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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Aquí viene el sol

Escucho cantar a mi hija Daniela, Here comes the sun de George Harrison, y un delgado destello alumbra mi corazón. Ella no ha vivido lo suficiente para que la aplasten las desilusiones que hizo pomada a mi generación. Para qué hablar de los males del mundo o de nuestros muertos, ahora que la mortandad de las abejas amenaza con desaparecer la agricultura en el mundo. Si hasta parece una broma inglesa. Antes fue Vietnam, ahora es Siria, Yemen, Palestina. En tiempos de mi viejo fue Auschwitz. Pero para qué ir tan lejos si tuvimos nuestro Accomarca, nuestro Huancasancos. Y la traición de los que prometieron y recibieron la confianza de millones y no hicieron nada cuando estuvieron en el poder. Y encima se enriquecieron (y van a quedar impunes). Y pienso, también, mis propias traiciones a los ideales de juventud. Para no hablar de los curas pederastas que arrastraron nuestra fe por los muladares más inmundos. No habrá mercado libre, ni democracia, ni socialismo en el horizonte, las utopías por las que se quemaron las pestañas los profetas. Sólo incertidumbre, oscuridad, cansancio y cementerios. Por gusto te sacrificaste, estimado Javier, por gusto, querido compañero Allende, por gusto, Madiba Mandela. Lo que viene es la desaparición de la especie humana, en medio de un clima de mierda, tal como anuncia la profeta disgustada, Greta Thunberg. Y en un siglo, lo que vendrá, no será el Planeta de los Simios, sino con más certeza, lo que imaginó Alfonso Cuarón en Children of Men. Sí, pues, me dice mi hijo, me fijo más en la vacilación y contradicciones de los buenos frente a la solidez de los corruptos; más en los galimatías de los políticos naranjas en la tele, que en la marcha por el agua de los miles de sufridas gentes de El Agustino y Huaycán que nadie mencionó en los grandes medios. Hay que resistir como las cucarachas, amigas de los montacerdos del mundo. Sí, tal vez, debiera cantar con Daniela Here comes the Sun