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Una publicación de la asociación SER
Abogado peruano, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, CIDDH

Amazonía: patrimonio, botín y etnocidio

Foto: Julia Vicuña

A continuación presento las seis ideas fuerza que presenté en el marco de la Reunión de la Coordinadora Socialista Latinoamericana realizada el 4 y 5 de mayo en Lima, sobre los obstáculos para analizar las demandas indígenas sobre la Amazonía y el Medio Ambiente, en el actual escenario internacional.

Límites del ordenamiento internacional

El escenario internacional se encuentra profundamente tensionado por el unilateralismo y la multipolaridad, en el marco de una imprevisible globalización que además de congregar múltiples fuentes de conflictividad de escala menor/mediana, continúa ampliando la brecha entre Occidente y los Pueblos Indígenas en materia de acceso, ingresos y expectativas. El abordaje y los compromisos asumidos sobre este tema en las Cumbres de las Américas o las Cumbres de Líderes (2001, 2005, 2009) son muy frágiles.

Esta situación empeora con el creciente debilitamiento del sistema jurídico internacional, a partir del “saludo a la bandera” que representan las propias Cartas constitutivas de la ONU/OEA y la fragilidad de sus mecanismos; las instancias jurisdiccionales, o son incumplidas o son reemplazadas por los laudos y arbitrajes comerciales que favorecen la inversión privada, por sobre los derechos ancestrales. En lo político, los regímenes internacionales existentes son cotidianamente erosionados por el dilema entre apertura y proteccionismo; es el caso de la reciente ruptura de acuerdos de contención nuclear, de promoción de los derechos humanos, el retiro de mecanismos multilaterales (UNESCO) o el quiebre del NAFTA. Existen entre 15 a 20 sentencias de la Corte Interamericana que acogen los derechos colectivos; son numerosos los Pactos Internacionales, las Declaraciones temáticas y los Convenios específicos (107, 169 OIT), pero no son vinculantes o son escasamente ratificados y menos implementados. Al respecto existe una innumerable bibliografía de expertos como Anaya o Stavenhagen sobre esta materia, así como informes anuales de los Relatores Especiales[1].

Vemos que son muchos los Días, Semanas, Años y hasta Decenios de los Pueblos Indígenas declarados por la ONU, pero han sido infructuosos en mejorar su situación social y económica en el plano estadual: tres de cada 4 indígenas sufren altos niveles de pobreza en el mundo[2].

Situación de los pueblos indígenas en el mundo[3]

● Los índices de pobreza entre los indígenas son mucho más altos que entre el resto de la población en varios países de América Latina: Paraguay, 7,9 veces; Panamá, 5,9 veces; México, 3,3 veces; y Guatemala, 2,8 veces.

● Siguen registrándose grandes diferencias en la esperanza de vida entre los indígenas y los no indígenas, por ejemplo, en Guatemala (13 años), Panamá (10 años) y México (6 años).

● El 90% de la madera que se extrae en la Amazonia peruana se obtiene por medios ilícitos y procede de zonas protegidas que pertenecen a comunidades indígenas o están reservadas para pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario.

 

En este contexto debemos cuestionarnos, ¿Cuál es la situación real de los 370 millones de miembros de Pueblos Indígenas que representan 5,000 culturas diversas en 70 países, pero que desde hace 200 años han sido unilateralmente absorbidos por los Estados nacionales, los mismos que hoy promueven diversas formas de lento genocidio y etnocidio? Son el 5% de la población mundial y el 15% de los pobres. La situación de sus derechos colectivos se encuentra bajo amenaza constante por la penetración homogenizadora de la civilización, la industria y la tecnología vigentes. La situación empeora el caso de los últimos grupos de pueblos en aislamiento o contacto inicial, y de las mujeres indígenas. ¿Estamos en capacidad de llamarnos democracias, respetuosas de los derechos humanos, cuando en el caso del Perú aproximadamente 10,000 comunidades campesinas y nativas son tratadas asimétricamente, amenazadas, criminalizadas y engañadas?

¿Qué piden los pueblos indígenas?

Las características coyunturales propias de un escenario económico internacional volátil y variable por la especulación financiera y los hipos de los precios internacionales de materia prima, se reproducen en el plano doméstico, en una situación de profunda fragilidad e inequidad para los pueblos originarios.

Mientras aspiramos a integrarnos a mercados globales, a través de mecanismos como OCDE o el G-20, se mantienen brechas sociales históricas con los Pueblos Andinos y Amazónicos:  En 200 años de Independencia, los Estados latinoamericanos no cumplen con tres normas básicas: 1) respeto a sus culturas, lenguas y saberes tales como la andenería o el manejo del bosque; particularmente para luchar contra el cambio climático, 2) seguridad  jurídica sobre territorio y uso de los recursos que se encuentran en ellos, y, 3) el aseguramiento de su participación política plena, directa, sin cuotas ni intermediarios. En estos días de tumulto regional, me pregunto, ¿cuál hubiera sido una respuesta propia de la cosmovisión indígena para responder a la mega corrupción de “Lava Jato” en nuestros países? 

