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Una publicación de la asociación SER
Feliz, politólogo y máster en gestión de ciudades

Ayacucho: a río revuelto, ganancia de pescadores

I

A la luz de los hechos de este primer semestre, tanto en el gobierno regional de Ayacucho, como en la municipalidad provincial de Huamanga, vemos un río revuelto generado por la ausencia de tres componentes: planificación, equipo técnico y coordinación.

Planificación. La ausencia de un plan de gobierno advertido desde las elecciones demostraba que  ninguna de las principales fuerzas políticas tenía claro qué, cómo y con qué recursos cumplirían sus promesas; promesas que no guardaban lógica ni relación con la realidad ni la posibilidad. Una vez en el gobierno, replantearon más de una vez propuestas que se fueron decantando de a pocos, obligando a la autoridad regional a realizar un diagnóstico sumarísimo de las “necesidades” provinciales. Entonces, ¿Con qué sustento declaraban alegremente que iban construir hospitales, parques industriales, universidades en las provincias? ¿Con qué sustento firmaban abiertamente compromisos con las organizaciones sociales?

Equipo técnico. Del mismo modo, ninguna de las autoridades electas contaban con un equipo con capacidad de gestión y manejo político, el equipo de campaña agotó su lista de ideas durante la segunda vuelta electoral, logrando una victoria pírrica. Tal es así que a la fecha no pueden cumplir con la promesa de expulsar a los funcionarios de la gestión anterior y se justifican con discursos disuasivos como la “transición” o el “aprendizaje”; convocando a funcionarios cuestionados en otras instituciones; transgrediendo sus propias normas en los procesos de contratación (tal como lo evidencia el informe de la Contraloría o el CAS 002), quebrando de esta manera su promesa de luchar frontalmente contra la corrupción; o, después de seis meses, culpando de sus males a la gestión anterior; incluso se ha llegado a culpar de todos los males a la prensa local.

Coordinación. La ausencia de un plan de gobierno, la falta de un equipo técnico y la visión que requiere un líder, deviene en la descoordinación entre los gerentes, sub gerentes y trabajadores de planta.

En el plano regional, observamos que las dos mujeres más poderosas de la entidad, electas por el mismo movimiento del dueño del Tractor; manifestaron que hay un problema de fondo. La vicegobernadora regional Gloria Falconí, reconoció que luego de seis meses de gestión, aún no se cuenta con un plan de gobierno y que la elaboración de este documento estaría al 80%. La presidenta del Consejo Regional de Ayacucho, Elizabeth Prado cuestionó el doble discurso que se maneja en el ejecutivo regional, instando a que el gobernador cumpla con sus promesas (sobre el funcionamiento de los hospitales), recomendando el cambio de funcionarios ante la ausencia de resultados tangibles.

A nivel local, la falta de liderazgo del titular, así como las idas y vueltas a las decisiones tomadas, evidencian que los funcionarios de confianza actúan entre la incertidumbre y el desconocimiento. Por un lado, existen casos donde los funcionarios de confianza no cuentan con el perfil requerido para el puesto, por tanto, no saben qué hacer; por otro lado, en los casos de los funcionarios que cuentan con los requisitos indispensables, su situación es incierta, consecuentemente, se paralizan. Si hace dos días anunciaban que se había coordinado un desalojo en uno de los mercados más insalubres de la ciudad; hoy, esta decisión es relegada por otra que propone una reubicación de los comerciantes en unos terrenos que pertenecen a otra entidad pública y al que recién se le consultará si ello es posible.

II

No sé si haya alguien en el gobierno regional y municipal que esté registrando dónde, cuántos y qué tipo de demandas empiezan a visibilizarse en la ciudad. Desde una simple recomendación o petitorio (como la de los vecinos del jirón 28 de Julio) hasta las protestas y ultimátum de organizaciones (como las manifestaciones que hicieran el FREDEPA sobre el mercado Nery García), reflejan que “algo está pasando en Ayacucho”.

