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Una publicación de la asociación SER

Alan García: el círculo se ha cerrado

Foto: Gestión

Las recientes declaraciones de Miguel Atala en el sentido de haber actuado como testaferro de Alan García para recibir los depósitos de la empresa Odebrecht y posteriormente haberle hecho entrega personalmente de fuertes sumas de dinero, acaba cerrando el círculo sobre la participación del ex Presidente de la República en la trama de corrupción del caso Lava Jato y revela que la actuación de García durante los últimos meses – como el intento de asilo solicitado a Uruguay y la decisión de quitarse la vida – estuvo signada por el interés de evadir la acción de la justicia y no pagar por los delitos en los que estuvo involucrado.

SI bien algunos de sus más fervientes partidarios continuarán negando la responsabilidad penal del dirigente aprista pese a todas las pruebas existentes, lo cierto es que a estas alturas la gran mayoría de la ciudadanía puede contar con la certeza de algo que siempre fue un consenso generalizado: Alan García fue una persona deshonesta que utilizó su paso por el poder para enriquecerse de forma ilícita. Ese es el legado que finalmente ha de quedar en la historia de un personaje que encarna como ningún otro los peores males que aquejan a un sector de la clase política de nuestro país.

Dicho esto, es necesario que las investigaciones judiciales sigan su curso a fin de determinar las responsabilidades de todos los implicados y de esta forma se establezcan las sanciones más drásticas que la ley contempla por la gravedad de los delitos cometidos. La lucha contra la corrupción no debe detenerse en el caso de Alan García y sus allegados si es que realmente queremos cambiar esa tradicional manera en que se ha venido haciendo política, donde lo que prima es el interés por usufructuar el poder en beneficio propio.

En Noticias SER consideramos que si bien Alan García logró la impunidad al quitarse la vida, su tan ansiado lugar en la historia, gracias a la confesión de uno de sus tantos testaferros, estará al lado de quienes usufructuaron de la peor manera con los bienes y recursos públicos. Y justamente al haber logrado, en su caso individual, evadirse –por enésima y última vez- de la justicia, su caso será el mejor ejemplo de todo aquello que tenemos que combatir para ser una verdadera república: la corrupción y la impunidad.