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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Acosador ad infinitum

Foto: Expreso

"ya en la camita?

Como va esa delantera

Estas sola

Muéstramelas para ver si es cierto?

Estas sola?

Ya en la camita desnudita?"

(sic) Yonhy Lescano

Después de días de especulaciones, la denuncia se hizo pública. El viernes Yonhy Lescano, un congresista con bastante cancha política decía que él no mandó los mensajes. Luego apareció con su esposa al costado, la típica escena repetida al infinito: ella al lado, siempre de la mano para tratar de tapar el escándalo, el delito. Cumpliendo un rol, no de compañera, no el de pareja en las buenas y en las malas, sino el de certificadora de buena conducta. El uso eterno de las mujeres para sus fines. En esos momentos de desespero nos continúan utilizando.

Luego vinieron los cambios de versión, a veces en la misma entrevista: “Es una patraña, una conspiración del fujiaprismo, en la noche voy a presentar las pruebas…”, y hasta ahora no ha presentado nada. “No es una denuncia de un acoso sexual, no es una denuncia de quienes están protegiendo a la mujer”, señor Lescano, la denuncia es por acoso sexual y es de la propia víctima, ella misma se está defendiendo, porque, ¿sabe algo, señor?, las mujeres aprendimos a defendernos. “Porque Yhony Lescano es un congresista incómodo para la mafia, es un congresista que enfrenta permanentemente al abuso y la arbitrariedad del fujiaprismo en el Congreso”, pues le contamos, congresista, que el acoso contra las mujeres también es abuso y arbitrariedad, así que todo lo que ha denunciado antes, no limpia en modo alguno lo que cometió después. “Se vienen ya casos importantes para investigarlos en el parlamento nacional”, ¿qué intenta decir?, ¿que nosotras las mujeres no somos importantes?, con esa frase usted mismo se describió enterito. “No quieren a Yonhy Lescano ahí, Yonhy Lescano ha anunciado su candidatura a la Presidencia de la República”, parece que no solo imita a AG por salir con su esposa al costado para taparle las cochinadas, cuidado con los delirios de grandeza. “Acoso sexual a una persona que tiene más de 40 años que no da la cara y que no se le conoce”,  Y sí, señor Yonhy, no siga hablando porque claro que el acoso se puede dar contra las mujeres de más de 40 y de 50 y de 60, la excusa de la edad es demasiado burda, y la reserva de la identidad para las víctimas de violencia de género, quizás usted no lo conozca, pero es un derecho, y le cuento, señor, que las mujeres también tenemos derechos, aunque usted se niegue a aceptarlo todavía. “Mire a mi asesora de prensa, una señorita decente de buena presencia, ¿te podría decir que alguna vez la he acosado?”, cállese ya, señor Lescano, se hunde solito cada vez más.

Y luego la revictimización interminable de la víctima. Culparla a ella. ¿Por qué no denunció?, ¿por qué lo permitió?, ¿qué hizo para frenar ese acoso a tiempo?, ¿no hizo nada?, ¿no hiciste nada?, ¿por qué contestas el teléfono a esas horas de la noche?, ¿por qué lo permitiste?, ¿o es que tú tienes la culpa?, ¿o tú lo buscaste?

A este señor muchas mujeres ya lo conocíamos, sus propuestas siempre nos recordaron a los #ConMisHijosNoTeMetas. Basta recordar que se opuso a la unión civil. También se oponía a la enseñanza del enfoque de género. Ahora ya entendemos por qué estos personajes no quieren que en los colegios haya educación sexual, porque sabe que así las mujeres desde niñas podrán defenderse frente a los acosadores como él. Incluso quiso aumentar las penas en casos de aborto, manteniendo coherencia con esa lógica perversa de que las mujeres somos solo objetos, como incubadoras sin derechos.

Luego llegaron los carroñeros. Yo no conozco a Lescano. Menos me interesa conocerlo. No soy periodista. Pero las ansias de revelar la identidad de la víctima pudo más. Pseudos periodistas que al ver el intento desfachatado de Lescano de revelar el nombre, “guglearon” un nombre y un medio y sin verificar nada publicaron la primera respuesta que les dio el algoritmo de internet. De un momento a otro me vi comprometida en este asunto, todo gracias a que en una cuenta en tuiter de una persona que no brilla por su inteligencia, decía que yo era la denunciante. Y, un domingo por la noche, pasé de la preocupación por los cuadernos no forrados y de sacar cuentas sobre lo que aún faltaba comprar de la interminable lista de útiles escolares, al miedo que te asalta de pronto el verte comprometida en un asunto grave.

Porque fue lo primero que sentí, miedo. Porque sé lo que viene después. La revictimización, el culpar a la mujer. Lo hemos visto cientos de veces. Lo acabamos de ver en el caso de la persona que denunció a un profesor por acoso en la PUCP, de pronto ella terminó siendo denunciada por malversación de fondos. En este país las mujeres que se atreven a denunciar la violencia que sufren por el solo hecho de ser mujeres termina siendo doblemente violentadas. Porque lo viví hace poquito al denunciar violencia de género, sé cómo en la comisaría no te quieren recibir la denuncia, sé que en medicina legal te dan cita para meses después, sé cómo el sistema de justicia te bota, te expulsa.

Por eso de inmediato alcé mi voz (o mejor dicho lo escribí en tuiter) y dije que no conocía a Lescano, que no era periodista, que no tenía nada que ver en esto y exigí que sacaran mis fotos y mi nombre. Igual, hasta hoy por la noche, gente amiga y preocupada me sigue preguntando si yo fui. Y pasado un día, reconozco que en algo sí me equivoqué, porque no es que yo no tenga nada que ver con esto. Porque la violencia que ha pasado la mujer que denunció a Lescano la hemos vivido casi todas las mujeres en Perú. Porque este señor es una muestra más de tantísimos hombres que no les entra en la cabeza que las mujeres merecemos respeto, no porque seamos mamás, hermanas, madres o santas, sino porque somos personas y solo eso es suficiente para exigir que no nos acosen, no nos discriminen, no nos “meinsplaneen”, no nos violenten, ni nos maten día tras día.

Por eso escribo esto, para decir que, así como seguiremos denunciando a cada uno de los cientos o miles de Lescanos que piensan que el acoso sexual que han cometido es “una conversación privada entre personas adultas”, así también nos armaremos de valor para denunciar,  para decirle a cada mujer valiente que sacó fuerzas de dónde pudo, que comprendemos su miedo, y que el camino no es fácil, y que la revictimización es brutal, pero allí estaremos para darnos valor entre nosotras, hasta acabar con esta normalización de la violencia. Ya dimos el primer paso, ya logramos que el acoso sea delito, ahora toca insistir para que se implemente la norma y que cada machito acosador sea sancionado con todo el peso de ley. Estamos juntas en esto #TocanAUnaTocanATodas

¡Nos vemos en la marcha este viernes 8 de marzo!