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Una publicación de la asociación SER

Argentina fue un desbarajuste

Foto: CepaNoticias

Llegamos con antelación al estadio porque los nervios nos carcomen. Los argentinos lo van llenando al canto de “vinimos todos juntos a Rusia a alentar a Argentina…”. Ya saben que juega Enzo Pérez, que hace un mes no estaba ni en la lista de los 23 para el Mundial. Que vamos a jugar un 3-5-2 o algo parecido, con la fuerza de Mercado en el fondo, y sin el fideo Di María, ni Cristian Pavón. No queremos ni pensar en el talento de Luka Modric o Iván Rakitic.

Tengo un nudo en la garganta, el ambiente recuerda a la goleada de Alemania en Sudáfrica. Me consuelo pensando que Croacia no se juega la clasificación, que están sus dos mediocentros amonestados. De la tribuna baja el “de la mano, de Leo Messi…”. Son todos argentinos. Croacia no ha traído ni el cañón de Zagreb.

Al final jugamos con un 4-4-2 con Acuña de lateral izquierdo, Meza de nada, y Mercado sin saber muy bien si es central o lateral. Así, un despeje del arquero croata lo deja a Perisic mano a mano con Caballero, y Willy hace su única atajada del Mundial.

El partido se juega con los dientes apretados y los tapones de punta. Mandzukic lo pisa a Otamendi, Tagliafico a Mandzukic, al final de la batalla campal, el uzbeko decide amonestar a Rebic después de una plancha de expulsión. Marcos Acuña es nuestro alumno aventajado en este terreno, guapea siempre, llega al fondo, mete un centro en el travesaño. Va de nuevo, y provoca un despeje que le queda servido a Enzo Pérez para el gol. La tira afuera. La única que tocó Messi la puso para la carrera del Toto Salvio y su centro de la muerte encontró al pibe Meza, no al Kun Agüero.

Croacia es un poco más coherente con la pelota, y encuentra muchas veces solo por la derecha a Vrsaljko. En la primera se le queda corto el centro atrás, en la segunda Mandzukic, en su especialidad, el cabezazo, falla solo frente al arquero argentino. Pero el más peligroso del ataque croata es Willy Caballero, le deja un pase corto en el área a Tagliafico que no se convierte en gol porque le hacen foul al tres argentino. La última la tiene el malo de Rebic, pero se le queda atrás. Algo hay que hacer en el segundo tiempo.

Pero Sampaoli no cambia nada, y Mercado tiene que volver a cerrar a la desesperada. Para Wilfredo Caballero. Willy, en lugar de despejar, intenta un sombrero ante la presión de Ante Rebic. Pero la pelota le queda para la derecha al joven croata, y ante la mirada impávida del arquero argentino, le da de media vuelta y a la red. Una cosa es no jugar a nada y otra cosa es jugar para los rivales. Caballero entrega un gol cuando a la Argentina no le sobraba nada.

Levantar esta loza parece difícil. Más si Sampaoli encuentra uno que juega bien, el Kun Agüero, y lo quita. Acuña vuelve a llegar por la izquierda y genera una situación para que el ingresado Higuaín se la sirva a Maxi Meza. Nada. Gana Subasic. Argentina es un desbarajuste, llega Vrsaljko, llega Mandzukic. Entran Dybala y Pavón, y apenas la tocan.

El mediocampo es croata. Rakitic, Modric y Brozovic se están dando un festín con Mascherano y Enzo Pérez. Luka Modric aprovecha que no tenemos arquero para sacar un disparo esquinado desde afuera del área y meter el segundo gol croata. La tribuna enmudece definitivamente. El último arranque de Messi termina en los pies de Meza. Nada.

La impotencia la sintetiza Nico Otamendi, intenta sacarle la cabeza a Rakitic de un pelotazo. Iván Rakitic responde. Primero con un tiro libre majestuoso que pega en la cruceta. Después, con un remate para comprobar si Willy tiene manos, y para empujar al gol el pasecito que le da Kovacic tras el rechace. Es el 3 a 0 lapidario. La tribuna se levanta puteando a Sampaoli. Huele a eliminación. A que se acabó el Mundial para la Argentina.

Con lágrimas en los ojos hacemos cuentas. Si mañana gana Islandia, estamos virtualmente eliminados. Si empata, dependemos de que Croacia no entregue su partido contra los islandeses. Si gana Nigeria, todavía dependeríamos de nosotros mismos. Ese es el problema. Al menos, Sampaoli, ¡cámbianos el arquero!