Viejas y nuevas amenazas

Mientras el mundo se encuentra tensionado por la confluencia de variables tradicionales de las relaciones internacionales como son la hegemonía y los intereses de los Estados, al interior de nuestros territorios mantenemos un modelo colonizador y arrasador -propio del siglo XVIII- contra la matriz de nuestra propia cultura. Los esfuerzos de paz y asistencia humanitaria liderados por Occidente, han sido un total fracaso en generar una paz duradera en los conflictos de Irak, Afganistán, Siria y Libia, o Venezuela. ¿Alguien en Nueva York, Ginebra o el Grupo de Lima se ha puesto a pensar en la situación de los kurdos, pashtuns, tuaregs, o en los yanomami, a propósito de estos conflictos internos con trascendencia global?

El mantenimiento de elementos geopolíticos de la antigua Guerra Fría que se ponen periódicamente en juego en América Latina y el hemisferio occidental, se agudizan con los cambios electorales que se producen de forma pendular entre modelos conservadores y progresistas: diversas manifestaciones del modelo neo liberal frente al Correismo, Evismo, Kirchenirsmo, Lula, que se encuentran lejos de la cotidianidad de la agenda indígena. Esto se suma a los nuevos factores de confrontación, como son el dilema de la degradación ambiental, la guerra por recursos naturales escasos como es el caso de la geopolítica del petróleo de Trump en Medio Oriente, Irán, Venezuela (mayores reservas mundiales, con aprox. 309,000 millones de barriles de petróleo) y el impulso al fracking en su territorio pese a los impactos negativos en materia de DESC.  Es decir, surgen nuevos retos sobre viejos problemas sin resolver.

Asimismo, los retos de los pueblos indígenas enfrentan el problema de la informalidad y el de la aparición de diversas economías ilícitas, que gozan de los beneficios que otorga el modelo capitalista de libre mercado para poner en el mercado contrabando, mano de obra barata, cocaína, heroína, maderas finas, minerales, personas, a costa de campesinos, indígenas y ciudadanos. Esta situación de desconocimiento de la Agenda planteada por COICA[4], junto al mantenimiento de injustos y asimétricos términos de comercio internacional de materias primas y la incertidumbre de sus precios, aleja cada vez más a América Latina, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 que según el Secretario General de la ONU Antonio Guterrez, requiere de US$ 5 a 7 trillones anuales[5]. Queda cada vez más claro que el boom extractivista de inicios del siglo, no resolvió, pudiendo hacerlo, las viejas brechas sociales existentes urbano/rural, blanco/indio. También nos aleja de lograr efectivamente la seguridad ambiental, alimentaria, y energética.

La existencia de factores distractores

Los actores sociales y políticos hemos dedicado tiempo y recursos a monitorear las diversas manifestaciones de la militarización –interna y externa- en la Amazonía, que adquieren nuevas formas donde se manifiesta la ciencia, tecnología, en el marco de guerras de cuarta generación, además del uso arbitrario de mecanismos coercitivos, embargos, sanciones y asistencias. Según SIPRI, EE.UU ha realizado el mayor gasto militar desde 1988: USS 649,000 millones. Pero tampoco la emergencia política y económica global de China, garantizan nada distinto respecto de los Imperios anteriores: Belt and Road Initiative (BRI) y su enorme impacto respecto emisiones de carbono (World Economic Forum), penetración financiera condicionada y exacción de materias primas, sin considerar los costos ambientales, muestran que es más de lo mismo. Hay que agregar además que la forma que adquiere la guerra contra el terrorismo, olvida los orígenes de los grupos radicales yihadistas, desde Al Qaeda, ISIS y sus distintas manifestaciones globales.

Por otro lado, la conformación de un Estado invisible que deja operar a su libre albedrío a la mano no tan invisible del mercado, ha producido el debilitamiento de capacidades de fiscalización ambiental, reducción de la agenda indígena a lo cultural, lo que ha facilitado el descuido grosero de la vigilancia estatal frente a las múltiples agresiones ambientales provenientes de diversas fuentes: la actuación de empresas extractivas no solo de energías fósiles sino de metales estratégicos como litio y coltán; los diversos impactos de los tráficos ilícitos y las migraciones descontroladas, sobre la Amazonía. La expansión de monocultivos agroindustriales como la soya, más la ganadería y los bosques cultivados, que fortalecen la hegemonía de corporaciones sustentadas en la producción masiva de alimentos industrializados, y transgénicos, en desmedro de la pequeña agricultura familiar y la soberanía alimentaria, que en el caso peruano, representa el 83% del empleo en el sector y proporciona el 70% de los alimentos que consumimos (CENAGRO, 2012). 

