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Una publicación de la asociación SER
Abogado peruano, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, CIDDH

Algo se pudre en América del Sur

Foto:  Perfil

Mientras la Real Audiencia de Charcas (1785), la de Quito (1563) y la Intendencia de Santiago (1786) arden convulsionadas por diversas consideraciones, el centro del Virreinato del Perú con sede en Lima mantiene una insegura estabilidad social y económica, particularmente en la costa agro industrial. Lo que pareciera ser una descripción de los intentos independentistas de finales del siglo XVIII, en realidad ocurren en la segunda década del siglo XXI y el rol de Madrid ha sido reemplazado por nuevas superpotencias que pretenden retornar el statu quo. En realidad, se repite la oscilación entre progresismo y neoliberalismo en circunstancias que América Latina observa la repetición de las tensiones entre políticas sociales y libre mercado en medio de una profunda crisis de carácter ambiental en la Amazonía.

Los resultados de la elección del 20 de octubre que le otorgaron el triunfo en primera vuelta al hermano presidente Evo Morales Ayma, a pesar de las irregularidades ocurridas en el proceso de escrutinio identificadas por la auditoría de la OEA, pese a la intromisión de sus funcionarios en los asuntos internos de Bolivia. Pero ni siquiera el anuncio de próximas elecciones, lograron impedir su caída, lo que llevo a su posterior renuncia y novelesca salida a México, para evitar todo derramamiento de sangre.

La discusión si se trata de un tradicional golpe de Estado perpetrado contra el gobierno del Presidente Evo Morales, con la directa injerencia de los mandos militares de Bolivia, y el apoyo por parte movimientos opositores, grupos cívicos y evangélicos de índole fascista, racistas y discriminadores, aún no termina. Queda por determinar el apoyo político, mediático y logístico de gobiernos reaccionarios sudamericanos y del propio gobierno de Donald Trump, que han hecho todos los esfuerzos necesarios para debilitar, arrinconar y finalmente defenestrar el gobierno de Morales.

Todo lo anterior es parte de la nueva estrategia de desmantelamiento, agresión y sustitución del progresismo en América Latina en el marco de la nueva doctrina sobre la Seguridad Hemisférica que se enseña en las escuelas militares procedentes del Comando Sur. Es lamentable la pérdida de vidas y los heridos en estas tres semanas de enfrentamientos: 10 muertos en Ecuador, 20 muertos en Chile y 10 en Bolivia. Todo ello hace urgente el inmediato cese del enfrentamiento y toda forma de violencia entre ciudadanos -cualquiera sea su tendencia política-, que impiden hasta la fecha resolver los problemas de la transición democrática en la región o de la continuidad del modelo neoliberal, que amenazan la estabilidad y gobernanza del sur de la región.

Es evidente y preocupante el uso de cualquier medio de injerencia o de presión externa, ataques a la ciudadanía y otros actos de clara naturaleza racista y discriminadora, como los que ocurren en Bolivia, o los que han sido denunciados en los sucesos de Ecuador o Chile. En realidad estamos viviendo una oleada de agresión contra los gobiernos progresistas de América Latina que van desde golpes de estado, sanciones, embargos, azuzamiento, y en particular a un gobierno democrático, como el de Evo Morales, que ha respondido con creces a las demandas de la población mayoritariamente indígena.