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Una publicación de la asociación SER

La urgencia de aprobar la reforma de la Ley PIACI 28736

Foto: Ministerio de Cultura

Luis Chávez Rodríguez.

A los “Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario” también se les conoce como PIACI. Hace unos pocos años se creía que eran una conjetura romántica y se decía que eran “los misteriosos no contactados”, hasta que en un lugar ubicado en el Estado de Acre de Brasil, cercano a la frontera con Perú y Bolivia, desde un helicóptero, el fotógrafo Ricardo Stukcher, captó las imágenes que impactaron al mundo occidental. Fueron fotografías de un grupo de personas que, al avistar un enorme objeto no identificado que sobrevolaba, ruidosamente, muy cerca de las copas de los gigantescos higuerones y shihuahuacos, se pusieron a la defensiva frente a un agresor que su memoria comunitaria no olvida. Por ello, los “recién descubiertos” varones, se dispusieron a defenderse con sus flechas, mientras las mujeres protegían a sus niños.

Desde ese primer avistamiento se han producido muchos otros registros, incluso en documentales audiovisuales, realizados por el Ministerio de Cultura del Perú y organizaciones indígenas como la FENAMAD, que han asumido de modo más activo su protección. Ahora es fácil ver, en videos que circulan en Youtube sus altos y atléticos  cuerpos caminado -a veces alegres y curiosos, a veces asustados- en las playas de arena blanca de los ríos de la cuenca del Purús, en Madre de Dios, donde también merodean pastores evangélicos, desde la otra orilla, pugnando por incorporarlos a la pobreza occidental, como en los tiempos de los conquistadores.  

Ellos son los PIACI que se aislaron, o permanecieron alejados del envolvente mundo occidental y mestizo para salvar sus vidas. Este trágico proceso se inició en el siglo pasado, en el que el acoso se dio a través de las campañas de los caucheros que reclutaban esclavos indígenas y de los colonos que los expulsaban de sus territorios. Ahora, en el siglo XXI, continúa la misma dinámica, por la acción de los madereros, narcotraficantes, mineros, petroleros e ingenieros que construyen carreteras, sin consulta previa. Estos agentes dañinos y devastadores para los PIACI y sus demás hermanos indígenas, están impactando mortalmente incluso en plena emergencia en el que el coronavirus ataca, lo que los obliga a refugiarse monte adentro, en sus bosques, en donde acaban acorralados desde el Perú, Brasil, y Bolivia.

La situación de aislamiento social y cultural en el que viven los PIACI no es temporal como la que estamos viviendo nosotros, y quisiera pensar que su alta vulnerabilidad sanitaria, territorial y cultural no se debe a la presión intencional y malévola de Estado, personificada en sus funcionarios, especialmente en los del Ministerio de Energía y Minas. Quisiera pensar que no hay un plan siniestro que busca su exterminio para dejar entrar a las compañías extractivas, pero el conocimiento de esa realidad siembra dudas, hace trizas la inocencia, porque ahora mismo, si se profundiza en el tema, nos podemos enterar que ahora mismo está dándose ese proceso de exterminio, que no para desde la “conquista”. Y siendo el Estado, al cual todos los peruanos estamos adscritos, por el solo hecho de cargar un DNI y de haber sido, de una u otra manera, beneficiario y favorecido por su potestad, aunque sea mínimamente con un bono, que para los PIACI nunca llegará, cabe preguntarse ¿cuál es la delgada línea roja entre un peruano con DNI y los PIACI? Cabe pensar si, aun en esta pandemia, asunto muy delicado, hay una invisible conexión, entre nuestro confort y la muerte de cada uno de los y las indígenas que en este momento está muriendo de inanición, enfermedad, acoso, abandono y del indudable abuso del Estado, que tiene responsabilidad indirecta por su inacción que se deriva de su ignorancia y despreocupación por los indígenas, mientras las empresas extractivas –siempre al acecho- capitalizan con ganancias que ni los PIACI, ni la mayoría de los peruanos perciben.

La vida y la historia, en este caso, nos da la oportunidad de pensar en lo que podemos hacer, una vez enterados de esta invisibilizada situación. Mi respuesta personal, entonces, es que podemos echar a mano nuestros principios humanitarios, reserva valiosa que en momentos de emergencia sale a flote. Podemos activar, sin pasar por la indignación radicalizada, a tomar acciones como las que la juventud ha hecho en estos últimos años, saliendo a las calles a decir, ¡Basta ya!, cuando la corrupción no nos dejaba respirar. Esa oportunidad se nos está presentado en estos días. Este es el momento de enterarse y actuar solidariamente con los pueblos indígenas y los PIACI.

