Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

2018: sed de justicia

Si algo ha caracterizado este año es el intenso reclamo por la justicia en el Perú. Un reclamo en varias voces: unas, silenciosas, de las mujeres víctimas de feminicidio. Otras, las voces de miles de mujeres que han salido a reclamar justicia por ellas. Por Eyvi Ágreda, Araceli Estefany Gamboa, Marisol Estela Alva y tantas otras, atrozmente asesinadas.

Este 2018 terminará con un record de feminicidios (ya van 141). Es probable que sea el año en que se han registrado un mayor número de casos, antes silenciados. En cualquier caso, el dolor e indignación por esas muertes, sobre todo de familiares y amigas, ha tocado a un amplio sector de la ciudadanía, sobre todo mujeres, pero también hombres.

La necesidad de cambiar los patrones del sistema de justicia, adecuándolos a una perspectiva y sensibilidad de género se han hecho evidentes. Se viene avanzando desde la Comisión de Justicia de Género del Poder Judicial, pero queda mucho por hacer. Esta tarea requiere no sólo la atención por parte de jueces y fiscales, o de los Centros de Emergencia Mujer (CEM) y la policía, sino actuar más decididamente en prevención. Un sector clave es Educación, por supuesto, pero también se requiere acción en otros ámbitos sociales y sectores del gobierno. Por ejemplo, en las fuerzas armadas y policiales. Extraña el silencio, por ejemplo, del ministro de Defensa ante el caso del macabro asesinato de Marisol Estela Alva, por parte de un suboficial del Ejército. La reacción -más allá del caso y pensando proactivamente- debió ser la revisión de los materiales de enseñanza, a fin de cambiar los modelos de masculinidad impartidos. La hombría no consiste en no poder aceptar que una mujer te deje, sino tener el valor de aceptarlo (como las heridas de guerra).

Asimismo, este año ha dejado testimonio de un cambio en la ciudadanía. De esa suerte de aceptación pesimista de la corrupción, sin más, los audios de los “Cuellos Blancos” activaron la indignación colectiva. Una reacción en cadena, acaso sólo similar a la que provocaron los vladi videos.

Este año ha sido la ruptura de otra resignación, la rebeldía de un grupo entre los propios operadores de justicia. Con el común denominador generacional (salvo excepciones), la batalla por la justicia la están emprendiendo fiscales y jueces relativamente jóvenes. Alcanzado el acuerdo con Odebrecht, este fin de año puede ser clave para su permanencia o remoción. Dependerá en parte de la capacidad de reacción de la ciudadanía.

 Y es que en este año el protagonismo de la ciudadanía ha sido clave. Por momentos, un estado de alerta permanente. Tanto por las mujeres y niñas víctimas de violencia, como contra la corrupción. En ambos, un sentimiento común de sed de justicia.