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Una publicación de la asociación SER

El impacto del Covid-19 en Palestina

Foto: AFP (Una palestina toma la temperatura a un niño en una escuela de Gaza, el 18 de marzo de 2020)
Alfonso Bermejo

Al día de hoy, 4 de abril, de acuerdo al Coronavirus Research Center de la Johns Hopkins University and Medicine, el número de casos confirmados, a nivel mundial, es de 1.140.327, y 60.887 fallecidos, lo que representa el 5,34%. Por otro lado, la OMS señala que el 97% de los casos, los pacientes se curan sin mayores dificultades. En este sentido, se entiende que la gran preocupación de las autoridades no es el número de casos confirmados, si no la relación de este número y la capacidad de los servicios públicos para atender, adecuadamente, a los pacientes que requieren de cuidados. Es en esa lógica que el objetivo es controlar la propagación del virus para evitar el colapso de los servicios de salud.

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Los datos proporcionados nos dan una magnitud del problema que enfrentamos. Vemos que países con altos niveles de desarrollo, como Italia, España y Estados Unidos (miembros de la OECD), no están pudiendo controlar la pandemia, y, los efectos sobre la salud y el aparato productivo, serán importantes. Por su parte, América Latina, con los aprendizajes de Asia y Europa, está haciendo esfuerzos para reducir los impactos, aunque los pronósticos son reservados, dados los niveles de precariedad existentes. En Oriente Medio, la situación actual es un poco más compleja, con un número menor - a la fecha - de casos confirmados y fallecidos que en Latinoamérica, pero con sectores sociales débiles golpeados por las crisis económicas y los conflictos internos. La evidencia indica que, donde más precarias son las condiciones sociales, los riesgos son mayores. En este sentido, el presente artículo intenta brindar información sobre la situación actual, y las perspectivas de un posible brote, en uno de los territorios con mayores dificultades económicas y sociales: Palestina.

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En Cisjordania (West Bank), “gobernada” por la Autoridad Palestina (AP), se han confirmado, a la fecha, 194 casos y 1 persona fallecida, siendo el inicio - al parecer - en la ciudad de Belén, un importante centro turístico religioso. Como medidas para evitar la propagación del COVID-19, se ha extendido el estado de emergencia por 30 días más, lo que implica que escuelas, comercios y los pasos fronterizos permanecerán cerrados. También está prohibido el movimiento de personas entre provincias y comunidades. Las medidas no afectan los territorios ocupados - ilegalmente - por los colonos israelíes. En una medida coordinada por la AP e Israel, este último ha otorgado permisos especiales a los trabajadores palestinos con la condición que no se trasladen - entre uno y dos meses - a sus hogares, como forma de evitar la propagación del virus. En este sentido, muchos trabajadores han tenido que optar por alejarse de sus familias, arriesgarse al contagio, con el fin de mantener los ingresos de sus hogares. Sin embargo, hace poco más de una semana, por redes sociales, se ha hecho viral el caso de un trabajador palestino que, luego de reportarse con fiebre, fue expulsado por las fuerzas del ejército siendo abandonado a su suerte en el lado palestino del checkpoint de Beit Sira. Luego de hacerse el test para coronavirus, el resultado fue negativo. Los abusos por parte de Israel parecen ser constantes. Por su parte, los palestinos que trabajan en los territorios ocupados en Cisjordania pueden continuar yendo, siempre que tengan el permiso israelí. Pese al llamado de la AP para que permanezcan en aislamiento, la necesidad de generar ingresos hace imposible que  el jornalero palestino acate la medida. Por su parte, Israel aprovecha dicha mano de obra barata para seguir produciendo, mientras protege a sus ciudadanos. La mayoría de trabajadores palestinos están dedicados a la construcción y la agricultura. En este mismo sentido, el primer ministro, Mohammad Shtayyeh, ha manifestado que próximas dos semanas serán las más difíciles en materia de control de la epidemia, en la medida que se espera el retorno de, aproximadamente, 45.000 trabajadores desde Israel y los asentamientos de colonos, a Cisjordania.

En cuanto a la Franja de Gaza, el territorio de 365 kilómetros cuadrados, alberga un aproximado de 1,9 millones de personas, convirtiéndola en una de las ciudades con mayor densidad poblacional (5.205 personas/Km2.). Del total, 1,4 millones (74%) son refugiados. Desde 2007, luego que Hamas ganara las elecciones parlamentarias, Israel impuso un férreo bloqueo impidiendo la entrada de productos de primera necesidad, incluidos medicamentos y alimentos. Asimismo, los gazatíes tienen impedido de entrar y salir de su territorio. Un informe de Naciones Unidas, en 2012, señalaba que “Gaza no será un lugar habitable a partir de 2020, a no ser que se tomen medidas urgentes para mejorar la educación, la sanidad y el suministro de luz y agua de la Franja”. El 2020 llegó, las medidas no se tomaron, y el bloqueo continúa. Por si ello no fuese suficiente, la ofensiva israelí “Margen Protector” (2014), destruyó - o sufrieron serios daños - cerca de 18.500 viviendas, quedando las familias en las calles o en colegios acondicionados como refugios. Asimismo, fueron bombardeadas algunas unidades de salud, como el hospital de Al-Aqsa o el centro de rehabilitación de Wafa. Para tener una idea de la vulnerabilidad de la población, se estima que el 80% de los gazatíes dependen de la ayuda exterior, la cual se espera disminuya drásticamente, dado el gasto adicional de los países cooperantes para hacer frente a la pandemia dentro de sus fronteras.

Hasta ahora, en Gaza, se han identificado 12 casos, todos ellos retornados que entraron por el Paso de Rafha, frontera con Egipto. De acuerdo al reporte del Ministerio de Salud, al primero de abril, se habían atendido a 1.816 personas en 27 centros de cuarentena. Ninguno de ellos habría tenido contacto con la población de Gaza. 

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Para conocer, de primera mano, la situación que sufre el pueblo palestino, y las perspectivas sobre cómo afrontar la pandemia, realicé algunas consultas a Saad Ziada, dirigente de la Unión de Comités de Trabajo Agrícola (UAWC), en Gaza, miembro de La Vía Campesina.

La UNRWA informa que el bloqueo israelí, además de la ofensiva de 2014, ha causado que el sistema de salud esté en crisis: entonces ¿qué tan preparados están realmente para enfrentar un posible contagio de COVID-19? ¿Qué es lo que más se necesita: camas en cuidados intensivos, personal médico, respiradores? ¿Se ha hecho un cálculo de estas necesidades?

El sistema de salud es muy débil y no está en capacidad de manejar un mayor número de casos infectados, no solo por COVID-19, sino también de otros brotes. El Ministerio de Salud palestino, junto con ONG nacionales y algunas agencias de Naciones Unidas, como la OMS u OCHA, elaboraron un plan de respuesta con todas las necesidades. Las mismas fueron valoradas en USD 34 millones. En Gaza, de acuerdo al Ministerio de Salud, la situación es la siguiente: “La escasez de existencias alcanzó el 43% de los medicamentos, el 25% de los consumibles médicos, el 65% de los suministros de laboratorio y los bancos de sangre, además de una gran escasez de esterilizadores y equipos de protección personal (PPE). Instamos a los organismos locales, regionales e internacionales a tomar medidas inmediatas para proporcionarnos los suministros necesarios. El Ministerio necesita urgentemente ser provisto, por al menos, 100 ventiladores y 140 camas de UCI para lograr la primera respuesta para enfrentar el brote de coronavirus, ya que solo tenemos 63 ventiladores y 78 camas de UCI, que apenas satisface las necesidades diarias de los pacientes. La tasa de ocupación alcanza el 72% en los hospitales".

Una de las estrategias para luchar contra el coronavirus es el aislamiento, una medida que ya ha sido tomada por Hamas en Gaza. Otro, complementario, es realizar pruebas masivas ¿Son suficientes? ¿Quién provee los suministros?