Los PIACI son aproximadamente 200 pueblos en toda la Amazonía y el Gran Chaco, que se movilizan trasfronterizamente, buscándose la vida entre la selva de los países  sudamericanos. En el Perú, el Ministerio de Cultura, ha identificado oficialmente un promedio de 500 personas en esta condición y la FENAMD registra 20 pueblos en territorio peruano. En este contexto, el Estado peruano, que está buscando actualizar su normativa para estos peruanos en condición de alta vulnerabilidad, tiene la Ley 28736, encaminada, en el papel, a la protección de nuestros compatriotas en aislamiento voluntario o no, aunque hay que reconocer que lo que los ha protegido es la vida cotidiana es el bosque y este territorio tiene que ser respetado.

Esta Ley, de acuerdo a las organizaciones indígenas como la AIDESEP, que reúne numerosas organizaciones regionales como ORPIO; ORAU; CORPIAA; FENAMAD, COMARU y a organizaciones civiles nacionales e internacionales, necesita urgentemente una modificación que permita sincerar la posición de defensa y protección de estas comunidades. Tal como está, la Ley 28736, permite una serie de ambigüedades y trampas que, en la práctica convierten al Estado peruano en un país que no está cumpliendo con sus propios habitantes ni con el Convenio 169 de la OIT.

Al incumplimiento estatal se suma una situación que compromete a todo el pueblo peruano, al hacernos cómplices pasivos del etnocidio que se está perpetrando a estas alturas de la historia ad portas del Bicentenario de la Independencia. ¿Cómo hablar de Independencia? ¿Con qué autoridad podemos decir que pertenecemos a una nación y a una cultura civilizada si permitimos tanto atropello que antepone la cuestionada bonanza extractiva a la vida de estos seres humanos?

La petición de modificación de la Ley28736 debatida el 25 de mayo del 2020 en la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos, Afroperuanos, Ambiente y Ecología del Congreso ya fue aprobada, según informa Lennin Bazán, presidente de dicha comisión. Ahora la siguiente instancia es un nuevo debate que se sostendrá en los próximos días en un próximo pleno.  Estas modificaciones están encaminadas, como ha resumido el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP) a: “garantizar la vida e integridad de los pueblos en aislamiento y contacto inicial, respetando los principios de intangibilidad y no contacto. Estos principios son clave para proteger a estos pueblos, porque, a diferencia del resto de comunidades nativas que están en contacto con la sociedad mayoritaria, los PIACI son extremadamente vulnerables a cualquier contacto, sobre todo en un contexto en el que cualquier tercero puede transmitirles el virus del Covid-19 u otros igual de dañino para ellos. Cualquier contacto podría extinguirlos, tanto física como culturalmente. Por ello, el derecho internacional obliga a los Estados a establecer áreas de carácter intangible, que son las llamadas Reservas Indígenas. El problema es que la actual norma no lo hace, porque prevé excepciones para el aprovechamiento de recursos naturales. Eso es lo que se ha aprobado modificar.”, así como a “otorgar un plazo de 30 días calendario al Ejecutivo para que termine de adecuar a Reservas Indígenas la Reserva Territorial Kugapakori, Nahua, Nanti y otros, y la Reserva Territorial Madre de Dios. La Ley PIACI de 2006, establecía que el Ejecutivo debía realizar esta adecuación en un plazo de 60 días calendarios. Han pasado 14 años, y hasta ahora esto sigue pendiente, al igual que la Política Nacional sobre PIACI, que no existe.”

Esta semana se ha entregado a los jefes de bancada del Congreso el expediente del dictamen de la Comisión y en los próximos días pasará al Pleno para su debate y de ser aprobado, quedará en manos del Poder Ejecutivo para su promulgación. De hacerlo el Estado afirmará un real compromiso para atender la delicada situación de nuestros hermanos PIACI, y los ciudadanos podremos exigirle de modo mucho más contundente, que cumpla con su obligación.

Concluyo esta alerta, con un llamado a la ciudadanía para que respalden activamente la iniciativa que múltiples organizaciones nacionales e internacionales han lanzado en las redes sociales, que consiste en un petitorio a los congresistas que los ciudadanos peruanos podamos suscribirlo, durante los días previos al debate en el Congreso de la Republica. El enlace para conocerlo y firmarlo es  https://bit.ly/3cCG5QQ . ¡No dejen de hacerlo!