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Una publicación de la asociación SER

20 de enero en Pampas: conflicto entre indios y mistis

Oscar Zamudio Cabezas. Sociólogo

 

Pampas es la capital de la provincia de Tayacaja, departamento de Huancavelica. Cuenta con una población de más de cien mil habitantes, ubicada en la sierra sur central del país, a 62 km. de Huancayo y 310 km. de Lima. El 20 de enero se celebra la fiesta en homenaje a la Santísima Virgen Purísima, y tiene como actos centrales, ocho novenas (con orquestas, bandas, cohetes y fuegos artificiales), remate, víspera, día central, procesión, tradicional jalapato, cortamonte, recepción de toros en los barrios antiguos, tarde taurina y el fin de la fiesta, tradicional paskikuy.

Se sacrifican reses, carneros, lechones. Se preparan dulces y panes para la entrega del yacupacu a los colaboradores de la fiesta. Se bebe sin límite alguno, cerveza y un trago local, de mezcla de alcohol con limón y agua caliente, llamado calientito. Asciende a miles de soles los gastos del mayordomo de la fiesta. Las familias principales se sienten orgullosas y reciben con entusiasmo a los visitantes que vienen de diferentes partes del país y del extranjero, en la fiesta nadie queda excluido, todos pueden bailar y comer. El aparente mensaje de los festejos es el de un pueblo mestizo, en donde se han conciliado los conflictos y se fusionan los componentes occidentales y andinos del país. Sin embargo las líneas que explican más abajo, indican la persistencia de estos conflictos contrapuestos entre indios y mistis.

La celebración de la Santísima Virgen Purísima Patrona de Tayacaja, nos introduce en las lejanas huellas de nuestra identidad histórica y cultural.                   

Los orígenes se remontan a los rituales, cantos y danzas de las fiestas de los pueblos andinos que duraban varios días. Diciembre se denominaba capac raymi intiquilla, mes de intensas lluvias que riegan las últimas siembras del año, para ingresar al mes de enero (camay quilla), donde se realiza el segundo recultivo o jallmay, que es ensanchar el surco con la tierra húmeda, una de tantas formas de culto a los dioses montaña, la mamapacha y el agua. Con la llegada de los españoles se superpuso la presencia de la cruz y consecuentemente la introducción de los santos. La cruz siempre ubicada en la cumbre de los cerros y los santos  y  santas como patrones de los pueblos; sin embargo los indígenas continuaron adorando sus deidades andinas, que habitaban los puquios, cerros y árboles. En Pampas encontramos tres dioses-motaña que vigilan al pueblo, San Cristóbal, Yanapadre y Torojaicuna.

En la época colonial, Tayacaja dependía de Huanta. Según los mitos la Virgen Purísima vino de paseo y se quedó en Pampas, razón por la cual protege mucho a sus paisanos huantinos que radican en estas tierras, esto revela la real importancia que tenía este antiguo  curato  para la administración colonial.

En la región de Huamanga la adoración a la Virgen Purísima es predominante en los diferentes pueblos, en cambio en el Valle del Mantaro se le designa como  la Purísima Concepción, Santa Rosa, Mamacha Cocharcas, pero que sigue siendo la misma virgen, sólo con distinta denominación y que se celebra  desde agosto a diciembre. En la región del sur aún se observa la presencia del viejo capitán español (denominado Sajra Capitán), los alféreces y galas; y en el Valle del Mantaro la Chonguinada, la Toma del Inca y otras manifestaciones culturales, en permanente proceso intercultural entre occidente y los andes,  entre lo urbano y lo rural,  nos permiten ver las diferencias regionales del sur y el centro.   

En Pampas, aún encontramos los “esquinantes”, quienes adornan las cuatro esquinas de la plaza, donde se levantan altares y arcos para el paso de la procesión, que representa la antigua organización del espacio territorial que existía en el valle: Viñas, Chalampampa, Yarccacancha y Jarhuaturco, posteriormente convertidos en obrajes en la época colonial, que formaban  parte de las dos parcialidades del espacio local: Ayllu Mayo y Ayllu Anco. Esta división espacial y territorial recubre el juego del poder local, los de arriba y abajo, que se expresa en los festejos de la Virgen Purísima, el ocho de diciembre corre a cargo de los de abajo (los indios) próximo a la navidad y el veinte de enero lo hacen los de arriba (los mistis).

Según fuentes históricas, la celebración del 20 de enero es instaurada luego de la guerra con Chile, donde tuvieron una importante participación los campesinos de Tayacaja. Posteriormente, en la lucha por el poder político se enfrentaron los pierolistas y caceristas, es decir los partidarios de Piérola, familias notables de Pampas (Cárdenas, Acevedo, Chamorro, Bendezu y otros), frente a los campesinos (Huaripata, Curasma, Asto, Montes, Quispes y otros), seguidores de Cáceres de las localidades de Ahuaycha y Acraquia). Dice el relato luego de ser derrotados los pocos pierolistas, lo hicieron gracias a la imploración a la Virgen Purísima. En honor a este acontecimiento, los mistis instauraron la fiesta del 20 de enero.

Estos acontecimientos expresan un pueblo de indios y mistis atravesado por conflictos. En la actualidad, aun podemos ver estas diferencias sociales en los cortamonte ofrecidas por las familias descendientes de los Ávila, Correa y Tovar. Sin embargo los mistis ya no son los de antes, los campesinos han logrado el ascenso social, producto de los cambios que vienen ocurriendo en la región y el país, por ello pasar la fiesta tiene un enorme significado social: poder económico, prestigio social, continuidad cristiana y redefinición del poder local.