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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Curamba o cómo aprovechar el patrimonio

El sitio arqueológico de Curamba se encuentra en las alturas de la margen izquierda del río Pachachaca (3,646 msnm), en una zona de influencia que corresponde a los distritos de Pacobamba, Kishuará y Huacarama, en la provincia de Andahuaylas. Corresponde a un sitio con ocupación Inca, y pareciera, según los aun poco estudios dedicados a este complejo arqueológico (como los de Raúl del Mar, Thierry Jamin, William Brooks y Luisa Vetter) haber constituido uno de los centros administrativos, religiosos y militares incas más importantes de la región, mostrando una arquitectura de piedra vasta elaborada y sofisticada, con diversas estructuras arquitectónicas cuadrangulares y rectangulares (más de 50), en forma de “canchas“, con plazas internas, de distintos tamaños. Destaca el Ushno, en un extremo de una plaza grande, de construcción piramidal trunca, con tres plataformas que por sus características especiales (escalones y terraplenes) parece ser un recinto sagrado.

Sin embargo Curamba ha sido descrita históricamente por los antiguos cronistas desde el siglo XVI, por su vocación minera y que se manifiesta en la existencia de cerca de un millar de hornos de fundición metalúrgica, ubicados en un montículo en las faldas del cerro Intiwatana, el cual corresponde al sector metalúrgico del complejo arqueológico. Esta función pareció responder no solo a la presencia cercana de minerales sino a su posición estratégica entre dos quebradas, que facilitó la presencia de fuertes vientos que actuaron como un gran fuelle natural para la fundición de la plata, cobre, oro y plomo,  en los mencionados hornillos llamados “huayras”. Curamba en tal sentido pareciera haber constituido uno de los grandes centros poblacionales minero-metalúrgicos del Tahuantinsuyu, conectada a otras ciudades incas como Sondor (antes chanca), Cochacajas, Inkatambo, Ccoriwayrachina, Choquequirao.

Todas estas evidencias, además de importantes hallazgos de cerámicos y restos humanos y animales, debieran constituir una nueva oportunidad para Apurímac para trabajar en poner en valor este importante patrimonio cultural, que no solo es material sino que también constituye el escenario de una festividad  celebrada cada 22 de junio, en que se realiza el “Tinkuy”  (encuentro) masivo que simboliza la  llegada y presencia del Inca en esta zona siendo recibido por el curaca de Curamba. En esta ceremonia participan como actores tanto estudiantes como docentes y campesinos  de las comunidades de los distritos mencionados, con vestimentas de hermoso colorido, danzas e instrumentos musicales, que reflejan, como ocurre muy cerca en Sondor (Pacucha), una clara manifestación de afirmación cultural que se reitera año tras año y que debiera formar parte indesligable de las propuestas de desarrollo de estos territorios de tradición chanca.

¿Cuantos turistas visitan estos sitios? ¿Cuánto se benefician las poblaciones locales de su aprovechamiento responsable? ¿Cuánto aparece su puesta en valor en las prioridades de las autoridades regionales y locales? ¿Cuánto sabemos de estos lugares? Podemos decir con certeza, pecando de optimistas, que muy poco. Ya antes nos habíamos referido a otra expresión de patrimonio de escasa valoración en Apurímac como es el complejo arqueológico de Saywiti, nada lejos de Curamba. ¿Se podrá ir avanzando en promover iniciativas turísticas que cubran un rico circuito desde Cocharcas, Sondor, Curamba y Saywiti, que incluyan sus diversos atractivos culturales como parte de su desarrollo territorial?

Curamba está a unos 50 km de Abancay y ahora la nueva carretera une esta ciudad con Andahuaylas y Ayacucho, pasando muy cerca de este sitio arqueológico. Al igual que Saywiti, Curamba espera ser ‘descubierto’ con mayores trabajos de investigación que contribuyan a conocer interiormente el pasado de Apurímac, reforzando la identidad de estos pueblos que mantienen su tradición agrícola y comunal como activo cultural invalorable. Las autoridades regionales y municipales, la sociedad civil y las empresas privadas responsables tienen la palabra.