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Una publicación de la asociación SER

2019: El año de la cuestión de confianza

Ana María Vidal, abogada

Empezamos el 2019 con esperanza. La actitud de un equipo de fiscales diciéndole basta a la corrupción y pechándola de frente lo fue todo en ese momento. Desobediencia jerárquica dijeron. Lo que el Perú entendió: “parao y sin polo”. Aplacaron así, el burdo intento de destitución por parte de Chávarry. Empezar el año resistiendo y ganándole una pequeña batalla a la mafia nos dio la sensación de que en Perú no todo está perdido.

Pero la mafia contratacó. Salaverry, ex fujimorista quiso pasar piola, y autoerigirse como el salvador del país. Hizo insólitas alianzas con sectores antifujimoristas. Pero no le ligó. Olaechea asumió como Presidente del Congreso y vino la batalla final. La denuncia de la magistrada Ledesma le otorgó al gobierno la posibilidad de avanzar y presentar la segunda cuestión de confianza. Lo que vino después ya lo sabemos: el Congreso se autodisolvió. Ganó el gobierno. Hoy por ese cierre estamos nuevamente en etapa electoral. Elecciones atípicas que aún no las sentimos del todo. Y quizás no la lleguemos sentir.

A la par, César Villanueva uno de los congresistas que en el 2018 impulsó la caída de PPK y recibió como premio volver a ser primer ministro –antes de pasarle la posta a Del Solar- cayó en desgracia. Y es que Barata habló y habló. Y así  “CV” o “Curriculum Vitae” acabó preso por supuestas coimas de Odebrecht.

Y el que casi cae y no cayó fue García Pérez. Él mismo se mató. Se suicidó para evitar la prisión preventiva. Quizás sabía que no solo venía lo de Odebrecht, sino que luego saldría revelada mucha más inmundicia acumulada. Hace pocos días conocimos un testimonio sobre los 25 mil dólares que habrían sido pagados a un fiscal para que lo libere del caso El Frontón. Una muestra más de cómo funciona la justicia en el país. La muerte de 118 personas se habría archivado a un costo unitario de 212 dólares por cada muerto. Impunidad barata.

Y frente a toda esta opereta bufa la otra cara de la moneda es la muerte multiplicándose, la que nos escuece el alma. Alexandra y Carlos, ambos de 18 años, murieron por la negligencia de Mc Donald´s. Fue el mismo sistema que nos escupió en la cara y nos mostró como la precarización de la que tanto se ufanan, mata. Como respuesta hemos tenido hace unos días un Decreto de Urgencia que no reconoce derechos laborales a los jornaleros y jornaleras del régimen agrario. A más muertes, menos derechos para los que menos tienen, parece ser la consigna del gobierno. Recién hoy se publicó otro decreto de urgencia que da más recursos económicos para que el Ministerio de Trabajo, a través de la SUNAFIL, pueda supervisar los centros de trabajo y también se han modificado las penas para que las sanciones alcancen a los empleadores ¿alcanzará el dinero y las sanciones? ¿Es solo dinero y penas de cárcel lo que se necesita? Sabemos que es mucho más.

Pero la  muerte tiene varias formas, y hasta el momento en que escribo hay 164 feminicidios. Y lo hago con temor, con miedo y aferrándome a que no perpetren un feminicidio más. Porque no debiera haber ni una sola muerte por machismo, pero en Perú en medio de esta estructura patriarcal pareciera que ya se volvió costumbre. La indolencia de la policía nacional frente a las mujeres es criminal y frente a esto el Ministro del Interior no dice nada. ¿Por qué frente a los feminicidios solo se mira a la policía, pero cuándo se trata de otras responsabilidades de la policía si se exige la renuncia del ministro? La vida de las mujeres no tiene el mismo valor, es negociable. Frente a las mujeres muertas, frente a las sobrevivientes no hay Decretos de Urgencia para reorganizar a la policía o para proteger a las mujeres. Frente a la espiral de feminicidios dolorosos solo hay silencio por parte del ministro.

Es la falta de justicia la que duele, asfixia y subleva. Estamos en un momento en el que no vemos que las cosas mejoren. En nuestras casas no vemos que la economía familiar mejore un poquito. En la calle nos anuncian como el esfuerzo de miles de jóvenes se va al carajo por la estafa de los traficantes de la educación superior que se llenaron de plata gracias al famoso libre mercado que -yuca en mano- nos regaló Fujimori.

Feminicidios crueles multiplicándose. Jóvenes explotados muertos porque su centro de trabajo no quiso invertir un sol en su seguridad y porque al Estado no supervisó su seguridad. En Piura ya empezaron con fuerza las lluvias, y no vemos avances en la reconstrucción de lo que inundó  hace apenas dos años. Miles de jóvenes estafados en universidades “bamba”, los derechos colectivos de los pueblos indígenas mil veces violentados. Mujeres víctimas de esterilizaciones forzadas que siguen sin conseguir un mínimo avance en su derecho a la reparación -señora ministra de Justicia es tiempo ya de empezar- y con la primera audiencia de su proceso judicial demorando cada vez más. Pueblos enteros afectados por minas legales e ilegales. La lista no tiene cuando acabar. Y todo pasa delante de un gobierno y de una clase política que miran todo con indolencia y sin promover cambios de fondo.

Como si una cara de la moneda, la vida de quienes toman las decisiones, estuviera totalmente escindida de la otra cara, la vida de la población. Y en medio de todo el vacío, la dimensión desconocida. Desde abajo y a lo lejos miramos todas las cuitas del poder. Circo grotesco. Pero desde arriba pareciera que no ven, que la dimensión desconocida les impide ver, solo ven un agujero negro, el vacío ¿Qué diablos tiene que pasar para que se den cuenta que el sistema económico tiene que cambiar? ¿Cómo hacemos para que allá arriba se den cuenta que tienen que buscar conexión con los que estamos acá abajo? ¿Cómo haríamos?

En el 2020 urgen cambios y acción. No podemos quedarnos en peleas absurdas y en discursos para la tribuna. Ya se dio un primer paso con la elección de un nuevo Congreso, esperemos y hagamos lo posible para que no sea peor o igual que el anterior. Pero es imperativo y apremiante un cambio en lo económico y también en la justicia del país. Así como estamos no vamos bien, y mientras se quiera seguir negando la crisis, nada va a cambiar. Las muertes se seguirán dando, y el dolor seguirá ensañándose con quienes menos tienen.

El 2019 el Congreso no le dio la confianza señor Martín Vizcarra, pero el Perú entero sí se la dio. El 2020 empieza a jugarse los descuentos presidente. De usted depende la manera sobre cómo nos devolverá esa confianza que le dimos, siendo más de lo mismo o como el estadista que inició el cambio para acabar con esa dimensión desconocida.