de la asociación SER

Y que el 2016 no se pinte de amarillo

Parece mentira cómo vuela el tiempo. Casi se cumple un año desde que nuestra Lima gris se empezó a pintar de un amarillo purulento. Y aunque a la mayoría le preocupe más dónde y con quién recibir el 2016, a mí me aterra preguntarme qué nos deparará el próximo año.

En sólo un año, Castañeda Lossio despidió arbitrariamente a tres mil trabajadores de la Municipalidad de Lima; anuló la licitación de los corredores de integración, canceló los corredores complementarios y, con ello, el uso de tarjetas electrónicas en los buses azules. Además, anuló el proyecto Río Verde, vulnerando así derechos fundamentales de la comunidad shipiba de Cantagallo y rompiendo las ilusiones limeñas de recuperar un río que antes solía hablar. Reemplazó arte por un nauseabundo color amarillo e intentó camuflar con el mismo color el continuo robo de dinero y el trato atroz a animales encarcelados en un zoológico limeño. Estropeó la vista de la Costa Verde instalando horribles rejas amarillas, y se burló nuevamente de nuestra inteligencia al contratar seudo actores para que avalen el uso de esta indignante infraestructura.

Terminamos el año con derechos vulnerados, con un odio acrecentado hacia lo diferente, con congresistas que nos avergüenzan y roban a diario, con nuestros recursos naturales en peligro de extinción, con un representante de la iglesia que toma el nombre de Dios en vano y no entiende el significado de un Estado laico; terminamos el año con alcaldes que talan árboles, que matan a los animales que deberían proteger, que llenan sus bolsillos de dinero y las calles de basura, y se ríen todo el tiempo de nosotros. Terminamos con una espada atravesada en nuestras esperanzas futuras, con un porvenir incierto y con el sabor amargo de tener que elegir al futuro presidente de entre alianzas ridículas; entre un personaje que se burló de nuestra cosmovisión y mató a nuestras indígenas, una mujer que pese a sus mentiras y burlas continuará la dictadura de su padre y una “raza diferente” que no tiene respeto por la mujer y que lo único que enseña es que el dinero lo puede todo y es lo único que vale; entre candidatos que ven la política como una oportunidad de incrementar sus cuentas bancarias y una izquierda vieja que se cae a pedazos o una nueva, utópica, que aún no convence.

¿Nos merecemos esto? ¿Nos merecemos alcaldes, presidentes, congresistas y ministros incompetentes y corruptos?

Tal vez creas que no, pero somos nosotros los que elegimos ese tipo de representantes; somos nosotros los que decimos “roba pero hace obra”, “si me regala cosas, voto por ti”. Nosotros somos los que elegimos al que baila mejor o al que más bailarinas muestra; al o la que regala más cosas y ofrece jugo de naranja en el ciclodía. Nosotros elegimos lo fácil, al que nos miente mejor aunque no nos ofrezca un buen plan de gobierno.

No somos víctimas. Somos prisioneros de nuestra propia ignorancia y egoísmo, y somos muy culpables de nuestro entorno político pasado, actual y futuro.

Ojalá que nuestro deseo de año nuevo sea tener un Perú sin barreras ni limitaciones, un Perú que no se deje engañar ni pisotear por nadie, un Perú con las mismas oportunidades para todos y todas, un Perú que no se desangre en cada conflicto, y un Perú que no se tiña de amarillo, naranja, ni demás colores corruptos. Pintemos este 2016 de nuestros colores indígenas y andinos, de colores en los que el amor no tenga etiquetas ni estigmas, de colores que devuelvan la inocencia y buena educación a nuestros niños y niñas; y que en este nuevo año una nueva esperanza nos una y guíe para luchar, crecer y construir.