Todo esto, ha ocasionado pérdidas irreparables en términos de deforestación (Perú, séptimo en el mundo[6], y entre los 10 más afectados, 4 son de la región[7]), contaminación y cambio climático sobre círculo polar, litorales y la propia hoya amazónica, además de la desaparición de especies y saberes (UICN), que no se pueden medir en términos estratégicos.

El actual grado de conflictividad y las amenazas radicales, ha desbordado las capacidades de resolución de Estados subordinados a los intereses trasnacionales que militarizan y criminalizan la protesta social y a los defensores indígenas, poniendo en jaque las normas mínimas del Estado de Derecho y su capacidad de ejercer gobernabilidad efectiva sobre territorio. Nuevamente, otro dialogo es indispensable, debemos ser mucho más receptivos.

De las soberanías artificiales e inexistentes

Las diversas formas estaduales posteriores a la Convención de la Bio diversidad (1992), han fallado en su capacidad de gobernar con sostenibilidad el territorio amazónico. De este problema no escapan los gobiernos neo liberales, pero tampoco los progresistas. En este contexto, hay que estar alertas sobre lo que representa la aparición de Bolsonaro como presidente de la mayor potencia amazónica y aliado estratégico de Trump en materia de seguridad, particularmente en la vulneración de derechos colectivos, políticas de destrucción del ecosistema, negación del cambio climático, debilitamiento institucional, entre otros. .

A ello se suma la ofensiva a nivel de política exterior y de seguridad en favor de intervenciones externas incluyendo el uso de contratistas privados (“mercenarios”), así como políticas públicas, institucionales y legislativas regresivas, en contra de pueblos indígenas. Toma significado la reciente carta de 600 científicos a la UE[8] para que esta use las negociaciones comerciales para detener la deforestación provocada por minería y ganadería. A finales de los años setenta, realizamos esfuerzos iniciales para protegerla a través del Tratado de Cooperación Amazónica y sucesivas Declaraciones políticas posteriores. También enfrentamos con éxito los intentos externos de declararla Patrimonio Común de la Humanidad, en desmedro de las soberanías nacionales. Recientes informes, relatan que las apuestas de los países para detener la deforestación, son absolutamente insuficientes[9]

Pero no pudimos evitar convertirla en un escenario de la Guerra contra las Drogas desde 1989 hasta la fecha, permitiendo incluirla en escenarios de baja intensidad.  Se desconocieron los usos ancestrales de plantas psicoactivas, concentrándose la acción contra miles de campesinos andinos y afrobrasileños, mientras el narcotráfico se infiltraba en la política y en las economía, de la mano con el modelo ideológico hoy imperante. Lo más grave es que no pudimos tampoco  poner en la agenda y mucho menos realizar, un ordenamiento territorial que parta de la gobernanza indígena, por el contrario realizamos una desmembración de las unidades territoriales, facilitando el otorgamiento de licencias y concesiones para mantener el modelo extractivo dependiente. En este sentido, apuestas supuestamente desarrollistas como Proyecto IIRSA, apuntaban en la misma dirección, sabiendo de las limitaciones de interconexión de este inmenso territorio. Es urgente ser más vigilantes con los mega proyectos, su financiamiento y planes de gobierno.

A modo de conclusión

En un escenario internacional imprevisible, sujeto a muchas variables, salvo excepciones, la Agenda Indígena se encuentra invisibilizada, a pesar de los instrumentos que exigen su cumplimiento. Además hay que articular con próximos hechos políticos relevantes, como el próximo Sínodo Pan amazónico (octubre 2019), sesiones del sistema regional y universal de derechos humanos, la COP 25 en Chile. La necesidad de trabajar en un nuevo Pacto Político y Jurídico con organizaciones, partidos, representaciones científicas a favor de la Amazonía, desde una perspectiva ambiental, indígena y de DD.HH. Asimismo, la necesidad de un nuevo diálogo intercultural, en igualdad de condiciones, derechos y obligaciones para resolver problemas transversales tales como inclusión, seguridad, formalización. Por último, en el plano internacional, es hora de retomar reinterpretar la Doctrina Monroe: América para los americanos originarios.

 

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[1]                    A/HRC/39/17, A/HRC/36/46, A/HRC/33/42, A/HRC/27/52, A/HRC/24/41

[2]                    Primer Informe Global sobre Situación de los PP.II en el Mundo.

                 http://red.pucp.edu.pe/ridei/files/2012/02/120214.pdf

[3]                    http://www.cinu.mx/1informePuebIosIndigenas/docs/SituacionPueblosIndigenasMundo_HechosYCifras_Mundiales.pdf

[4]                    Sustentabilidad de la vida, Territorio y Recursos, Sistemas Jurídicos propios, fortalecimiento Sabidurías Ancestrales, Economía y Desarrollo, sistemas, tecnología y comunicaciones.

[5]                    https://www.un.org/development/desa/undesavoice/in-case-you-missed-it/2018/10#42370

[6]                    Global Forest Watch,

[7]                    World Resources Institute

[8]                    Revista Science.

[9]                    Informe de Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos.