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Una publicación de la asociación SER

El nuevo orden global al que nos lleva el Covid-19

Alfonso Bermejo

Aunque aún es muy temprano para sacar conclusiones sobre los efectos globales de la pandemia, podemos inferir que el mundo, tal como lo conocíamos, no existe más. Los análisis próximos, de las relaciones internacionales, la economía y las ciencias políticas, se centrarán – principalmente – en cuatro aspectos: i) la gobernanza global; ii) el nuevo tablero de ajedrez geopolítico; iii) el modelo económico (neo)liberal; y, iv) el liberalismo político.

Gobernanza global/regional

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido blanco de fuertes críticas en el manejo de la pandemia. El presidente Trump, quien ha sido su mayor crítico, ha llegado incluso a retirar el financiamiento de EEUU al organismo, acusándolo de “ocultar y manejar inadecuadamente la importancia de la expansión del coronavirus”. Esta crítica tiene su fundamento en dos momentos; por un lado, la acusación hecha por Taiwán, que hiciera público un correo electrónico en el que advertía a la OMS sobre algunos casos de “neumonía atípica” en Wuhan. Por otro lado, Trump ha cuestionado la decisión de sugerir mantener – al inicio del brote – las fronteras abiertas con China. Esto ha sevido para que EEUU acuse a la OMS de ser “chinocéntrica” y a su director general, Tedros Adhanom, de tener vínculos con el Partido Comunista Chino (PCC). En todo caso, aunque la OMS no ha podido liderar una respuesta global consensuada (no puede obligar a los países a seguir sus recomendaciones), ha sido de suma importancia en la facilitación científica en el estudio del virus, posibles tratamientos y en la búsqueda de una vacuna que nos vuelva inmunes.

Por su parte, la Unión Europea ha quedado en entredicho por la falta de una respuesta conjunta. Sin embargo, aun cuando la curva parece ceder, las dificultades para ponerse de acuerdo en cómo hacer frente a la crisis económica post-pandemia siguen acaparando el foco de atención. En este sentido, luego de algunos inconvenientes, se aprobó la creación de un fondo de 540 mil millones de euros luego que los Países Bajos desbloquearan el acuerdo. El factor de discrepancia estaba en el condicionamiento de la parte correspondiente al MEDE (240 mil millones de euros) al cumplimiento de ciertas metas macroeconómicos (déficit público menor al 3% y ratio Deuda/PBI menor al 60%). Portugal, por su parte, había calificado de RE-PUG-NAN-TE la declaración del ministro de finanzas neerlandés, Wopke Hoekstra, al sugerir investigar por qué algunos países no podían hacer frente a la pandemia después de 7 años de crecimiento económico (en clara referencia a Italia y España). Finalmente, se acordó que no exista ningún tipo de condicionalidad mientras dure la crisis. Pese a esto, los inconvenientes y desacuerdos continúan: Francia, Italia y España han sugerido la emisión de deuda conjunta (“coronabonos”), hasta por 3% del PBI de la UE, con lo que se obtendrían mejores condiciones dado que la garantía sería conjunta. Esta idea, que sería una clara muestra de solidaridad europea, está siendo bloqueada por Alemania (que ya se negó en la crisis financiera del 2008), Países Bajos, Austria y Finlandia.

En América Latina, en los últimos años, el desmantelamiento de la UNASUR y la paralización de la CELAC (de la cual Brasil se retiró) hace imposible una estrategia regional o subregional. PROSUR (iniciativa impulsada por Chile) tampoco ha dado respuesta. La OEA, por su parte, hace tiempo es un instrumento regional sin utilidad práctica. El Mercosur ha sido el único bloque que ha tenido alguna iniciativa conjunta, por ejemplo, la aprobación de USD 16 millones para el proyecto plurinacional “Investigación, Educación y Biotecnologías aplicadas a la salud”, con el objetivo de comprar equipos, insumos y materiales de protección, kits de detección rápida y el desarrollo de técnicas de serodiagnóstico para detectar anticuerpos, con el objetivo de no depender de la importación de equipos médicos. En relación también al Mercosur, ha sido noticia el retiro de Argentina en las negociaciones de los acuerdos comerciales que se venían preparando; esto indica que la estrategia post-crisis en ese país estará centrada en el fortalecimiento de la industria nacional.

