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Una publicación de la asociación SER

El avance del coronavirus en Amazonas y las redes de información en el subregistro mundial de la pandemia

Foto: SoyChachapoyas.com

Luis Chávez Rodríguez

A dos meses de las medidas de emergencia en el Perú y a un mes de los primeros casos del coronavirus a la Región Amazonas, al igual que el resto del mundo, no tenemos ideas claras de muchos aspectos, especialmente en el número de casos positivos y de muertos que va dejando esta pandemia. A pesar de que las fuentes oficiales, como el Ministerio de Salud (Minsa) y las direcciones regionales de salud (Diresa), publican diariamente sus conteos, solo sirven como datos referenciales y al pasar los días van perdiendo credibilidad. Además hay conteos que viene haciendo la prensa local y el rumor popular hace lo propio, y ahí los casos positivos de Covid-19 son más numerosos.

El 7 de mayo se anunció oficialmente el primer caso de la Covid-19 en Luya, donde con cierto orgullo se preciaban de ser la única provincia en la región que había podido frenar la entrada del imperceptible enemigo.  Un día después, en las vísperas del día de la madre, este paciente murió y al siguiente día fue enterrado por sus familiares, antes de que el “Comando Covid” se lo llevara. El entierro se hizo sin observar las reglas de bioseguridad y ahora en Luya hay 4 casos y el virus avanza campante en las seis provincias de la Región. En Amazonas, a la fecha, según la DIRESA, se cuentan 269 casos y 11 fallecidos. Utcubamba que es nuestro epicentro regional contabiliza 102 casos, le sigue Bagua con 96 y Chachapoyas con 32, entre las provincias más afectadas. Bongará, donde se dio el caso cero, tiene hasta el momento 18, Condorcanqui 11, Luya 4 y Rodríguez de Mendoza 2 casos.

La situación de la provincia fronteriza de Condorcanqui es un caso paradigmático y es un buen ejemplo de lo que está ocurriendo en toda la región y en toda la Amazonía peruana. Su alcalde, Héctor Requejo, quien está trabajando al igual que los demás alcaldes provinciales de Amazonas con mucho esmero, ha manifestado en diferentes medios de prensa que, de los casos positivos, un 90%, son casos importados y que los, llamados, “oriundos” habrían sido contagiados por la primera oleada de “repatriados legales e ilegales” que vinieron de Lima. Migración de retorno a la tierra acelerada por el Decreto Ley 068 del Gobierno  que, como a estas alturas ya resulta obvio, fue bien intencionado pero improvisado, y actuó como un “decreto vector” del virus a nivel nacional. El alcalde Requejo, quien mantuvo a raya al coronavirus por más de un mes, guardando una estricta política de bioseguridad y “biocontrol” en las entradas de su provincia, es una de las autoridades más críticas del Decreto 068, por el nivel de apresuramiento del Gobierno Central, ya que no existían –ni existen- las condiciones para poner en práctica el “protocolo” del trágico retorno humanitario.

Del mismo modo, la llamada “ley de repatriación” ha generado dos variantes, que están siendo llamadas, la “legal” y la “ilegal.” La legal se realiza vía el Gobierno Regional, en coordinación con los alcaldes provinciales que a su vez, “coordinan” con los distritales. Para quienes retornan por este medio se les ha acondicionado, especialmente en los distritos, lugares que no reúnen ninguna condición básica, como camas adecuadas o servicios de agua y desagüe, para estos fines.  Esta situación convierte a las cuarentenas rurales en lugares de encierro que son en realidad improvisadas carceletas, donde los aterrorizados inquilinos tienen que convivir durante dos semanas con otros paisanos retornantes a la fuerza, supervisados por el Ejército o por la Policía. Este estricto “biocontrol” genera un contexto de violencia y hostilidad que están dando lugar a conflictos entre el personal militar y los “reclusos”, que al menor descuido se escapan hacia el bosque. La otra variante, la de los “repatriados ilegales”, quienes llegan por las carreteras, escondidos en camiones, tienen que emprender el último tramo a sus comunidades haciendo caminatas en la selva o por medio de los ríos, en balsas improvisadas y hasta en troncos que hallan en su periplo, según declara el alcalde de Condorcanqui.

