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Una publicación de la asociación SER

Las vidas indígenas importan: la urgencia de una respuesta conjunta al Covid-19 en la Amazonía

Foto: Carolina Diniz

Luis Chávez Rodríguez. Fundador de La Casa del Colibrí de Chirimoto, Amazonas, Perú.

¿Es tiempo de que el gobierno peruano se ponga a trabajar seriamente para frenar el contagio del coronavirus entre los pueblos indígenas de la Amazonía o es tiempo que reconozca su inoperancia y pida ayuda internacional para afrontar el avance del coronavirus? Es tiempo, en realidad, de que todos los países amazónicos declaren una emergencia por la vulnerabilidad en América del Sur y busquen, conjuntamente, evitar el inminente etnocidio que amenaza a los pueblos indígenas.         

Con la esperada presentación del “Plan Estratégico del Gobierno” para tratar la pandemia en los pueblos indígenas, a través de la exposición que hizo la Ministra de Cultura del Perú, el día 4 de mayo, frente a la Comisión de Pueblos Indígenas del Congreso de la República, se puso en evidencia el riesgo mortal en el que se encuentran los pueblos indígenas amazónicos del Perú.

La situación nos muestra dos sectores que no llegan a comunicarse para trabajar juntos. Por una parte desde hace dos meses las organizaciones indígenas, las Comunidades Nativas, los líderes comunales, los artistas nativos amazónicos, las organizaciones no gubernamentales y los profesionales especialistas en el tema han estado mostrando la situación de alto riesgo y pidiendo ayuda, tanto en las redes como en los medios de comunicación nacionales e internacionales para trabajar eficazmente en la Amazonía. Por otra parte, el mismo Presidente de la República, Martín Vizcarra, en una de sus pocas menciones a este sector, que hizo hace ya un mes, delegó la responsabilidad y el liderazgo del trabajo para enfrentar la pandemia en los pueblos indígenas tanto al Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, como al Ministerio de Cultura, que tendrían que haber hecho las coordinaciones pertinentes con las demás entidades del Gobierno, especialmente con el Ministerio de Salud, para contener la expansión del virus. Vizcarra, posteriormente, en sus casi diarios informes públicos no se ha vuelto a referir específicamente sobre la problemática de los pueblos indígenas del país, dando la impresión que la ignora de modo temerario y sistemático, como si los pueblos indígenas, habitantes milenarios del territorio, no fueran peruanos.

La pobre respuesta del ministerio de Cultura  

Al parecer, instados por la presión que se viene sosteniendo en las redes por las organizaciones indígenas y la prensa internacional, por fin ahora, tenemos la respuesta concreta del Estado, que se dio con la presentación de la Ministra de Cultura, Sonia Guillen, encargada de la atención de este sector de la población. Con esta exposición se ha podido ver en acción a los dos poderes más importantes del Estado peruano: el Ejecutivo y el Legislativo manejando este tema tan delicado.

En lo que respecta al Poder Ejecutivo, la Ministra de Cultura, en su presentación, leyó entrecortadamente un texto en donde dio a conocer, de modo esquemático, “cinco ejes” en la estrategia que, según dijo, se viene aplicando. Estos ejes son: 1) La respuesta sanitaria, que se trataría de un diseño estratégico de un programa de acciones que incluiría: Diagnóstico, Vigilancia, Aislamiento, Tratamiento y Manejo de defunciones. 2) Medidas de control y vigilancia. 3) Abastecimiento de bienes de primera necesidad a llevarse a cabo después de la localización de las comunidades más necesitadas. 4) Información y alerta temprana, con un enfoque cultural adecuado, realizado a partir de “Decretos y disposiciones gubernamentales para evitar la propagación”. Y, 5) Protección de Poblaciones Indígenas Amazónicas en Contacto Inicial (PIACI), que consistiría en “la salvaguarda de las PIACI.”  

