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Una publicación de la asociación SER
Abogada de Aprodeh y Grufides

¡Alerta país, de nosotros depende!

A solo minutos de quedarnos sin Presidente de la República y por ende sin Consejo de Ministros, tras el descabezamiento de un gobierno nada menos que por un nuevo escándalo de corrupción en el Estado, parecería que el escenario se reduciría a reclamar la asunción de mando del sucesor que constitucionalmente corresponde para el cargo, es decir el Vicepresidente de la República, Vizcarra en este caso.  Frente a ello,  la gran pregunta que hay que hacernos es si lo único que necesita este país es un recambio de sujetos; el gran problema es solo la calidad moral de los actores que asumen la representación del Estado?.  La respuesta obviamente es que no,  porque el problema del Estado Peruano no se reduce a un grupo de gente sin escrúpulos, corrupta, capaz de aprovechar el cargo cuando llega al poder, sino que lamentablemente el problema que es más serio, y más profundo y tienen que ver con la estructura de este Estado y cómo con el tiempo se ha convertido en el andamiaje perfecto para la corrupción. No cabe duda que si es tan fácil aprovecharse del Estado, “sacar tajadas”, “ganar plata sin mover un solo dedo”, es decir delinquir aprovechando la posición, es porque algo en la estructura del Estado falla.

El sistema de administración del país necesita ser reformado en profundidad, los mecanismos de disposición de los recursos, de fiscalización, por supuesto de sanción actualmente no funcionan por lo que se constata; pero complementariamente a ello es necesario revisar y fortalecer de manera seria todo el sistema democrático y representativo para que se constituya en filtro real de control de quienes nos representan. 

El Estado no puede seguir siendo manejado a este nivel lumpen; el poder político no puede seguir siendo sinónimo de aprovechamiento y corrupción, no podemos  seguir funcionando con una estructura diseñada para delinquir.  Necesitamos que quien asuma este proceso de transición se comprometa con esta reforma estructural que seguro tendrá que se progresiva y paulatina, pero que tiene que empezar de alguna forma y en estos momentos críticos. Lo contrario significaría continuar en la misma dinámica, el recambio de personas que muchas veces solo es “el recambio de corruptos”, que como siempre terminan aprovechando de esta estructura maleada, desnaturalizada que juega a favor de sus propios intereses.

¿Qué hace falta para este momento? La exigencia de cambios radicales en nuestras estructuras. Para ello asegurar que el periodo de transición no sea liderado por las mismas mafias políticas de corrupción enquistadas por el Estado.  En este escenario la sociedad civil tienen un rol fundamental, no podemos dejar que el asunto decante por la tradicional vía formal, hace falta tener presencia para intervenir, proponer, protestar, exigir.

Pensemos entonces en la gran responsabilidad que volvemos a tener en nuestras manos. Hagamos conciencia de que la inacción y la incapacidad de movilizarnos, o peor aún de intervenir, es también parte de esta estructura perniciosa que se mantiene para evitar los cambios.