México, por su parte, y confirmando su posición como actor global relevante, presentó y fue aprobada, mediante Resolución 74/274 de la Asamblea General, la propuesta para “promover y garantizar el acceso mundial a los medicamentos, las vacunas y el equipo médico necesarios para hacer frente a la Covid-19”.

Geopolítica mundial

Apurado por las próximas elecciones y el creciente cuestionamiento a la economía liberal, el presidente Trump decidió buscar un culpable, denominó al Covid-19, haciendo gala de su “fina” diplomacia, el “virus chino”. Por su parte, el portavoz de exteriores de China, como respuesta, recordó que en la pandemia del N1H1, de 2009, que causó más de 200.000 muertes, y tuvo origen en California, nadie buscó culpables, sosteniendo que lo mejor en estos momentos es la unión de la comunidad internacional y el trabajo conjunto. China, como era de esperarse, se ha convertido en un tema central de la campaña presidencial norteamericana, tanto Joe Biden, del Partido Demócrata, como Trump, vinculan a sus oponentes con el gobierno chino, dejando notar un componente “antichino” que ha tenido repercusiones sobre la diáspora china.

Por ahora, parece existir consenso en el hecho que el gobierno chino ocultó la gravedad del Covid-19 durante unas tres semanas. A finales de diciembre, el médico Li Wenliang, a través de la plataforma WeChat, empezó a alertar a sus contactos de un virus, parecido al SARS, altamente contagioso, que se transmitía persona a persona. La policía de Wuhan lo acusó, entonces, de infundir rumores y lo obligó a “reconocer su error”. El médico murió, en febrero, contagiado por el virus con el que luchaba. Hoy sabemos que una pronta acción podría haber cambiado el curso de la pandemia. Sin embargo, este argumento, utilizado por algunos para culpar a China de las muertes generadas por el virus, no tiene sustento si tomamos en cuenta la actuación de Occidente luego de ver cómo los países asiáticos luchaban para contener la crisis. Intentemos pensar en algunos posibles contrafactuales partiendo de las actuaciones suscitadas en 3 países de occidente: El primer caso por Covid-19 en EEUU se anunció el 21 de enero, sin embargo, el 18 de abril (3 meses después, y con más de 31 mil muertos), el presidente Trump llamaba a los estados de Minnesota, Michigan y Virginia a liberarse del confinamiento luego que algunos manifestantes desafiaran la medida. En Reino Unido, la demora fue de aproximadamente 8 semanas; al inicio, la estrategia fue la de permitir un contagio controlado que genere “inmunidad colectiva”. Recién el 16 de marzo deciden cambiar su estrategia argumentando que nuevos modelos del Imperial College of London los habían hecho cambiar de opinión. En Italia, el 27 de febrero (con 17 muertos y 650 contagiados), Nicola Zingaretti, líder del partido demócrata y parte de la coalición gobernante, escribe un tuit alentando a los italianos “a no cambiar nuestros hábitos. Al momento de escribir el presente artículo, Italia registra más de 28.700 fallecidos por el Covid-19. El agravante en estas actuaciones es que para entonces se tenían más certezas que dudas sobre el comportamiento del virus.

Aunque China tendrá que asumir el grave error cometido, suponer que las consecuencias son atribuibles al mismo sólo puede servir de argumento si se quiere justificar las terribles actuaciones de algunos de nuestros gobernantes.

Por otro lado, China ha emprendido una “diplomacia de mascarilla” en la medida en que – segura de haber controlado la epidemia dentro de sus fronteras y de poder apoyar/asesorar a otros gobiernos – ha enviado ayuda médica (equipos y personal) a diferentes partes del mundo. En la historia reciente, sólo EEUU había desempeñado el rol protagónico ante crisis de índole global, sin importar el espacio geográfico en las que se desarrollaran. Ante la decisión del presidente Trump de replegarse dentro de sus fronteras, China ocupó ese lugar, haciendo que las miradas se vuelquen a Asia.