Después de la presentación de la Ministra intervinieron los congresistas Daniel Olivares del Parido Morado y Rolando Ruiz de Acción Popular. El primero hizo preguntas claramente improvisadas y mencionó que la Defensoría del Pueblo habría dicho que, “los indígenas estaban fastidiados” por la falta de cumplimiento de los protocolos establecidos que podrían empeorar la situación produciendo la expansión del virus. La Ministra Guillén contestó restando importancia a los protocolos. “Los protocolos son solamente formalizaciones”, dijo sin ningún reparo, intentando dejar en claro que eran las acciones las que se deberían de tomar en cuenta. El segundo congresista en intervenir, mucho más despistado, luego de elogiar a la exposición de la Ministra, derivó el tema hacia la importancia del trabajo de alfarería de las indígenas de Chasuta, que si bien son importantes no venía ni por asomo al tema de la pandemia. La ministra, motivada por la intervención del congresista de Acción Popular, perdiéndose entre las ramas, desarrolló ampliamente los aspectos relacionados al la riqueza cultural de los pueblos amazónicos, usando una manida retórica de lugares comunes.

Cuando ya la presentación devenía en un paródico tratamiento del tema, desde una posición completamente diferente y focalizada en la problemática, la congresista de FREPAP, Luz Cayguaray Ganvini, aclaró la realidad de cada uno a uno los llamados, “Cinco Ejes Estratégicos” escritos en el papel, que la Ministra había expuesto. Afirmó sostenidamente que ninguno de ellos se había cumplido y que en el colmo de la negligencia, en algunos casos servían como agentes de contaminación y empeorando la situación. En su argumentación citó ejemplos como el caso de cuatro empleados de la municipalidad de Trompeteros, en Loreto, que dieron positivo en las pruebas del coronavirus, hechas después de la visita a 20 Comunidades Nativas en las que entregaron alimentos. Del mismo modo, ante la insistente afirmación de la Ministra  de que el Gobierno estaría trabajando en coordinación con las organizaciones indígenas, la congresista le recordó que la AIDESEP, una de las organizaciones más representativas del Perú, ha denunciado al Gobierno peruano frente a la ONU por negligencia frente al riesgo de etnocidio que se estaría dando a vista y paciencia de las autoridades. En suma, la presentación y las respuestas de la ministra, quien se apoyaba básicamente en la enumeración de decretos formulados por el Ejecutivo, como si estos por sí solos pudieran contener la pandemia, no respondió con satisfacción a los serios cuestionamientos de la congresista Cayguaray.

A manera de conclusión la Ministra aseguró que una serie de protocolos y medidas estaban en “planificación y evaluación”. Dentro de ellos mencionó los de, “Tratamiento de medidas de prevención para evitar el contagio”, “Tratamiento epidemiológico” y  “Tratamiento de defunciones”. Todos ellos proyectos de protocolos en fase de propuesta a dos meses de iniciada la pandemia en el Perú y con un avance acelerado de contaminación en las regiones de Loreto y Ucayali. En la Amazonia, donde los hospitales están colapsados, ya se cuenta con 3,104 casos “confirmados” y 201 muertes, entre ellos 5 trabajadores de del sector Salud, entre médicos y enfermeras, de los hospitales de la región. Extraoficialmente se están reportando cadáveres no contabilizados oficialmente que el “Comando Covid-19 de Ucayali” está recogiendo directamente de las casas, desde hace varios días, los cuales, como ocurrió con el indígena Huni-kuin, Tufí Torres Silva en Pucallpa, quien murió en un hospedaje en Pucallpa. A esta muerte se van sumando las tres muertes de los hermanos y hermanas indígenas Ticuna quienes fallecieron en su propia comunidad. En este poblado amazónico, Comunidad Nativa Bellavista Callalú-Caballococha-Loreto, según informa la Organización Regional de Pueblos Indígenas (ORPIO), ya son cinco los muertos y muertas en esta última semana y al parecer la sintomatología de la Covid-19 ya está propagada en gran parte de la comunidad. Todo este terrible panorama muestra que el virus ha entrado con agresividad al área amazónica y que el Gobierno sigue en fase de negación, y ni siquiera concluye “la planificación y la evaluación” de sus protocolos.

Lo que ha quedado claro con la exposición de la Ministra de Cultura frente al Congreso de la República, salvo la intervención de la congresista del FREPAP, es que tanto el Ejecutivo como el Legislativo están totalmente despistados, desconcertados o impotentes frente a una complejidad que los rebasa. Ignorancia, contradicciones, improvisación y demás carencias revelan patéticamente el manejo que el Gobierno está haciendo de la situación. Para el Ejecutivo la vida de los indígenas no importa, no está entre sus preocupaciones y los han abandonado a su suerte, permitiendo, realmente, que la amenaza de etnocidio se lleve a cabo.

