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Una publicación de la asociación SER

Coronavirus: ¿enfermedad o vacuna social?

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

“¿Durante esos días (de cuarentena) quién me va a dar de comer?”

Jimena Limay. Politóloga

De todo se ha dicho sobre el coronavirus, COVID 19 o SARS-CoV-2, como prefieran llamarlo, desde castigo divino hasta un respiro para el planeta. Lo cierto es que, desde su origen en China y su expansión al resto del mundo, el coronavirus se ha convertido en un jalón de orejas para nuestros países y, por tanto, en una gran oportunidad de aprendizaje.

Hace algunos días, Emmanuel Macron, presidente de Francia y gran defensor de las transnacionales y empresas como buen alumno de la escuela liberal de Chicago, cuestionaba dicho sistema afirmando que esta pandemia ha demostrado que la sanidad gratuita no resulta ser costo o carga, sino un “bien precioso, una ventaja, indispensable (…) y que este tipo de bienes y servicios tienen que estar fuera de las leyes del mercado”. Aunque parezca una simple reflexión, las palabras de Macron permiten develar una nueva grieta en este modelo de desarrollo que tantos países han venido adoptando como una receta para el éxito. Una grieta que se suma a las causadas por la constante fragilidad de la banca y a las recientes insurrecciones sociales, siendo Chile el máximo exponente en la región.

Para el Perú, el escenario no es muy distinto. El sistema de salud peruano, desde siempre, ha sido limitado y precario. Incluso durante la época de la colonia, el acceso a servicios de atención en salud era restringido, medido y segregado. Actualmente, somos uno de los países con más bajo porcentaje del PBI destinado al sector salud en América Latina. No obstante, se espera que se acorten las brechas con el Decreto de Urgencia Nª 017-2019 que establece medidas para la cobertura universal. De igual forma, cabe señalar que la inversión en salud ha tenido un aumento significativo en los últimos años. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que se han venido realizando, el escenario de emergencia sanitaria nos lleva a preguntarnos una vez más: ¿es suficiente?

Ante la medida adoptada por el Gobierno que establece la cuarentena general en el territorio nacional, millones de familias cuyo ingreso depende del trabajo diario se encuentran hoy ante una compleja situación. Y es que en un país en el que el 73% de la fuerza laboral es informal toda medida de aislamiento perjudicará a la economía familiar y un bono de 380 soles destinado a la población vulnerable queda corto.

Por otra parte, el miedo colectivo se percibe fácilmente en una clase media que ha decidido abastecerse de papel higiénico como si la emergencia sanitaria se tratara de un retorno del cólera, en ocasiones romantizando la cuarentena, en ocasiones con críticas sesgadas hacia quienes deciden salir de casa para ver cómo subsistir, y una clase acomodada preocupada por no contar más con la asistencia de sus empleados para las labores del hogar.

De la moneda, existen una y mil caras, en gran parte debido a que toda decisión que se asuma nunca va a ser la correcta en un país como el Perú, en el que la desigualdad permanece latente a pesar del crecimiento económico, pero sobre todo porque el problema se está enfocando desde un análisis contextual. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué pasará cuando lleguen nuevas enfermedades?, ¿qué hay de las enfermedades que tenemos pendientes?

Más allá de los muchos decretos de urgencia que se puedan crear, la prioridad que se tendría que dar a la salud y al bienestar de la población debe mantenerse permanentemente dentro de la agenda pública aspirando a la reforma integral de un sector tan complejo como Salud. Complejo por tres razones 1) se encuentra administrado por cinco entidades (Ministerio de Salud, EsSalud, Sanidades de la PNP y las FF.AA y sector privado) que trabajan independientemente, generando deficiencias en la coordinación y, en ocasiones, la superposición de funciones; 2) por ser un sector que agrupa a más de trece grupos profesionales con intereses diversos; y 3)  porque, a pesar de ser un sector descentralizado, el alcance territorial del Estado sigue siendo escaso en lo asistencial y en lo infraestructural.

El coronavirus no ha llegado a enfermar a nuestro país que ya padecía de diversos males, entre ellos la tuberculosis, el dengue, la anemia y aquel que posiblemente sea el más dañino, la desigualdad social. Entonces, ¿cuál es el virus al que no estamos prestando atención? Con la precariedad laboral y el colapso del sistema de salud expuestos en la coyuntura, todo parece apuntar a que la enfermedad es más bien socioeconómica y, por tanto, la mirada debe dejar de ser únicamente biomédica y pasar a ser una mirada social integral.

El jalón de orejas va a continuar hasta que no se aprenda la lección, y es que la diferencia no es tanta entre la trabajadora de un fastfood cuyas condiciones de trabajo son altamente riesgosas y un serumista que tiene que ingeniárselas para cumplir con su labor, entre la angustia generada por la larga espera para obtener una cita médica y la interminable angustia de conseguir el pan diario. Lo precario no se limita a un sector. Mientras no se reflexione ello para repensar la prioridad que se le debe dar a la salud, el coronavirus nos va a dejar más dudas que respuestas. ¿Será posible que la enfermedad se haya convertido en vacuna?

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Jimena Limay. Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de mujeres jóvenes en el análisis de la política nacional e internacional.