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Una publicación de la asociación SER
Profesora de historia latinoamericana, Temple University

Chinchero: lo que está en juego

El plan de construir un aeropuerto internacional en la meseta de Chinchero no es reciente, durante décadas ha sido un anhelo de diversos sectores del Cusco que demandan un aeropuerto que pueda acoger más turistas. El notorio aumento de visitantes y el crecimiento de la ciudad exigen acciones y decisiones importantes que no pueden ser tomadas de forma apresurada ni mucho menos arbitraria pues en Chinchero no solo ponemos en juego nuestro presente, también nuestro pasado y nuestro futuro.

Desde su gestión como ministro de Transporte en el gobierno anterior, el presidente Martín Vizcarra hizo suyo el sueño de proveer al Cusco de un aeropuerto internacional. Chinchero sería su legado, la gran obra que sacaría al Cusco, y al Perú incluso, de la pobreza, un sello de modernidad que él estamparía en los Andes. No en vano ha colocado al cusqueño Rogers Valencia como ministro de Cultura. Él es la torre que deberá comer de frente a quien se cruce en su tablero.

Pero los peruanos ya no somos distraídos peones. Conocemos muy bien nuestra historia republicana empedrada de falsas promesas. Nuestros caudillos siempre nos prometieron grandes obras – ferrocarriles, puentes, carreteras, colegios – mal planeadas y mal construidas. Las obras costaron fortunas desproporcionadas, pero los caudillos siguieron reproduciéndose y construyendo, se llenaron los bolsillos y se fueron. A los ciudadanos nos tocó enmendar sus errores, poco a poco, con infinito esfuerzo, dejando atrás los sueños propios y los de nuestros hijos.  

Esta historia nuestra tan dura nos debe llevar a estar alertas y pedir explicaciones. Es nuestro derecho saber por qué se continúa con este proyecto cuando ingenieros y especialistas de distintos sectores llevan tantas décadas -como las que tiene este proyecto- sosteniendo, una y otra vez, que Chinchero no es un lugar adecuado para un aeropuerto de ningún tipo pues la meseta está a una altura demasiado elevada.  Además, las montañas que la rodean hacen que sea demasiado peligroso el despegue y el aterrizaje dejando solo una ruta posible que sobrevolaría las zonas arqueológicas y, por lo tanto, las dañaría irremediablemente. Las autoridades conocen bien el tenor de estos informes pues ahora dicen que el aeropuerto de Chinchero solo servirá para vuelos de Sudamérica, lo cual es una aceptación tácita de lo que afirman los expertos. Finalmente, es necesario que las autoridades nos digan por qué nos han presentado a Chinchero como una pampa aislada donde no existe nada, poco menos que un pampón, cuando se trata de un importantísimo centro arqueológico inca, parte integral de un conjunto único en el mundo.

EL 22 de enero, un grupo conformado por doscientos historiadores, arqueólogos, artistas y personas de la cultura del Perú y el mundo iniciaron una petición para que el presidente Martín Vizcarra reconsidere el proyecto del aeropuerto de Chinchero. Una carta formal fue entregada en Palacio de Gobierno hace dos semanas. Cerca de cuatro mil personas han firmado esta petición en la plataforma change.org hasta el momento. El 5 de febrero “Science”, la revista de ciencia más prestigiosa del mundo, cubrió este esfuerzo. En un mes, catorce mil personas de todas partes han compartido la nota de “Science“ en las redes sociales. ¿Por qué? Porque el Cusco – la ciudad, Machu Picchu, el Valle Sagrado y Chinchero – son considerados tesoros de la humanidad. ¿Nuestras autoridades lo saben? Y si lo saben ¿Qué opinan al respecto? ¿Van a darnos explicaciones o van a responder con el silencio acompañado de movimientos de tierras y despliegues de bravura, propios de los antiguos gamonales que nunca daban cuenta de sus actos?

Para los incas, los edificios, la tierra, las plantas, los animales, las montañas y el agua formaban un todo. Los visitantes que aman esta cultura lo entienden así, por eso no sólo van a Machu Picchu sino que recorren el camino inca, visitan los alrededores, prueban sus productos, disfrutan la cultura viva de hilanderas y artesanos y admiran el paisaje, generando ingresos importantes para los habitantes de la zona. No necesitan túneles o elevadores supuestamente invisibles en Machu Picchu, como promete el ministro de Cultura. El santuario de Machu Picchu es la culminación de un camino hermoso, como lo es la iglesia de Santiago en Galicia para los miles de peregrinos que recorren todos los años el camino de Santiago. Es la parte de un todo. Nada debe amenazar la belleza de este paisaje y su historia que son la verdadera fuente de riqueza del Cusco. Un aeropuerto mal diseñado en uno de los lugares más hermosos de esta zona lo destruirá todo y, lejos de traer desarrollo, empeñará el futuro de sus habitantes y de todos los peruanos.