Mientras esto sucede en Lima, más allá de la desastrosa presentación de la Ministra y de los congresistas de Acción Popular y del Partido Morado, la situación real de abandono es alarmante en todas las áreas que competen a la pandemia: prevención asistencia, colapso de los hospitales de Loreto y Ucayali, carencia alimentaria, expansión del virus por agentes externos, etc. Estos agentes portadores del virus están conformados por una lista ya bastante conocida, entre las que se cuentan las empresas petroleras, a través de sus operarios, las madereras, los mineros legales e ilegales y los narcotraficantes, quienes continúan operando, con la pasiva o nula intervención del Gobierno, en pleno estado de emergencia. Del lado de los indígenas amazónicos está bastante documentada la lucha que vienen dando por cuenta propia contra la pandemia. En múltiples documentos que circulan en las redes, se puede ver que han cercado sus territorios, lo cual en contados casos se ha hecho en coordinación con el Ejército. Del mismo modo, son ellos mismos los que están, en la mayoría de los casos, abasteciéndose de alimentos en medio del estado de excepción y de aislamiento. En el área de salud, están tratándose preventivamente con sus propias medicinas tradicionales para los casos de afecciones respiratorias, preludio del coronavirus.

La urgencia de una acción conjunta en toda la Amazonía: gobiernos y organizaciones indígenas

La lamentable situación descrita en este artículo sobre el Perú, se repite de modo casi idéntico en los demás países amazónicos, donde también se están realizando manifestaciones para llamar la atención de los todos los modos posibles para que los gobiernos escuchen a los indígenas. Es el caso que muestra la fotografía que ilustra este artículo, donde se aprecia a indígenas brasileñas en una manifestación realizada frente al hospital de Manaos, mediante el reporte gráfico de Carolina Diniz, publicado en la Red Amazonas. Ellas han recurrido al conocido eslogan  del movimiento afro-norteamericano, “Black Lives Matter”, que originó a su vez un importante movimiento en el sector indígena y que es llamado, “Indigens Life Mater”. Una versión brasileña, “Vidas Indígenas Importam”, se inicia y debe multiplicarse, por la urgencia de su demanda.

Los gobiernos de Perú, Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Guyana Francesa y Surinam -en donde viven cerca de 3'000,000 de indígenas en situación de vulnerabilidad- deben urgentemente cambiar sus estrategias para tratar la pandemia. Deben tomar en cuenta en la elaboración de estrategias efectivas a los actores principales, que son las mismas comunidades indígenas y sus representantes, en vez de ignorarlos. Según reporta la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), en estos momentos, ya hay 26,000 casos de contagiados con el coronavirus y 1,630 muertos. Por lo tanto, no hay tiempo que perder, los gobiernos deben, en el marco de los Derechos Humanos Universales, ceder a sus tradicionales manejos de la situación indígena y permitirles, con sinceridad, con honestidad, la palabra a los indígenas para que sean ellos los que intervengan y enriquezcan las improvisadas estrategias gubernamentales y sea el Estado quien provea los recursos logísticos.

En este sentido, una propuesta que ahora se impone, si todavía estamos a tiempo, es el trabajo conjunto de los gobiernos con las organizaciones indígenas tanto al interior de cada país, como también una coordinación entre todos los países amazónicos y las organizaciones de carácter internacional, como la COICA, que sí tienen claras las estrategias integrales para tratar este antiguo problema de las pandemias. Las múltiples organizaciones vienen haciendo esta propuesta constantemente desde que llegó el virus desde Europa. Estas organizaciones son las que trabajan coordinadamente con las asociaciones nacionales y comunitarias, y en ellas está el conocimiento y la práctica que se debe sumar a la estrategia de cada Gobierno. Del mismo modo, la ONU y la OMS deben ser las mediadoras y facilitadoras en el trabajo por la salud de los llamados “guardianes del bosque y del medio ambiente planetario.”

Más allá de las diferencias en la concepción geopolítica de los territorios, que se hallan en disputa entre los gobiernos nacionales y los pueblos indígenas, en este momento de emergencia extrema, debería primar sobre todo la vida y la salud de los pueblos indígenas, quienes están entre los sectores altamente vulnerables, con pueblos enteros en vías de extinción. De no ser así, pesará nuevamente sobre las conciencia de los gobiernos la tragedia que está a punto de desolar a los pueblos originarios de las Américas.