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Una publicación de la asociación SER
Investigadora del Instituto Chr. Michelsen, Global Fellow del Center for Law and Social Transformation, y docente PUCP. Psicóloga, Magister en Salud Internacional (Instituto de Medicina Tropical Charité, U. Berlín), doctorada en psicología (U. Bergen).

Alberto Fujimori nunca estuvo a favor de la igualdad de género

La semana pasada, en medio del lamentable espectáculo armado por la mayoría del Congreso, durante la interpelación de la Ministra de Educación Flor Pablo, muchas personas, que están a favor de la inclusión del enfoque de género en el Currículo de Educación Básica, citaron -para criticar a los fujimoristas- algunas declaraciones del ex Presidente Alberto Fujimori.  Específicamente, se recordó el discurso de Fujimori en la Conferencia de Beijing en 1995 como una prueba del compromiso que habría tenido con la adopción del enfoque de género en las políticas públicas, y con la igualdad de género.

Este tipo de argumentos es preocupante por varias razones. Demuestran una falta de reflexión sobre el enfoque de género, y lo que implica. Colocar a Fujimori y su gobierno como un ejemplo de incorporación de igualdad de género en las políticas públicas es negar un aspecto central de este enfoque: el poder decidir sobre qué queremos estudiar, en qué queremos trabajar, cuándo queremos tener relaciones sexuales, si queremos tener hijos, y cuántos queremos tener.

Afirmar que Fujimori adoptó el enfoque de género en sus políticas de salud reproductiva, omite que, simultáneamente al diseño e implementación Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, el gobierno de Alberto Fujimori planteó metas de reducción de la tasa de fecundidad y que estas metas estaban ligadas a las políticas de lucha contra la pobreza.  En su gobierno no se trabajó para empoderar a las mujeres para que puedan decidir sobre sus cuerpos, ni para implementar una curricular escolar que promoviera una educación en igualdad. El ejecutivo decidió cuántos hijos podían tener las mujeres pobres, y esto se volvió una prioridad del gobierno. Así, por ejemplo, el 12 de julio de 1996 el entonces ministro de la Presidencia Jaime Yoshiyama declaró que un objetivo del régimen era lograr que la tasa de fecundidad en los sectores más pobres llegara a 2.5 hijos por mujer. Para 1996, según la Encuesta Nacional de Salud- ENDES la tasa global de fecundidad del país era 3.5, siendo 5.5 en la población rural y 2.8 en la población urbana.

El Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar fue tan importante para Alberto Fujimori, que él mismo se involucró en el diseño e implementación del programa.  Además Fujimori no dudó en hacer explícita la necesidad de la reducción de la tasa de fecundidad, al respecto autores como Donayre, Guerra-García y Sobrevilla (2012), señalan que la aplicación de la esterilización quirúrgica voluntaria (AQV), se convirtió en la obsesión del régimen y del sector salud.

El aumento del uso de anticonceptivos modernos no es un indicador que muestre que Fujimori adoptara un enfoque de género, y decirlo ignora los abusos cometidos contra miles de mujeres durante su gobierno, que han sido denunciados desde hace más de veinte años, sin encontrar respuesta ni justicia.  Lean, escuchen un par de testimonios, y pregúntese si un Jefe de Estado que adopta el enfoque de género puede fomentar semejantes actos de violencia aún impunes. 

El ataque del fujimorismo al enfoque de género no es contrario a la forma de hacer política de Fujimori. Mostrarse a nivel internacional como una persona pro derechos reproductivos, fue parte de una estrategia política de Fujimori; oponerse al enfoque de género, con argumentos absurdos como los esgrimidos por su bancada, son lo mismo. Fujimori no es el único, Daniel Ortega creo en Nicarugua la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de la Diversidad Sexual, y no creo que nadie se atreva a presentarlo como un abanderado de los derechos sexuales, ni un defensor del enfoque de género.

Lamentablemente los ataques al enfoque de género no nos han permitido debatir a profundidad, de manera abierta lo qué este significa, cuáles son las limitaciones (y peligros) de medir igualdad de género con unos cuántos indicadores cómo cobertura de métodos anticonceptivos modernos, o participación en el mercado laboral. Si las mujeres son esterilizadas a la fuerza, o es la esterilización quirúrgica el único método anticonceptivo moderno que se les ofrece, no estamos hablando ni de agencia, ni de empoderamiento. Si a las mujeres no se les paga igual que a los hombres por el mismo trabajo, si las mujeres están tomando los trabajos peor pagados, si pese a trabajar las mujeres se siguen haciendo cargo de las tareas domésticas, si las personas transgénero son víctimas de discriminación en el espacio laboral y no pueden ejercer las profesiones y oficios que desean con libertad; no podemos decir que hay igualdad de género porque la cifra de participación en el mercado laboral de las mujeres haya crecido.

Tenemos que debatir y aprender más, y para ello argumentos como los usados para interpelar a la ministra de Educación, no ayudan, pero tampoco ayudan a la lucha por la igualdad de género creer que cualquier cosa que se presente como “pro igualdad de género” lo sea.