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Una publicación de la asociación SER

Confusión y oportunidad en la situación actual

Vivimos una difícil situación crucial cuyo rasgo más característico es la corrupción en las más importantes instituciones públicas.

Si hace tres o cuatro años nos escandalizamos con el espectáculo de la corrupción en los gobiernos regionales cuyo caso emblemático resultó ser el de Ancash, hoy asistimos atosigados, hartos, al descubrimiento de este fenómeno en el Poder Judicial, el Consejo de la Magistratura y la Fiscalía de la Nación. Los órganos del Estado que tienen que prevenir, juzgar y sancionar los delitos, están infestados por la corrupción.

Mas no solo eso, sino que el Congreso de la República, que debía recibir, acoger, encauzar y dar respuesta a las demandas y aspiraciones populares, protege a los magistrados, jueces y fiscales acusados, denunciados y descubiertos en flagrantes actos de grandísima corrupción.

El cáncer avanzar Y dos partidos -Fuerza Popular y el Apra, que aliados, dominan el Congreso- aparecen protegiendo y alimentando esta infección que amenaza con convertirse en septicemia y pudrirlo todo.

Uno constata que, de nuevo, es el fujimorismo, esta vez en su versión keikista, el canal a través del cual se mueve y ataca este virus de la corrupción que todo lo daña y todo lo pervierte.     

Tal parece que hoy no se trata de delincuentes que buscan amparo y protección en fiscales, jueces y congresistas venales, sino que estamos en una situación en la cual ellos mismos ejercen dichos cargos a tal punto que dos mujeres fiscales valientes los acusan de integrar y liderar bandas criminales. Como si no fueran jueces cometiendo un delito, si no delincuentes administrando justicia.

Tal es la gravedad de la hora presente. Delincuentes travestidos de toga y birrete, criminales de cuello blanco apoltronados en curules bien mullidas. Así, el sistema de administración de justicia está gangrenado, apolillado a tal punto que no es necesario poner el dedo para que salte el pus; no, porque ella brota por muchos puntos del cuerpo institucional y amenaza con contaminarlo todo: el Estado, la política, la sociedad, la cultura y las mentes de las gentes.

¿Qué hacer?

Se ha dicho repetidas veces que toda crisis es una oportunidad. Es verdad, a condición de que actuemos con sagacidad, inteligencia, prudencia y decisión.

1. Darnos cuenta de la gravedad de la situación. Tomar conciencia de que estamos cercanos a tocar el fondo. Esa conciencia colectiva nos hará reaccionar.

Para ello será necesario desarrollar una campaña de concientización a nivel de toda la sociedad hasta la aldea más pequeña y lejana, las familias, las personas más indiferentes. La batalla es de todos y de todas.

2. Llamar a las instituciones de todo tipo: sindicales, políticas, gremiales, culturales, civiles, eclesiales. De esta gran tarea nadie se sienta excluido, nadie se crea con el derecho de excluir a nadie.

3. Defender la Presidencia de la República del ataque artero y sincronizado de las fuerzas de la corrupción, del golpe artero y mañoso de Alan García que, ignorando adrede toda norma y principio constitucional, pretende restarle legitimidad con argucias y falacias de la peor calaña.

4. Demandar el referéndum. Prepararnos para el recojo de firmas porque es obvio que las fuerzas políticas que dominan el Congreso de la República, no lo desean. Ya es hora, como ha dicho el Cardenal Barreto, que se escuche la voz del pueblo.

5. Declarar obsoleto el sistema político y el régimen económico instaurados con el golpe de 1992 y modelados en la Constitución de 1993 hecha bajo la tutela de una dictadura recién instaurada y con vocación de perpetuidad.

6. Es evidente que se necesita un gran reforma política para reconstruir la relación entre el/la representante (autoridad elegida) y los representados y representadas (la ciudadanía) porque ésa es a mi entender la principal fractura que hay cerrar.

Pero también urge la reconstrucción moral de la República, que las cosas vuelvan a tener sentido y las instituciones logren concordar su nombre con la realidad a la que aluden, que cuando se diga servidor público, autoridad, funcionario, congresista, representante, fiscal, juez, magistrado, no nos venga a la cabeza la imagen de una gavilla de latrocinantes al servicio de intereses privados, sino la de ciudadanos y ciudadanas al servicio de la nación, de la gente. Ambas, reforma política y reconstrucción moral, van de la mano.

7. Finalmente, debo decir que me parece que éstas no son labores ni tareas de corto plazo. Hemos de trabajar mirando el mediano y el largo plazo.

En el plazo inmediato urge contener al keikismo y derrotarlo en el referéndum, las elecciones municipales y regionales y, luego, el 2021. Es la fuerza política más nefasta que conozco en el último medio siglo en el país. Y derrotar al alanismo con quien en alianza y maridaje se dan la mano. Entonces se me dirá que Sendero Luminoso fue esa fuerza más nefasta. Puedo concederlo, con la salvedad de que SL actuaba desde fuera del sistema y nunca, gracias a Dios y al pundonor de los pobres, pudo penetrarlo. En cambio el alanismo y el keikismo actúan desde dentro como una ponzoña o un tumor maligno que es necesario extirpar antes de que lo dañen todo.

A eso estamos llamados.