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Una publicación de la asociación SER

Cruz apay: El renacimiento de la fiesta de la cruz en los pueblos de Socos

                                                                                   (Imagen 1)

Fotos: Jenifer Espino

En los pueblos de la sierra del Perú la Fiesta de la Cruz era una de las más grandes y pomposas. En el valle del Vilcanota de la región de Cuzco y en Pampas de Huancavelica la noche del 1 de mayo en las capillas velaban las cruces (Cruz Velacuy), y se bailaba, cantaba y rezaba toda la noche, adornando la cruz con flores: de rosas, claveles, geranios y lirios del campo. El 3 de agosto, entre grandes cohetes, música de flautas, bombos y pinkullus, los mayordomos ayudados por los indígenas se trasladaban a las iglesias, y en  al finalizar la misa hacían bendecir las cruces en el altar mayor. Al atardecer, entre cantos, qarawis y lágrimas, los indígenas pasados de copas conducían las cruces a los cerros más altos del lugar  (Arguedas, 1989, págs. 83-86).

En Ayacucho, principalmente en los pueblos del distrito de Socos, la Fiesta de la Cruz representaba la integración y permitía brindar un homenaje a los apus más importantes. Los varayuq, alguaciles y los pobladores tras la misa solemne y la bendición del cura, transportaban las cruces más imponentes hasta los principales apus, y lo hacían con danzas, fuegos artificiales, banda de músicos, banquetes e incluso corrida de toros,  mientras que las cruces más pequeños pintadas de verde o amarillo eran colocadas a la salida de los caminos.[1] En los pueblos de Socos mediante la Fiesta de la Cruz homenajeaban al apu Kirukay y para ello en la cumbre del dicho cerro edificaron una pequeña capilla de piedra y barro, en la cual hacían pagos al cerro, desarrollaban las competencias de pulseo y un conjunto de celebraciones amenizadas con cantos y bailes, con la participación de los indígenas de los diferentes pueblos de la zona. 

Sin embargo, desde la década de los 80s y el inicio de las incursiones senderistas se fue dejando de lado la celebración, y en la actualidad en la mayoría de los pueblos ha desaparecido.[2] Sin embargo, los dirigentes de la comparsa carnavalesca “Brisas de Kiruray” del distrito de Socos, conocedores de la importancia de la Fiesta de la Cruz llegaron a un acuerdo con las autoridades y pobladores del pueblo de San Lorenzo de Cochabamba para retomar dicha celebración.

El domingo 27 de enero más de un centenar de personas llegaron en buses, combis, taxis y movilidades particulares al pueblo de San Lorenzo de Cochabamba en medio de una algarabía carnavalesca, de cantos y danzas (Véase imagen  N° 1).   

Reunidos en la capilla del pueblo, previo acuerdo con las autoridades locales, la representante del Ministerio de Cultura y los pobladores, pidieron el permiso del santo patrón del pueblo, San Lorenzo para transportar la cruz adornada con flores, en medio de hermosas canciones, acompañadas por el violín y la guitarra, y los bailarines que se dirigieron al apu Kirukay. Previo a un descanso a la mitad de la cuesta, animados con las melodías, el canto del carnaval, la chicha y el trago, la cruz arribó a la cumbre de Kiruray. Bajo el sol de un atardecer poco intenso por la aparición de las nubes negras que anuncian la proximidad de la lluvia, levantaron la cruz en la cumbre del cerro, no sin antes hacer un pago al cerro en la capilla, seguido de danzas y cantos (Véase imagen N° 2).

Socos

Para los pobladores de Socos la cruz del apu Kiruray es el elemento protector, vigía y símbolo del mismo pueblo. Según la concepción de los habitantes de la comunidad de San Lorenzo de Cochabamba la cruz protege y cuida de las granizadas, heladas, lluvias torrenciales, sequías y de cualquier fenómeno de la naturaleza. Ubicada en la cumbre del apu más sobresaliente y al centro de los pueblos de Sapsi, Luyanta, San Rafael, San Lorenzo, entre otros es el elemento que ordena y pone fin a los conflictos territoriales por ser un hito natural. Como un guardián pone límite a los abigeos, la llegada de los malos transeúntes y en los años ochenta protegió a los pobladores de las incursiones senderistas. Para los viajeros de antaño divisar la cruz desde las abras más lejanas era una seña de la existencia de un pueblo y para los propios habitantes representaba la proximidad a su pueblo, motivo del retorno inmediato y la confianza de ser parte de ella. En definitiva, la cruz del apu Kiruray es el símbolo del pueblo mismo. 

Al atardecer, bajo las nubes negras y la lluvia que se aproxima, la cruz queda solitaria, pero imponente, con la responsabilidad de proteger y resguardar a los pobladores de Socos. Mientras los acompañantes, músicos y bailarines con canciones y melodías tristes se despiden hasta el próximo año. 

 

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[1] Agradecemos el conocimiento compartido de don Ricardo Bautista (de 67 años de edad), ex trabajador de la hacienda Cochabamba, actual pueblo de San Lorenzo de Cochabamba.

[2] Nuestro reconocimiento a don Jacinto Sacsara (de 68 años de edad), por ilustrarnos sobre los cambios del carnaval soqueño.