No hay que olvidar que China, en los últimos años, se ha convertido en uno de los principales actores económicos del mundo, no sólo en el continente asiático, su territorio de influencia natural, sino también en África, donde se estima que, durante la última década, “China financió proyectos de infraestructura por valor de unos 150 mil millones de dólares en la última década” En América Latina, China se ha convertido en el principal inversor en América Latina, por ejemplo, en Perú, se ha anunciado – pese a la crisis – la compra de Luz del Sur por parte de China Three Gorges (CTG) y la autorización para que inicie operaciones el Bank of China (Perú) S.A.

Sin embargo, este apoyo también tiene su lado B, marcado por las acusaciones a las empresas de origen chino de comercializar productos médicos que no cumplen los estándares mínimos necesarios. Estos casos, al parecer, no han sido aislados: i) España detectó que 58 mil kits de diagnóstico rápido sólo tenían un 30% de sensibilidad (cuando lo recomendado por la OMS es de 80%); ii) Ankara también rechazó un lote de 350 mil kits rápidos a la misma compañía (Shenzhen Bioeasy Biotechnology); iii) los Países Bajos, por su parte, rechazaron un lote de 600 mil mascarillas. No trascendió de qué compañía se trataba. Asimismo, se han conocido otros casos en Reino Unido, Ucrania y Canadá. En Perú, el portal ojo-público denunció la adquisición de 700 mil kits de pruebas rápidas a la empresa Orient Gene Biotech, sin que esta tuviese el certificado otorgado por el gobierno chino. El gobierno de Xi Jinping ha anunciado investigaciones en todos los casos.

Por su parte, EEUU ha asumido la posición contraria, siendo irrelevante en la lucha contra el Covid-19 fuera de sus fronteras, e incluso convirtiéndose en un factor disruptivo, en la medida en que, lejos de alentar la cooperación entre naciones, sus actos de piratería de insumos médicos se hacían públicos (p.e. la acusación del gobierno alemán que funcionarios estadounidenses habían pagado, en cash, para que un cargamento de barbijos se desviara a EEUU). Es también relevante la decisión del presidente Trump de invocar a la Ley de Producción de Defensa para "prevenir la exportación de respiradores N95, mascarillas quirúrgicas, guantes y otros equipamientos de protección". Una decisión similar fue tomada por Alemania a principios del mes de marzo. Para ser más precisos, aunque Trump ha impedido la exportación de productos médicos, no ha invocado las facultades que le otorga esa misma ley para dirigir la producción —control estatal/público— a pesar de la escasez de productos e insumos.

Como señaló Josep Borrel, jefe de la diplomacia europea: "China está presionando agresivamente con el mensaje de que, a diferencia de Estados Unidos, es un socio responsable y confiable".

Modelo económico (neo) liberal

El Covid-19, no hay dudas al respecto, es un virus de transmisión zoonótica, es decir que se transfiere de un animal a una persona. Que la pandemia se haya iniciado en un mercado local de Wuhan, donde el consumo de animales silvestres como el murciélago o el pangolín, es anecdótico. Como señala Andrew Liu, si bien el consumo de estos animales se anuncia como “medicina tradicional”, lo cierto es que – y aquí lo relevante – la apertura comercial y liberalización económica de China ha hecho que – por ejemplo – el kilo de pangolín tuviese un aumento del precio de casi 4.300% en poco más de 25 años. El consumo de animales exóticos ha pasado a ser prohibitivo y exclusivo de una clase económicamente pudiente. Es importante, entonces, que revisemos el modelo de producción (depredación) actual, el que ha ido estrechando el cerco a los animales silvestres acercándolos a los entornos urbanos. Todos hemos visto imágenes de animales transitando libremente por territorios donde antes les era prohibido por la presencia humana.

