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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Congreso de AMPE: una nueva oportunidad perdida

Convocados por la Asociación de Municipalidades del Perú - AMPE, en el Centro de Convenciones del Jockey Plaza, alrededor de 700 de los 1,800 alcaldes que asumieron sus cargos a comienzos de enero, se reunieron en un Congreso Extraordinario para elegir a su nuevo Comité Ejecutivo Nacional. Y aunque las elecciones fueron el motivo, en realidad, se trató de una mezcla de feria de oportunidades de negocios con una rush de 30 charlas dadas por altos funcionarios del gobierno central[1] que pugnaron por hacerse un sitio en el apretado programa de dos días que terminó el primero de febrero. Una verdadera ganga, porque serán muy raras las ocasiones que tengan de dirigirse a tantos alcaldes, sin que les cueste un mango.

El evento fue inaugurado por el Presidente de la República, quien–sin leer el discurso escrito ya preparado- se dirigió a ellos como un conocedor de las relaciones entre los poderosos burócratas del gobierno central y autoridades que cuando llegan a Lima sienten que los votos con los que fueron elegidos pesan menos que la corbata del director o del asesor que los atiende. Fue una intervención breve que por ratos recibió aplausos corteses, pero no entusiastas. Mencionó la urgencia de pensar en el Perú y en las necesidades de la gente. Señaló que políticos y autoridades habían perdido la confianza ciudadana, y era imperativo recuperarla para hacer el país gobernable. Indicó que el presupuesto de inversiones para los gobiernos locales se había incrementado en un 65% y que había dispuesto que las transferencias del canon minero, que solían hacerse en junio, se hicieran en febrero, ampliando así, el tiempo de su ejecución. Finalmente, los llamó a comprometerse en la lucha contra la corrupción.

Sobre este tema, esa misma mañana, la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Liliana La Rosa, fue muy clara al decir: “Hoy es un día donde el Perú indignado, donde el Perú molesto afirma que no querremos corrupción y que no vamos a tolerar esto que nos indigna, que es el maltrato a nuestra gente, ese mal, llamado injusticia”. Al día siguiente el Contralor y la presidenta ejecutiva del OSCE explicaron cuáles deben ser los procedimientos a seguir en compras, licitaciones y contratos desde su propio diseño y los mecanismos de control. Digamos que avisados están, pero, aviso o publicación de reglamentos en El Peruano no bastarán, si no hay funcionarios del gobierno central que se compren el pleito en la supervisión y la fiscalización.

Además, intervinieron otros cinco ministros, la presidenta ejecutiva de Essalud, dos presidentes de Comisiones del Congreso y las más altas funcionarias del MEF en lo relativo a Presupuesto Público e Inversiones. Cualquier observador podría haber calificado al encuentro como una reunión de alto nivel. Una puesta al día de políticas y planes gubernamentales y sus objetivos, explicados por los mismos conductores de las instituciones públicas y, a la vez, la posibilidad de acercarse a ellos, de que se conozcan con los alcaldes, de que reciban sus inquietudes, de iniciar un diálogo que se extenderá en los siguientes años. Todos temas importantes, a tratar delante de los managers del Estado en el nivel local, ahí donde se le siente ausente, ahí donde los nuevos líderes proclamados por las mayorías electorales inician un ciclo que puede ser virtuoso y no más de lo mismo.

Era una asamblea para reunir a los generales que explicarían la estrategia y objetivos tácticos a capitanes y sargentos que enfrentarán a la pobreza en el terreno, si se me permite la comparación castrense. El problema, sin embargo, es que no basta un diseño bien intencionado para garantizar buenos logros. El voluntarismo puede hacer fracasar los planes más ambiciosos. Y este fue el caso. Ni siquiera un académico habría podido seguir a treinta charlistas con lápiz y papel en mano, tal la velocidad con que se sucedieron los expositores. Pero, además, no fueron repartidas copias de las ponencias o al menos resúmenes o un disco con sus power points. No sólo eso, la falta de tiempo impidió que se hicieran preguntas a los expositores y éstos, o sus asesores, no se quedaban a dialogar con los asistentes que, además de los alcaldes, fueron un regidor y un funcionario por municipalidad.

