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Una publicación de la asociación SER

Ayacucho: recuperar el liderazgo y la confianza del ciudadano

Foto ©Brigitt Parco | Noticias SER

Lincoln Onofre. Politólogo

El covid-19 ha dejado de ser un problema exclusivo de salud pública, por tanto, debe dejar de tratarse como tal. Hoy, vemos cómo los efectos de esta pandemia han condicionado otras dimensiones como la economía, la agricultura, la conducta social, la educación, el empleo, el urbanismo, etc.

En publicaciones
anteriores sosteníamos que, pese a la transferencia de competencias en diversas materias, entre ellas la salud; el gobierno central no podía apoyarse en los gobiernos subnacionales debido a múltiples factores; desde el desconocimiento y dimensión real del problema, la falta de personal capacitado, la ausencia de información cuantitativa, la atención con enfoque territorial; hasta la falta de liderazgo, planificación, prospección, articulación, coordinación y, como siempre, la corrupción. No consideramos el presupuesto porque a la fecha los gobiernos territoriales no han logrado gastar siquiera el 50% del dinero destinado a estos casos (El gobierno regional de Ayacucho ha ejecutado 25.4% de los recursos destinados al covid-19 y la municipalidad provincial de Huamanga el 34.5%, específicamente en la entrega de víveres, hace más de dos meses).

Las autoridades políticas territoriales se limitaron a copiar las medidas del gobierno central como si nuestra sociedad fuera homogénea. Razón por la cual vemos acciones con resultados fallidos: distribución de alimentos, implementación de ciclovías o mercados temporales. Del mismo modo, se ha “experimentado” y distribuido productos que ponen en riesgo la salud de los individuos; sea porque brindan información errada, o no cuentan con los registros sanitarios ni autorizaciones correspondientes,  y se ha hecho pese a las advertencias de las entidades rectoras en salud.

Estas falencias en la gestión pública han dado paso a un contagio de conductas “incívicas” en la población tal como advierte la “teoría de las ventanas rotas”; de ahí las imágenes que encontramos en la Avenida del Deporte, los jirones Asamblea, 28 de Julio, Nueve de Diciembre, entre otros. Es decir, los espacios críticos de contagio no se reducen a los mercados o centros de atención hospitalaria. Como resultado, el elevado número de contagios reportados a diario; sobre todo en la ciudad de Huamanga que tiene ocho de cada diez casos registrados en el departamento; 97% de los casos reportados en la provincia se encuentran en la ciudad y de estos, el 53% sólo en el cercado.

Las autoridades territoriales consideran el problema como un asunto exclusivo de salud pública y que la solución ha estado y está en la prolongación de la cuarentena y/o del horario del toque de queda. No advierten -por ejemplo- que más del 80% de la Población Económicamente Activa – PEA Ocupada se encuentra en el sector informal (INCORE 2019); o que la centralidad de los servicios e infraestructura pública conlleva a las cifras alarmantes de contagio en el “centro histórico de la ciudad”; o que cerca del 50% de viviendas carecen de acceso a las redes de agua y alcantarillado; y que dicha medida podría resultar contraproducente si antes o paralelamente no se toman las medidas de contención necesarias. Producto de estas acciones desordenadas, aisladas, sin norte, ni rumbo, la población ha perdido la confianza en sus autoridades políticas y ha optado por acciones unilaterales como el bloqueo de calles, la instalación de comercio informal, etc; deslegitimando así la institucionalidad local y regional.

 Ante este escenario, ¿Qué hacer?

Las respuestas son diversas. Sin embargo, es necesario recoger aquellas que permitan aglutinar intereses y voluntades de tal suerte que permitan recuperar el liderazgo y la confianza del ciudadano -traducido en la transformación de las conductas ”incívicas”- y que promuevan un trabajo multidisciplinario, planificado y prospectivo.

Si la legitimidad de los actores políticos se encuentra desgastada, deben ser otros los actores quienes convoquen en primera instancia a un consenso y un trabajo coordinado; por ejemplo, los colegios profesionales, el Frente de Defensa, la Cámara de comercio, etc. Son quienes deben plantear una ruta de trabajo para revertir la crisis, prevenir escenarios futuros adversos y, sobre todo, devolver la confianza a las autoridades políticas, porque solo ellos son quienes pueden y deben llevar las riendas del territorio.

Restaurar el Comando COVID con una mirada multidisciplinaria en la cual los gobiernos locales y regionales cumplan roles y metas específicas. El antecedente a esta propuesta se encuentra en la Mesa de Concertación para la Lucha Contra La Pobreza.

Articular, planificar y prospectar. Hasta la fecha hemos visto acciones aisladas no solo entre la sociedad civil, el sector privado y el Estado; sino (sobre todo) entre las entidades públicas, lo que demuestra la falta de liderazgo. Sin embargo, se debe valorar la acción colectiva de diversos grupos de interés (por ejemplo, las banderas blancas o la recaudación de fondos para la instalación de una planta de oxígeno) y articularlos hacia un objetivo común. Ello sólo es posible si se planifica en el corto, mediano y largo plazo a nivel multidimensional.

La prospectiva, disciplina con visión global, sistémica, dinámica y abierta; explica los posibles escenarios futuros basado en datos y análisis de variables estratégicas (salud, educación, agricultura, nutrición, empleabilidad, etc.); busca reducir la incertidumbre, guiar las acciones inmediatas y procurar un futuro conveniente. Este ejercicio requiere de información que debe ser proporcionada por los gobiernos territoriales a un reformado y posicionado Comando COVID; un grupo que debe operar lejos de los intereses políticos -que en más de una oportunidad llevaron a que esta esté acéfala-. La información debe estar disponible de manera adecuada y oportuna para una mejor toma de decisiones.

Desconcentrar y aislar. Desconcentrar y relajar la ciudad es una tarea imperativa; ella no requiere necesariamente del traslado físico de las entidades, sino de ofrecer alternativas a los usuarios para que tengan menos motivos de movilizarse sin que ello perjudique el acceso a los servicios que requiere. Postergar el cobro de servicios básicos, instalar agencias interbarriales o mejor aún, ofrecer plataformas virtuales, son medidas necesarias que, aunque requieran un presupuesto adicional, generan bienestar y evitan la aglomeración de personas. Promover mercados de abasto de productores agrarios en espacios públicos de barrios periféricos - temporal o itinerante-, no solo disminuirá la probabilidad de contagio; sino, además, propiciará una economía a pequeña escala entre las poblaciones más afectadas.

Aislar a los centros poblados rurales donde el número de contagiados, respecto a la densidad poblacional, no requiere de mayor esfuerzo. En las actuales circunstancias, diversas comunidades organizadas han optado por estrictas medidas de autoaislamiento al margen del Estado o con apoyo de esta; los resultados son positivos. Con estas evidencias, solo queda implementar y replicar dichas medidas o estrategias acondicionando la infraestructura existente (como los colegios) para el aislamiento de las personas contagiadas sin que ello comprometa la atención de los centros de salud.

Desde aquí, deseamos la pronta recuperación del gobernador regional, Carlos Rúa; y que la gobernadora encargada, Gloria Falconí, recupere el liderazgo y legitimidad de la institución.