Opinión

Nacida para ganar

Por Lincoln Onofre

Polítólogo

Nacida para ganarFoto: LIncoln Onofre

Mirsa Domínguez, médico de 37 años, es alcaldesa de San José, un municipio rural de nueve mil habitantes a dos horas y media de Tegucigalpa, capital de Honduras.

Su ascenso político inicia de manera fortuita. En los momentos del COVID, desempleada y con un padre delicado de salud; la oportunidad se presenta en su tierra natal. Debía hacerse cargo del triaje en el centro de salud de su comuna. Quizá ese oficio le haya permitido hacerse conocida entre las mujeres que requieren asistencia médica para ellas y sus hijos. En los albores de la campaña electoral, la población y el partido, la promueven como candidata a vicealcalde, dubitativa y pese a la oposición de su familia, acepta el reto. Durante la campaña, el candidato que encabeza la lista viaja a los Estados Unidos y no vuelve, como tantos miles de hondureños que buscan una oportunidad en nuevas tierras y contribuye con el 25% del PBI a través de las remesas.

Así las cosas, a dos meses de las elecciones, debe asumir el liderazgo en un proceso donde el alcalde de turno se perfilaba como favorito a la reelección y contaba con los recursos. El nuevo candidato a vicealcalde que la acompaña fallece de COVID a pocas semanas. En esas circunstancias, el empeñoso nuevo delegado reemplazante para vicealcalde, querido en su pueblo, se suma a esta titánica labor; lamentablemente fallece a pocas semanas en un accidente automovilístico.

Nuevo golpe para la campaña de Mirsa, quien debe sortear su tiempo entre el horario laboral y la campaña política. "Después de las cuatro, junto a mi equipo, debo visitar alguna aldea hasta que se haga noche. No puedo hacer promesas que no voy a cumplir" dice, mientras narra su historia en los pasillos del Saemaul Undong Center, en Corea. Con un presupuesto y tiempo limitado, pero con toda la actitud, se desplaza entre las comunidades de su distrito

"Qué alegría, ya la queríamos conocer" eran las palabras de mujeres que se pasaban la voz boca a boca, de aldea en aldea. A Mirsa eso le generaba compromiso con su pueblo. Ganaron las elecciones por cuatro puntos de diferencia, eso es más que suficiente para alguien que viene imparable desde abajo, con todo en contra. Hoy es miembro de la comisión de género en la AMHON, un símil de la AMPE o la REMURPE en Perú y orgullosa vicepresidenta de la mancomunidad municipal MAMCEPAZ. Ella es parte de ese 5% de mujeres alcaldesas de todo el país (16 de 298) y la primera mujer en su municipio.

Esta semana, junto a otros 20 líderes comunales, recibe una capacitación en temas de desarrollo rural y territorial en Corea. Ella reconoce la labor de cada actor y los promueve cada vez que se presenta la oportunidad. La médico ha sido bendecida, pues el puesto en el centro de salud de donde proviene hoy es oficial, lo que en nuestro medio se conoce como permanente, otro reconocimiento en un país donde el desempleo alcanza al 53% de las mujeres y el salario mínimo es de 10 600 lempiras.

Mientras conversamos, nos cuenta que este ascenso inesperado no debe perjudicar la confianza que el pueblo le ha dado. "No tenía idea de cómo funciona un municipio", confiesa; pero antes que lamentarse, se prepara en diversas capacitaciones brindada por ONU mujeres, por la AMHON, pero también por los otros municipios donde el partido al que pertenece tiene presencia. Hoy, muy resuelta nos habla de presupuesto público, planificación y gestión. "Debemos culminar con los compromisos de las autoridades anteriores, no podemos dejarlo así porque le estaríamos quitando los sueños, las esperanzas a la población. Yo estoy aquí (en Seúl) por algo que empezó hace cinco años. Ahora firmamos convenios con las ONG, con las cooperaciones, eso con el apoyo también del gobierno nacional", sentencia.

Para Mirsa, la planificación no solo es un requisito que la ley exige, es un compromiso. Su trabajo se sostiene en el Plan de Desarrollo Municipal que, a su vez, recoge los planes comunitarios de cada aldea para los próximos cinco años, es decir, recibe y deja este documento a fin de dar continuidad a una visión del territorio, de su población. Converso con los líderes y dirigentes que la acompañan y dan fe de sus palabras.

A lo largo de la conversación, dos temas llaman mi atención. A diferencia del caudillismo que caracteriza a los políticos de la región, ella no habla en primera persona, casi siempre es una expresión colectiva, de equipo, un "nosotros"; eso es (o debiera ser) importante en el liderazgo de una autoridad local. Pero también expresa el peso y la responsabilidad de sus acciones como alcaldesa para con su familia. A ellos les debe su formación y teme defraudarlos, pues en cuatro años ella volverá a sus labores habituales y no quiere dejar una imagen negativa de su gestión. Mirsa nació para ganar, ese puesto fue suyo el día que decidió participar.