Regresando al subregistro oficial generalizado que vive todo el planeta, en las áreas rurales del Perú las cifras se acercan más al “exagerado” conteo del rumor popular que al “moderado” conteo que vienen haciendo tanto la prensa local como las organizaciones indígenas. Esto se debe en primer lugar a la escasa cantidad de pruebas que se tiene, en relación a países del hemisferio norte, y al difícil acceso a comunidades rurales alejadas.

En la Región Amazonas, específicamente en la  provincia Rodríguez de Mendoza, donde se vive también el problema de los recién llegados de la capital, hasta hace dos semanas, solo se contaba con 5 pruebas rápidas que el Gobierno Regional había enviado, de las 1000 pruebas que tenía a disposición para sus  cerca de 380 mil habitantes, y donde no hay milagro de la multiplicación de las pruebas que valga. Una municipalidad provincial tiene que resignarse a esta realidad global que organiza la selección de los vivos y de los muertos. El resultado de esta situación es que, al no haber pruebas, no se pueden oficializar los datos, mucho menos detectar a los asintomáticos.

El subregistro de la contabilidad de casos del Covid-19 en el Perú tiene, además, otros aspectos derivados a tomar en cuenta. Este es el caso de la disposición gubernamental que penaliza, hasta con 6 años de prisión, a las personas que difundan noticias falsas, que para muchos “buenos” entendedores son noticias no oficiales.  La disposición tomada en este Estado de Excepción, el 8 de abril, por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos está dirigida a “quienes desinformen a la ciudadanía con noticias falsas para tomar ventaja o perturbar la tranquilidad pública”, según dice el Twitter por el que se anunció. Si bien es cierto que este tipo de situaciones, donde el temor y susceptibilidad de las personas exacerba la sensibilidad de la población y por lo tanto se debe tener mucho cuidado con la información que se pone a la luz pública, la disposición también limita, especialmente a la prensa, el manejo de datos comparativos de fuentes no oficiales por temor a caer en el marco de la disposición mencionada. Y es esa información la que podría ayudar a tener un panorama más claro que beneficiaría a las mismas estrategias para frenar la expansión del virus. En este sentido, en la Región Amazonas ya se ha dado la primera denuncia oficial a un ex presidente regional, que al parecer habría incurrido en esta falta.

Ciñéndonos, entonces, a los cuadros que presenta el Minsa, a la fecha, en la Región Amazonas tenemos un índice de letalidad del 4.07%, es decir, un ratio de mortalidad intermedio en el panorama nacional, como lo presentan también las regiones amazónicas de Loreto (6.26%) y de Ucayali (4.38%) a diferencia de las regiones del norte como Tumbes, Piura y Lambayeque que están arriba del 10% y de Lima que solo tiene un 1.49% (Bélgica el más elevado a nivel mundial en su pico anduvo en el orden de14 %, España estuvo por encima del 10% y Estados Unidos, el país que largamente tiene más contaminados, la tasa de letalidad es del 5.4%).

Es cosa sabida que las cifras oficiales en todo el mundo son apenas “la punta del  iceberg”, como lo ha llamado un reporte de la BBC y que los números que maneja el Centro de Recursos sobre el Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins en su mapa, a tiempo real, son apenas un referente, que para ser lanzados al mundo recorren una larga trayectoria. Estas cifras vienen desde una precaria posta médica del Cenepa, desde donde pasan al hospital de Condorcanqui, en Nieva, para ir luego a los registros de la Diresa en Chachapoyas y desde ahí a la base de datos del Minsa, en Lima, quienes emiten la cifra oficial para el Perú y el mundo. Por lo tanto, en el Perú tendremos que esperar a que el estado de excepción termine, si es que termina, y se libere la información contenida para acceder a la data de Radio Kampagkis en Condorcanqui y se sume al conteo que The Guardian viene haciendo en Londres, para ver los números que ahora no podemos contar en los registros oficiales.