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Una publicación de la asociación SER

Colombia: los otros caminos de la paz

Participé recientemente, gracias a la invitación de la Consejería Presidencial de Derechos Humanos y el Ministerio de Educación Nacional de Colombia, en el Foro Internacional “Cultura y Educación en Derechos Humanos: Una Transformación hacia la Paz”, desarrollado en la hermosa ciudad de Cartagena. Me tocó participar en un panel sobre el aporte de las comisiones de la verdad en una cultura de derechos humanos, tema de actualidad en el vecino país donde se acaba de instalar una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, para dar cuenta del largo conflicto interno que están intentando superar.

La temática del evento no puede ser más oportuna debido a que hoy la discusión sobre la paz en Colombia se ha enredado en demasía. El gobierno se encuentra de salida y tiene cada vez menos capacidad de movilizar decisiones hacia la implementación del Acuerdo de Paz; por otra parte, en el Congreso sus integrantes parecen más interesados en la reelección que en encaminar como se debe el proceso de paz; al mismo tiempo, una oposición virulenta a lo pactado entre el Estado y las FARC-EP va creciendo en el debate electoral, todo ello en medio de un cierto hastío ciudadano. Si bien el Acuerdo de Paz ha cambiado el panorama político colombiano, pocos parecen querer hacerse cargo de su continuidad y su legado.

Este ambiente puede llamar a la desesperanza, pero no fue este el sentimiento que me dejó el foro al que asistí. Allí, más de 600 personas, principalmente docentes y estudiantes de secundaria de todo el país, acompañados de líderes de organizaciones sociales y representantes de instituciones y colectivos de sociedad civil, discutieron formas de avanzar en la construcción de paz desde las aulas y las instituciones educativas, las organizaciones comunitarias, los imaginarios culturales. Y no se trató de debates teóricos, sino de experiencias vivas que estos docentes, estudiantes y líderes ya vienen implementando.

GENeración PAZcífica es el nombre del programa que el Ministerio de Educación impulsa con esta finalidad, y los resultados del mismo se pudieron apreciar durante el evento. Un ejercicio me llamó particularmente la atención. Ocho adolescentes organizaron un debate sobre un tema que les propusieron. La moción presentada para la discusión fue la siguiente: “Después de un proceso de paz, los colegios deberían estar obligados a enseñar sobre el conflicto armado”. La calidad de los argumentos presentados por los y las participantes, con posiciones a favor y en contra, fue impresionante. Independientemente del contenido, el ejercicio me hizo pensar que una generación educada en la argumentación y en la tolerancia es la mejor manera de desterrar construcciones culturales que justifican la violencia.

Algo está ocurriendo con estos jóvenes y estos docentes, y con sus respectivos colegios. De ellos emana con naturalidad un discurso favorable a la paz, que no se enreda en la discusión política que tanta desilusión o desconcierto trae, pero que permite vislumbrar que, silenciosamente, puede estar surgiendo una fuerza social favorable a la paz desde la vida cotidiana. La centralidad de un quehacer educativo bien enfocado es responsable de esta novedad. Este crecimiento imperceptible ha sido puesto en evidencia en este evento, pero va ocurriendo en muchas comunidades colombianas que, no siempre en forma paralela con el proceso político, ha apostado hace rato por la paz en Colombia.

 

Twitter: @RivasJairo