El flujo de asistentes y conversaciones iba por otro lado: pululaban fuera del auditorio guapas impulsadoras y vendedores de camiones recogedores de basura, autos para el serenazgo, cámaras de videovigilancia, uniformes, todo tipo de tachos de basura, semáforos, lanchas, motos, retroexcavadoras, consultorías para promover el turismo o diseñar planes de desarrollo; programas informáticos, equipamiento y mobiliario, consultorías de marketing para cacarear los huevos que pongan futuras gestiones y hasta carros areneros!, fuera de los stands de más de veinte institutos gubernamentales que llenaban a los alcaldes de bolsas, gorras, maletines, folletería, lapiceros y cuanta chuchería se pueda uno imaginar.

Simultáneamente, los alcaldes eran abordados por los candidatos a la nueva directiva de la AMPE, una plataforma y trampolín político muy eficaz, que despertó el interés de siete grupos que compitieron en la elección que se efectuó al día siguiente. El intercambio de saludos y reconocimientos era muy importante para funcionarios bisoños que tienen que aprender a gobernar en un plazo cortísimo, dispuestos a escuchar consejos hasta de conejos, pero a la vez, desconfiados de vendedores de sebo de culebra. Como un detalle del desafío, Vizcarra les recordó que, si en enero del año pasado se habían gastado 200 millones en inversiones, este año, se había invertido apenas 30 millones (!)

Cuando comenzó el segundo día, Javier Iguíñiz, Secretario del Acuerdo Nacional, explicó cómo esa convergencia de ministros, jefes de partidos políticos y delegados de la sociedad civil debate y acuerda políticas que luego producirán cambios. Le siguió Javier Abugattás, que habló sobre el Plan Estratégico Nacional, pero menos de cincuenta alcaldes los escucharon. Charlas magistrales como esas merecieron, sin duda, un mejor aprovechamiento. La explicación del ausentismo estuvo en que la cena que había ofrecido la noche anterior el candidato Álvaro Paz de la Barra, alcalde de La Molina, a sus colegas de provincias, se había prolongado hasta tarde.

Enterado del suceso, otro de los candidatos, denunció el hecho de que trataran de comprar el voto de los alcaldes con dádivas, pero ya la votación estaba en marcha en un improvisado toldo, bajo el sol de Tomboctú que se desplegó el primer día de febrero. Al final, ganó Paz de la Barra, que había armado su lista al margen de Acción Popular, el partido que auspició su triunfo en octubre. Su vicepresidente será el alcalde de Chiclayo (Podemos) y su secretario, el hermano del gobernador regional de Arequipa. Derrotó a la lista de Alianza para el Progreso (liderada por el alcalde provincial de Lambayeque), que en el papel tenía más simpatizantes. También derrotó a la que armó Podemos junto con Somos Perú, otrora gran fuerza municipal que ahora es sólo una sombra. Esta lista la encabezó el alcalde de Huarmey y quedó en tercer lugar, pese a que desde el día anterior movilizaron a una portátil con polos azules.

Habrá que ver si la Secretaria de Descentralización de la PCM ha aprendido la lección y organiza nuevos encuentros en que se dé tiempo al diálogo y a la posibilidad de establecer puentes y alianzas entre los distintos niveles de agentes del gobierno central y subnacionales, como en todo Estado que se precie de moderno.

Foto: Facebook AMPE

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[1] En realidad, entre los 30 charlistas hubo algunos que no eran funcionarios públicos como Mariela Cánepa, del World Wildlife Fund; el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos; Adolfo Rojas, del Observatorio del Medio Ambiente; Sonia Alda, del Centro Internacional de Gobernabilidad; María del Carmen Sacasa del PNUD; Hákan Silfverlin de la fundación sueca Dispurse; y el padre Gastón Garatea SS.CC., de Inversión por la Infancia.