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Una publicación de la asociación SER
Escritor y periodista

Candelaria: El pasado abona en el presente

Luego de la visita que hizo a Puno en 1967, invitado por la Federación Folklórica Departamental, para apreciar el III Gran Concurso Folklórico, el escritor, antropólogo e investigador del folclore peruano José María Arguedas, escribió un artículo en El Comercio (12/03/1967), titulado «Puno, otra capital del Perú», donde tuvo palabras generosas para el gran bagaje cultural, folclórico y artístico del altiplano puneño: sus danzas, su naturaleza social, la música, los cantos, las coreografías, el colorido de sus trajes y los sentimientos que embargaban dicho arte, del cual, el escritor quedó impresionado. «En ninguna región del Perú y sin duda de América, pueden, encontrarse tan variadas y tantas danzas como en Puno», escribió, para luego deslizar la idea de que la ciudad de Puno es «la capital simbólica de la danza latinoamericana» (1). Casi dos décadas después, gracias a estos prístinos antecedentes, en 1985, Puno fue declarado como Capital del Folklore Peruano por Ley Nro. 24325 (5/11/1985).

Esto constituyó una de las primeras señales de reconocimiento institucional a la riqueza folclórica de Puno, la cual, con el correr de los años, se fue consolidando como una marca de la identidad altiplánica, a la par de integrarse como expresión de fe y devoción a la Virgen de la Candelaria, patrona de Puno. Hoy en día esta simbiosis ha alcanzado los ribetes de una gran festividad religiosa-pagana que involucra un creciente número de conjuntos de danzas y participantes directos e indirectos, además de un gran movimiento económico.

Posteriormente, en 2003, la Festividad de la Virgen de la Candelaria fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación, por el entonces Instituto Nacional de Cultura, bajo la Resolución Directoral Nro. 655/INC (2/9/2003). Este sería otro antecedente más que, finalmente, hizo que en el año 2014, a casi cincuenta años de aquel esclarecedor y profético artículo de José María Arguedas, la Festividad de la Virgen de la Candelaria fuese declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el máximo ente en el mundo que salvaguarda y preserva los recursos y expresiones culturales no tangibles. La declaración fue otorgada en Francia (27/11/2014).

Si bien la Festividad de la Virgen de la Candelaria era ya la expresión cultural más importante de la región Puno, hoy, con dicho reconocimiento por la UNESCO, su dimensión aún alcanza un mayor ámbito que trasciende el territorio nacional y se apropia del espacio internacional, mientras que, en tanto fenómeno social involucra una serie de elementos de carácter religioso, mágico, cultural, artístico, económico y turístico.

De esta manera, la presencia de la festividad en el imaginario colectivo es incuestionable y merece ser estudiada, registrada, descrita y analizada de manera interdisciplinaria, para comprender el impacto que tiene en la vida de la región y el país. Afianzar una mirada actual de los componentes históricos y culturales que permita comprender su corpus, el simbolismo y las características de la festividad. Acciones que, precisamente, aún faltan implementar en su totalidad por parte de las instituciones puneñas llamadas a hacerlo.

 

Foto: Andina

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(1) Anteriormente Arguedas ya había escrito sobre la danza y música de Puno. Ver, por ejemplo, «Embajada Folklórica de Puno», en El Comercio (11/8/1962), donde reseña el espectáculo que el Centro Musical Teodoro Valcárcel y la Agrupación de Arte Folklórico y Teatro de Puno, han presentado en Lima. El escritor alaba la danza y música del Kajelo y de la Diablada. Además muestra su entusiasmo por cómo los señores, caballeros mestizos, han logrado hacer suyo el folklore nativo en tanto danza e interpretación. En otro artículo, «Danzas de Puno a México», también en El Comercio (5/11/1965), anuncia la presentación de diversas danzas que hará una delegación de más de sesenta bailarines y músicos del Centro Teodoro Valcárcel en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Insiste en cómo «aficionados de las clases media y alta de la ciudad de Puno han logrado interpretar con una autenticidad contagiosa las danzas tradicionales indígenas de la región».