Las pruebas realizadas en Gaza nunca fueron suficientes debido a la falta de los kits necesarios. Hasta el 1 de abril, solo se realizaron 830, mientras que había más de 3.000 personas en instalaciones de cuarentena y unas 3.000 casas en cuarentena, las que también deberían someterse a pruebas durante el mes de marzo. La OMS proporcionó los kits de prueba y llegan a Gaza a través del punto de control de Erez controlado por Israel.

¿Existen medidas conjuntas con Israel?

Hasta cierto punto, en el suministro o entrega de los resultados de las pruebas, y alguna coordinación de bajo nivel. Los israelíes niegan a los prisioneros palestinos que verifiquen o informen su estado. Además de permitir que los presuntos trabajadores palestinos regresen a las áreas controladas por los palestinos sin verificarlos contra COVID-19, esto a pesar de que la autoridades, israelí y palestina, acordaron hacer tales pruebas durante dos meses, antes de regresar. Se estima que 55.000 trabajadores palestinos que regresan a oPt [territorios ocupados], desde Israel, representan un riesgo para sus familias y comunidades si se infectan mientras están en Israel.

Una de las principales preocupaciones es el impacto económico en la población. Se estima que el 80% de la población en Gaza depende de la ayuda internacional, que seguramente disminuirá. ¿Es esto una preocupación para la población? ¿Cómo se maneja el aislamiento con la necesidad de trabajar para vivir? ¿Se han tomado algunas medidas al respecto?

La UNRWA continúa entregando ayuda alimentaria a las familias registradas con un mecanismo especial para garantizar la seguridad. Sin embargo, debido a las restricciones impuestas a la educación, el comercio y las industrias, incluida la construcción, una gran porción de los jornaleros ha perdido totalmente sus ingresos. Existe un mecanismo del Ministerio de Desarrollo Social para apoyar a 100.000 familias con un pago de USD 100 provenientes de Qatar. Debería haber más atención ya que esto no puede cubrir a muchas personas que dependen del día a día. En caso de bloqueo total, la situación será inmanejable por la autoridad local en la Franja de Gaza, y en Cisjordania, también debido a la falta de presupuesto. El Gobierno palestino está ahora, por segundo año, utilizando un presupuesto de emergencia debido a muchos factores, pero principalmente a la incautación de los ingresos fiscales por parte de las autoridades israelíes.

¿Cómo crees que será el efecto del COVID-19 en Gaza?

Similar a todas las demás áreas del mundo, Gaza se verá afectada pero con un mayor impacto debido a las razones anteriores. Las consecuencias, y la tasa de infección, serán más altas que en cualquier parte del mundo debido a la alta densidad y la falta de vivienda adecuada y separación en los campamentos / refugiados debido a las hostilidades israelíes y la degradación de servicios como el agua y el saneamiento. Si Gaza viviera sin bloqueo, podría producir alimentos, PPEs y dispositivos de respiración para todo el mundo.

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El hecho que Gaza sea “una cárcel”, ha permitido - por ahora - el control del virus; sin embargo, un posible avance podría tener graves consecuencias. Por su parte, Cisjordania tiene una mayor vulnerabilidad por su proximidad y relación con Israel (7.589 casos confirmados y 42 decesos) lo que aumenta los riesgos de contagio. 

Debemos estar atentos a la evolución de la pandemia y realizar un llamado a la comunidad internacional para que - aún en tiempos difíciles - se pueda continuar siendo solidarios, pero - sobre todo - exigir el cese del criminal bloqueo al que está sometido el pueblo palestino. Se debe aumentar, además, la presión hacia el gobierno israelí para que - como potencia ocupante - de acuerdo al Art. 56 del IV Convenio de Ginebra (1949), asegure y mantenga la sanidad y la higiene del territorio ocupado. 


Finalmente, hay serias denuncias del aprovechamiento de la pandemia, por parte de las autoridades israelíes, aprovechando la dependencia Palestina de la potencia dominante, para avanzar con la ocupación a través de la construcción de nuevas viviendas, como las de Ma'ale Adumim, Jerusalén Este, en Cisjordania, siguiendo la línea trazada en el “Plan de Paz” presentado por el presidente de EEUU, Donald Trump.