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Una publicación de la asociación SER

Chanchamayo: identidades en tensión

La región de Chanchamayo, así como muchas regiones selváticas del Perú, pasó por un proceso largo y complejo de ocupación y revueltas para su definitiva colonización. Desde el siglo XVII fueron los frailes católicos los primeros en incursionar en sus montañas, para su encuentro con las etnias amazónicas del lugar. Otros franciscanos, un siglo después, regresaron determinados a cumplir con su misión cristiana; y es en este periodo en donde se introducen los productos bandera de la región: cítricos y café. Pero una rebelión indígena, la más grande de la selva central, cerró todas las vías de acceso por más de 100 años.

Durante la instauración de la República las políticas de colonización se endurecieron. Los militares a través de auspiciosas exploraciones abrieron caminos, erigieron refugios y paulatinamente expulsaron al indígena de sus territorios ancestrales. A partir de la segunda mitad del XIX se promovió la colonización con extranjeros, así por ejemplo, en Chanchamayo desde 1874 se estableció una colonia italiana, con hombres y mujeres que practicaban diversos oficios urbanos, pero que por necesidad tuvieron que dedicarse a la agricultora. Con el paso de las décadas, y tras una dedicación férrea al trabajo en el campo, esta colonización pionera de Chanchamayo (1847-1950) se extendió con la llegada masiva de migrantes nacionales, sobre todo de la sierra centro y sur del país. El desarrollo de una cadena de producción del café y su valor muy estimable por esos años, motivó una intensa migración. Si en un inicio hubo desgobierno, desorden e ilegalidad en la ocupación de predios, la respectiva política de reformas agrarias de los gobiernos militares buscó solucionarlos.

En este resumen histórico demuestra que la inmigración en Chanchamayo fue un proceso netamente económico, basado predominantemente en la agricultura, que sin duda, dejó de lado la cohesión social en cuanto al aspecto cultural e identitario. Veamos tres casos:

1) Una señora mestiza (chanchamayina, de origen serrano) llama a una radio local para denunciar que una señora blanca (chanchamayina, descendiente de italianos) se opone a la construcción de una vía rural en San Ramón. La mestiza indica que ella sí es peruana y que no permitirá que una extranjera quiera impedir su desarrollo. Al día siguiente la señora blanca asiste a la radio y también afirma ser peruana, que sus raíces chanchamayinas vienen de más de un siglo, y que más bien a la denunciante y a su familia nunca los vio en la localidad, tal vez por tratarse de personas recién llegadas a la región. Es decir no se consideran paisanas.

Caso 2. En julio del 2017 en la ciudad de La Merced se organizó una feria del libro promovida por el círculo de artistas y escritores de la localidad, su finalidad en teoría, fomentar la cultura de Chanchamayo y de la selva central. Siendo ayacuchano el presidente del mencionado círculo, invitó a importantes artistas de ese departamento. En los discursos de inauguración, en los intermedios musicales, en las declamaciones de poemas y en la exposición de libros durante todo el día la participación fue netamente ayacuchana. Solo en la clausura del evento se invitó a un elenco de estudiantes locales a que interpreten una danza amazónica, como un gesto decorativo.

Caso 3. Por décadas la Municipalidad de Chanchamayo bota la basura y los residuos sólidos de la ciudad capital de la provincia en las cercanías de la Comunidad Nativa de Pampa Michi, el grupo asháninka más reconocido de la selva central. Cuando esta noticia aparece en los medios, la respuesta institucional es que ese territorio si bien pertenece a la comunidad no es utilizada por ella; y que la única solución sería hacer una planta de tratamiento que no tiene fecha conocida de inicio de obra. Aunque esto parezca circunstancial, en realidad se trata de un discurso discriminatorio, heredado desde la República y que no ve de igual manera a las etnias originarias ni a sus territorios ancestrales.

Los tres casos son reales y se repiten continuamente. Ante todo esto y en cuanto a lo identitario, se puede concluir que no es suficiente que elementos e intereses económicos, como en el caso de Chanchamayo con la producción del café y últimamente con la actividad turística, promuevan la gestación cultural de la provincia. Existe una problemática que debe ser atendida desde los gobiernos locales y los diferentes sectores de la sociedad civil si se quiere una convivencia pacífica entre sus habitantes.