Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Bicameralismo bipartidista

El proyecto de Ley N° 3185/2018/PE entregado por el presidente Vizcarra al Congreso, como parte de su propuesta de reforma política, amaga con el bicameralismo, cuando la pepa está en el rediseño de los distritos electorales que puede cambiar totalmente el sistema político en unos años para que sólo dos partidos se asienten y cogobiernen, con la ilusión de que puedan traer la ansiada estabilidad a estas tierras.

La democracia representativa moderna combina dos criterios para la representación en el Poder Legislativo: la poblacional y la territorial. Así, mediante el primer criterio, en la cámara baja, por ejemplo, se elige a los legisladores tomando en cuenta la cantidad de electores, esto es, a más electores más diputados. En cambio, en la cámara alta la representación territorial es igualitaria para todos. En el caso de Estados Unidos se presenta con claridad el modelo: California tiene más representantes que Massachussets porque tiene más electores; en cambio en el Senado los dos Estados tienen una representación paritaria: dos para cada uno.

Nuestro sistema es mixto: todos los departamentos tienen al menos un representante (Madre de Dios) y luego se aumentan en proporción a la población. Pero como las constituciones siempre pusieron un tope (en la de 1979 fueron 180 diputados y 60 senadores) se han producido distorsiones como la siguiente: En el 2016 el distrito electoral de la provincia de Lima que incluye a los peruanos en el extranjero, con 7.7 millones de electores en el padrón, está representado por 36 congresistas, algo así como uno por cada 215 mil ciudadanos. En cambio, el pequeño distrito electoral de Moquegua -con 134 mil electores- tiene dos congresistas, o sea uno por cada 67 mil ciudadanos. Nuestra mixtura electoral resultante es 26 distritos electorales con las siguientes características: un distrito uninominal, ocho distritos binominales (Amazonas, Apurímac, Huancavelica, Moquegua, Pasco, Tacna, Tumbes y Ucayali), 16 distritos plurinominales que eligen entre 3 y 7 congresistas y uno muy grande plurinominal que elige 36.

Suponemos que esas distorsiones son la que el Gobierno propone corregir para que la representación sea más equitativa, mediante el reemplazo de los 26 distritos electorales por 50 nuevos binominales para la Cámara de Diputados. Sin embargo, para el Senado se propone un número de senadores, 30, pero no se sabe de cuántos distritos electorales surgirán, ¿de 15?, de10?, de 6?, de 5?

A diferencia de los distritos binominales en donde, como su nombre lo indica, sólo se eligen a dos parlamentarios, los distritos plurinominales eligen a varios. En lo que se refiere a la proporcionalidad y la participación de las minorías, gracias al sistema proporcional los ciudadanos del departamento de Cusco eligieron a cinco congresistas pertenecientes a cuatro fuerzas políticas, los de Arequipa a seis de cuatro partidos distintos; los de Lima a 36 de seis fuerzas diferentes, representando al Perú de todas las sangres.

Para sorpresa de muchos, el Ejecutivo, ha dejado en manos de la mayoría del Congreso, el diseño de los nuevos distritos electorales binominales, más el diseño de los distritos senatoriales, para que los defina en una ley que será sometida a referéndum.

Se supone que los distritos electorales serán más o menos de la misma magnitud de electores, para elegir igual cantidad de representantes, pero eso no dice la propuesta. No es lógico que un diputado o un senador represente a medio millón de electores, mientras el de al lado represente a dos millones. Así no funciona la democracia representativa.

Varios académicos han difundido la idea de que un distrito electoral pequeño es mejor que uno grande, pues, en Lima, por ejemplo, señalan que nadie siente a cualquiera de los 36 congresistas como “su” representante. Esa impresión puede ser la de los limeños, pero no la tienen los electores de Amazonas, Apurímac, Huancavelica, Moquegua, Pasco, Tacna, Tumbes y Ucayali que eligen a dos congresistas cada uno y aún en los de Ayacucho y Huánuco que eligen a tres.

Pero el diseño arquitectónico electoral no es cosa fácil. Si 100 diputados corresponderán a los 25 millones de electores del 2021, quiere decir que cada uno representará alrededor de 250 mil electores, probablemente uno de los ratios de menor representatividad de América Latina. Lima Metropolitana y el Callao tendrían 8.5 millones de electores con 17 distritos que elegirían a 34 diputados. Habría además 4 diputados representantes de los peruanos en el extranjero. Quedarían 62 diputados para que las 194 provincias restantes se agreguen en 31 microdistritos electorales según la propuesta. De ellas habría que restar a las ciudades capitales de provincias medianas que tienen más de 250 mil electores.

Las provincias de Moquegua tendrían que sumarse a las de Tacna, más una provincia de Arequipa o de Puno hasta conseguir medio millón de electores. Es decir Moquegua, como Moquegua y Tacna como Tacna ya no tendrían representación, sino sería otra entidad que elegiría a dos diputados de uno o dos grupos políticos, como es de suponer. Y lo mismo pasaría con departamentos como Tumbes, Pasco, Amazonas y los demás pequeños.

Surgirá entonces en los legisladores la tentación de diseñar un rompecabezas electoral a la medida de sus aspiraciones de grupo, con distritos electorales traídos de los pelos que no respondan a las vinculaciones históricas de provincias que pueden no ser vecinas o adyacentes, porque el criterio señalado en la exposición de motivos es la “agrupación de provincias”, como que en el caso de los macrodistritos senatoriales será la “agrupación de departamentos”. Las dificultades y caprichos a los que obliga el tope de 50 microdistritos binominales se puede observar en el ensayo que hace mi amigo Jairo Rivas quien propone reunir en uno solo a las provincias serranas de Ayabaca, Huancabamba y Morropón con la costeña Sechura, cuando la provincia de Piura queda en medio y las separa.

Hay que recordar que el primer afán de los que tienen poder es mantenerlo y el segundo durar en él, la mayor cantidad de tiempo. Es un comportamiento habitual que observó Maquiavelo y todos los que después se han dedicado a estudiar la política. Y la representación congresal, brinda manijas del poder -aunque limitadas- a sus titulares, como se ha visto en los últimos tiempos, salvo para los izquierdistas radicales que dicen que el Parlamento es sólo un establo. No vaya a ser que en los siguientes meses asistamos a una alocada competencia de diseños interesados en favorecer a tal o cual partido según su asentamiento, en una nueva edición del gerrymandering.[1]

 

 

[1] Maniobra practicada por Elbridge Gerry, quien en 1812, preocupado porque su partido no lograba la victoria en los distritos del norte y el oeste de Massachussets, decidió unificar todos esos distritos en uno solo, que de ese modo obtendrían menos escaños en la legislatura.El nuevo mapa electoral tenía la forma de una salamandra (en inglés: salamander), a la que pusieron por nombre Gerry-mander. (Tomado de Wikipedia)