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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

¿Acoso o Emboscada?

Dudé escribir este artículo, temo -en este mismo instante, mientras lo escribo- ser acusado de machista y de ganarme la enemistad de las pocas amigas feministas que me quedan y con las cuales en algún momento me he gastado más de una broma de alto calibre. Ojalá ellas lo entiendan, porque si fuera mi caso, me parecería injusto padecer lo del congresista Lescano. 

Con las disculpas de ellas, voy a dar mi opinión, con el temor de ser lapidado, pero liberado, porque creo que lo merece, porque no tengo la menor duda que detrás de todo esto, está gente infame, inescrupulosa, que no le va a temblar la mano de llevarlo a la hoguera bajo el cargo de acoso sexual con la intensión de desaforarlo del Congreso.

No tengo la menor duda que Lescano habría sufrido una emboscada con objetivos y frentes distintos. Un primer frente serían sus enemigos acérrimos a quienes Lescano no dudaba en lapidarlos en cuanto error y fechoría cometían, no es casual el pronunciamiento inmediato y temprano de los voceros de Fuerza Popular y del Apra, con notoria alegría, odio explícito e intenso, y una gran sed de venganza. El segundo frente serían los integrantes de su propio partido, en el que Lescano disputa -con más de uno- la candidatura presidencial del 2021, y que en lugar de poner en duda las acusaciones de acoso sexual, mandaron a Vitocho para que éste lo hiciera leña.        

Si hay algo que le cuestiono a Lescano es de haber mentido, de haber negado los chats que le escribió a la periodista a altas horas de la noche, con frases subidas de tono y de connotación sexual. Pero también le cuestiono a Lescano la utilización de su esposa para su defensa, situación que me parece deplorable, tan repudiable como cuando Alan García expuso a su esposa púbicamente para confesarle al país que tuvo un hijo fuera de su matrimonio.     

Estoy seguro que si Lescano hubiera dicho la verdad, desde un inicio, se hubiera salvado de su inminente desafuero. Los chats que se atrevió a mostrar recientemente Lescano demuestran que hubo más que una relación amical, por lo menos de mucha confianza, como para tener una conversación de alto calibre, y que están lejos de ser un acoso.

Es posible, con los chats mostrados recientemente por Lescano lo libren de la justicia, pero dudo que tenga la misma suerte en el Congreso de la República, porque más de uno, quiere su cabeza: los fujimoristas, los apristas, y hasta los de su propio partido, esto sin contar con los topos del fujimorismo infiltrados en el resto de bancadas.