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Una publicación de la asociación SER

Contra el negacionismo (III): Incluyendo las voces militares

Esta es la tercera columna que escribo con la intención de evidenciar las falsedades sobre las que se construye el discurso negacionista en el país. Este hecho se debe a que la intención no enunciada, lejos de buscar la verdad, es procurar la impunidad de quienes fueron responsables de graves violaciones a los derechos humanos.

En esta columna me detendré en otra de las afirmaciones comunes del discurso negacionista, cuando señalan que la voz de las víctimas del terrorismo – en especial militares y policías – no ha sido reconocida ni incluida en los procesos de construcción de memoria sobre el período de violencia política. Este enunciado es mentiroso y explicaré por qué.

La crítica negacionista alude siempre a una supuesta ausencia de la versión de las instituciones castrenses y de sus integrantes en el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). De nada sirve que un ex militar haya integrado esta Comisión, ni que un número importante de militares y policías de distintos grados hayan prestado su testimonio. Por supuesto nunca se menciona el reconocimiento explícito que la CVR realiza a militares y policías que cayeron combatiendo el terror de senderistas y emerretistas.

Esta omisión, desde luego, es intencional y va más allá del informe de la CVR. El Registro Único de Víctimas (RUV) es, en la actualidad, el principal repositorio de testimonios sobre la violencia política en nuestro país. La información recogida supera largamente el número de testimonios recabados por la CVR. El RUV es un producto del Consejo de Reparaciones, un colectivo integrado por personas con comprobado prestigio personal y trayectoria democrática. A lo largo de los años, militares y policías en situación de retiro han formado parte de este grupo, y han aportado a una labor que se ha caracterizado por estar basada en la tolerancia y la construcción de consensos. Parte de este esfuerzo institucional ha estado orientado a incorporar y visibilizar en el RUV a militares y policías víctimas del terrorismo, y a sus familiares cuando correspondía. Esta tarea permitió identificar más víctimas de las que inicialmente fueron informadas oficialmente por los Ministerios de Defensa e Interior.

El memorial El Ojo que Llora es otro blanco constante del discurso negacionista. La principal crítica es que allí se han inscrito nombres de terroristas. Lo que probablemente no se conozca es que los nombres allí inscritos son de personas muertas y desaparecidas previamente incluidas en el RUV, y legalmente no es posible inscribir en este registro a personas que integraron movimientos subversivos. Esta verdad es ignorada porque lo que se intenta es destruir la verdad incómoda que este monumento enuncia. No resulta extraño, por tanto, que este memorial haya sufrido agresiones verbales, sino que incluso haya sido atacado en diversas ocasiones, como una expresión simbólica del intento de destruir la verdad que allí se simboliza.

La CMAN es la entidad estatal encargada de coordinar la entrega de reparaciones a las víctimas inscritas en el RUV. Se encarga directamente de las reparaciones económicas, simbólicas y colectivas, y le corresponde empujar a las demás instituciones responsables de los demás programas de reparación. En diversos momentos de su historia, la CMAN ha generado espacios de diálogo con diversas organizaciones de afectados. En todos esos intentos se ha buscado incorporar a representantes de las organizaciones de víctimas policiales y militares. No siempre el diálogo con ellas ha sido sencillo, especialmente cuando algunas de sus líderes han entrado a estos espacios con un discurso excluyente (“nosotros somos las verdaderas víctimas del terrorismo”) y a veces con modales prepotentes. Más allá de esta constatación, lo que he podido percibir es una voluntad institucional – no siempre permanente, es cierto – de recibir y escuchar a todas las víctimas, incluyendo a las que provienen de la familia militar-policial.

En los últimos tiempos, el Lugar de la Memoria (LUM) ha pasado a engrosar la lista de entidades bajo ataque del negacionismo. Se le achaca que el guión museográfico es sesgado y recoge solo una versión de la historia. Lo que no se reconocerá es que la construcción de ese guión ameritó numerosas reuniones con distintos sectores involucrados con el período de violencia, incluyendo representantes de organizaciones de víctimas policiales y militares, y representantes de las propias fuerzas del orden. Varios de estos testimonios están claramente recogidos en la exposición permanente.

Lo que este apretado recuento muestra es que todas las iniciativas de memoria en el período post CVR han procurado incorporar intencionalmente la palabra, el testimonio, el aporte de víctimas militares y policías, de las organizaciones que las representan, y de sus respectivas instituciones. Se ha hecho con diferentes niveles de involucramientos y de éxito. Por tanto, es falso aquel discurso que indica que estas voces nunca fueron consideradas. Todo lo contrario, los esfuerzos se han hecho, aunque no son reconocidos por quienes mantienen un discurso cerrado que solo busca abatir cualquier atisbo de cuestionamiento a las fuerzas del orden.  Como lo he dicho anteriormente, hay menos intención de efectuar este tipo de reconocimientos que ocultar bajo un manto de impunidad los horrores que también se cometieron. Eso es lo que no debe permitirse.

 

Twitter: @RivasJairo