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Una publicación de la asociación SER

Chimbote acata segundo día de estado de emergencia

Foto: Andina

Augusto Rubio Acosta. Escritor, gestor cultural y periodista

El segundo día de la cuarentena decretada anteanoche por el gobierno central se inició muy temprano con el cierre policial y restricción del transporte en las avenidas Meiggs y Pardo, a la altura del puente sobre el río Lacramarca, principales arterias que unen Chimbote y Nuevo Chimbote. El Terminal Terrestre, que desde ayer en la tarde no expedía boletos de viaje a la ciudad de Lima, amaneció cerrado y custodiado hoy por efectivos de la Policía Nacional en sus ingresos de pasajeros y buses. Con la Marina de Guerra y la Policía recorriendo y vigilando las desiertas calles del puerto, con los negocios cerrados y una abrumadora mayoría de ciudadanos acatando el estado de emergencia al interior de sus hogares, el aislamiento social en la ciudad se viene cumpliendo con relativa tranquilidad, salvo por algunos incidentes que pasamos a comentar.

La ausencia casi total de transporte público (en el puerto circulan mayoritariamente colectivos y taxis), generó serios inconvenientes a quienes están autorizados a trabajar, pero no pudieron trasladarse a sus centros de labores en farmacias, establecimientos de salud, mercados, medios periodísticos o comercios de alimentos y abarrotes. Transportistas informales “hacen su agosto” ante la ausencia de reglas claras en la materia. La Municipalidad Provincial del Santa, reaccionando tarde a lo que debió prever con anticipación (como ha ocurrido en otras ciudades), comunicó recién hoy que “está coordinando” y entregará un pase especial a los transportistas que laboren durante la emergencia.

La atención en consultorios externos y centros de salud quedó sin efecto desde el día de hoy, en respuesta al estado de emergencia nacional y en prevención del contagio del coronavirus, según comunicó el Gobierno Regional de Áncash tras una reunión efectuada con los titulares de la Dirección Regional de Salud, las redes Pacífico Sur y Norte, además de los principales nosocomios del puerto. La empresa del agua potable y desagüe, Sedachimbote dispuso que no hará afectivo el corte del servicio a los usuarios que no hayan pagado los recibos de facturación, hasta después de la emergencia. En los mercados de la ciudad, abarrotados el primer día por compradores compulsivos, no existe desabastecimiento de productos (con excepción del azúcar, en algunos de ellos), pero en la víspera se registraron saqueos a menor escala e intentos del mismo en los centros de abasto “De la chacra a la olla” y en el mercado Ferrocarril, respectivamente.

El problema del recojo de basura de las calles es un clamor ciudadano desde hace mucho, exigencia exacerbada en esta época debido a la grave condición sanitaria que se vive en Chimbote, ciudad considerada uno de los epicentros de la epidemia del cólera en 1991 (enfermedad infecciosa aguda de inusitada virulencia y capacidad de propagación que originó más de seis mil muertos y ochocientos mil casos registrados en el Perú). Las autoridades del puerto no han aprendido de la historia, no han generado una solución contundente a la problemática del recojo de residuos sólidos, tampoco a la provisión adecuada de agua, a la cloración de la misma en niveles recomendados por la OMS, al paupérrimo sistema de salud y a la higiene, sobre todo en los sectores menos favorecidos.

El único paciente con coronavirus registrado hasta este momento en esta jurisdicción (un chimbotano de cuarenta y siete años proveniente de Italia) se recupera en su domicilio de Nuevo Chimbote, acatando la disposición de aislamiento y evaluación médica constante, así como sus familiares y vecinos que también han sido incluidos en el protocolo médico. Una tensa calma reina en esta ciudad donde urge implementar operativos de fiscalización en tiendas y bodegas minoristas, cuyos propietarios han elevado inescrupulosamente los precios de los productos de primera necesidad. Han tenido que registrarse más víctimas del virus global en el Perú, y que se haya determinado un estado de emergencia, para que en Chimbote la población empiece a tomar conciencia de la gravedad de la coyuntura.