Una mirada desde la conflictología pone en evidencia la existencia de conflictos latentes y en escalamiento que, de no ser solucionados a la brevedad, podrían poner contra la pared a la autoridad local y regional. Y no se trata (solamente) de poner paños fríos a la situación, sino de hacer lo posible para que este escenario no estalle desde otros frentes; pues, de ser el caso, es probable que las autoridades cedan a la presión de intereses privados, segmentados y hasta legítimos, dejando de lado una mira integral del problema público, tal como se ha evidenciado en el caso del mercado Nery García. En este caso, el río revuelto consentido es favorable a determinadas organizaciones con intereses particulares: FREDEPA, comerciantes, motociclistas, entre otros, que buscan mantener un status quo que perjudica a la ciudad.

III

Mientras tanto, los regidores aprovechan la situación dejando que el barco a la deriva, se hunda. La ceguera de sus intereses impide la acción colectiva, no enmiendan la plana al titular, no promueven una hoja de ruta y tampoco persuaden a la autoridad local para hacer gobernable la ciudad. Su función se limita a la fiscalización, pero al estilo de Salomé demandando a Herodes la cabeza de Juan; fungen de justicieros, dispuestos a sancionar sin compasión; sin embargo, no reparan en los antecedentes de la situación y que son parte de esta gestión, por oficialismo o por oposición. ¿Dónde quedó la palabra y el compromiso de los regidores que acompañaban en campaña al actual alcalde y lo promovían como el candidato ideal? La luna de miel acabó el mismo día de las elecciones, a las 4 de la tarde, cuando la “fuerza del Tractor” se hizo a un lado y armó una agenda propia.

IV

El camino al infierno, está empedrado de buenas intenciones, más cuando no existe una planificación que la soporte y oriente. Los ejemplos están por todos lados, cada vez más visibles. Como en cualquier territorio, existen intereses legítimos o direccionados a obtener algún beneficio o rentabilidad individual, colectivo; de uso privado, social, ambiental, empresarial, etc.

En ese escenario, se evidencia que, ante la ausencia de una agenda local y/o regional, las autoridades políticas recurren a aquello que demanda menor esfuerzo de consenso y participación: los acuerdos “estratégicos” con sectores y actores interesados en materializar sus agendas en la región (entidades públicas nacionales, empresarios, fundaciones, patronatos, etc.), asumiendo que la implementación de dichas agendas generarán valor público y serán aceptadas sin más por la colectividad, pese a no haber sido partícipes en el proceso de formulación.

En el corto plazo, casi todas las agendas son positivas; sin embargo, al no estar articuladas, y carecer de la licencia social o participación ciudadana (por ejemplo, a través de un plan de desarrollo territorial); en el mediano y largo plazo, podrían generar nuevos problemas. Preparan el escenario para la foto del Bicentenario y los visitantes, pero sacrifican el largometraje de la cotidianeidad de los vecinos. Promueven cambios en el centro histórico, pero no advierten que, al mismo tiempo, incentivan la gentrificación y las inequidades; tal como lo manifestaron los vecinos del jirón 28 de julio que viven a cinco cuadras de la Plaza de Armas-, a metros de la vía del centro histórico construida por el Plan COPESCO  y, sin embargo, a la fecha no cuentan con veredas ni accesos a sus domicilios en las casonas o solares en los márgenes del río Seco; o el caso de los vecinos de Pisco Tambo y San Juan Bautista, que demandan ampliar el horario de acceso al agua potable más allá de los 20 minutos interdiarios.

Para atender y solucionar los problemas sociales, el populismo, no es la mejor respuesta; tampoco lo es una gobernanza exclusiva con actores externos al territorio; o respondiendo a los vaivenes de circunstanciales presiones de grupos de interés; se trata pues de superar la marea, este río revuelto, a través de la reflexión, la construcción de una agenda territorial (con y para los ciudadanos que viven cotidianamente en el territorio), una adecuada planificación, liderazgo y coordinación inter e intra institucional; procurando establecer objetivos claros y mostrando resultados.