Otro factor que debe observarse, son los procesos de deslocalización o terciarización de la producción lo que se ha observado como un factor de propagación del virus. Buscando la ruta del Covid-19 descubrimos los vínculos comerciales de Wuhan con Irán (Qom), y de las fábricas de suministros de autopartes con Serbia, Corea del Sur y Alemania. En un mundo globalizado, donde la reducción de costos ha implicado que la cadena de suministros pueda estar localizada en distintos lugares del mundo hace que – en general - una crisis como la actual ponga en suspenso todas las fábricas que no tengan el suficiente stock para aguantar el frenazo de la producción china, en particular, y asiática, en general. Asimismo, tomando en cuenta que los ciudadanos chinos son los principales consumidores del sector lujo, con aproximadamente el 35% de las ventas globales, no sólo el sector de viajes y turismo se ha visto fuertemente afectado, sino también la industria de bienes y servicios de consumo suntuario.

Relacionado con la venta de equipo médico chino al resto del mundo, además de la crítica planteada a sus empresas que se estarían aprovechando de la crisis, habría que cuestionarse el por qué países desarrollados (y en desarrollo) han necesitado de la producción asiática para hacer frente a la crisis, aun cuando los niveles de crecimiento económico han sido constantes. La crisis financiera del 2008 (y 2009) son un reflejo de la importancia que el liberalismo da a la “eficiencia” económica (entendida únicamente como la maximización de utilidades de capital privado) sobre el bien común. En esta lógica, Europa decidió “salvar” el sistema financiero con enormes cantidades de recursos económicos mientras condicionaba la ayuda a sus países miembros a la implementación de políticas de austeridad, afectando los niveles de inversión social, incluida la salud, lo que finalmente afectó, como podemos corroborarlo ahora, la lucha contra la pandemia. Como hemos visto párrafos arriba, este error no se volverá a cometer y los fondos aprobados por la Unión Europea no serán condicionados. En América Latina la situación ha sido similar, luego de un periodo progresista con altos niveles de inversión en los sectores sociales (lo que les valió ser llamados “populistas”), los gobiernos liberales/conservadores, que siguieron, adoptaron la política de austeridad y desinversión teniendo como el peor ejemplo del error que ello significó, la catástrofe humanitaria en Ecuador, donde – de acuerdo con el New York Times – los muertos por Covid-19 serían, al menos, 7.600.

Finalmente, la pandemia ha revalorizado el rol del sector público. La necesidad de un nuevo contrato social que vuelva a poner la economía al servicio de la ciudadanía es necesario e imperativo. La ortodoxia liberal ha dado algunas señales de cambio, en esa línea encontramos el famoso editorial del Financial Times argumentando la necesidad de modificar la dirección política predominante de las últimas cuatro décadas, al FMI avalando la reestructuración de la deuda argentina con acreedores privados, la propuesta de incluir un impuesto a la riqueza como medida redistributiva para luchar contra la desigualdad y las políticas de transferencias directas y subvenciones al empleo.

Liberalismo político

El modelo de democracia liberal, que comúnmente es asociada al modelo de democracia que adoptamos, podría verse cuestionado en la medida en que – en términos generales – la gente ha aceptado que se restrinjan ciertas libertades individuales, como la de circulación, por un bien común, por el bienestar general. En este sentido, aunque podríamos considerar la democracia a salvo, dado que el poder político, delegado en los representantes para preservar los valores republicanos, continúa residiendo en el pueblo, los valores liberales han perdido ese aire que los hacía intocables.

En la práctica, el liberalismo político, fue absorbido por el liberalismo económico, el cual ha sido, como ya hemos visto, golpeado en su esencia. Difícilmente olvidaremos las restricciones a las exportaciones, el control de precios a productos esenciales, la limitación de la cantidad de productos a consumir, las restricciones a la producción, entre otros.

Debería ser posible que la sociedad que tengamos que construir, con posterioridad a la crisis, esté asociada a conceptos como la sostenibilidad, solidaridad y bien común, y no a los de individualismo y competencia, como ha sido hasta ahora. Que esta crisis se convierta en oportunidad.

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* Agradezco los aportes de Elvis Mori y Jorge Frisancho.

@AlfonsoBermejoV