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Una publicación de la asociación SER

Dakar ¿100% peruano?

En un artículo anterior se dio a conocer las implicancias del Rally Dakar ya sea los efectos negativos sobre el patrimonio cultural y natural comprobados en otros países donde realizó, como los riesgos que puede generar ante la vulnerabilidad de muchos de los lugares por donde pretende atravesar, además de las limitadas capacidades de los sectores Cultura y Ambiente para asumir el necesario control de dicha competencia. Igualmente se señaló por declaraciones de los mismos empresarios dedicados a la actividad turística, que los beneficios que ofrece la franquicia internacional Rally Dakar no son tan rentables para la promoción del turismo peruano, además de significar para el país un gasto de más de 20 millones de dólares.

La información oficial (agencia Andina) afirma con mucha satisfacción que el Dakar “será 100% peruano”, en alusión a que el Perú será el único país por cuyo territorio atravesarán los vehículos en la competición del próximo enero. ¿Cómo saber si es motivo de halago o preocupación?

La Organización del Dakar -mediante Twitter- ha informado que se viene cumpliendo con los requisitos y procedimientos de reconocimiento de los sitios arqueológicos y que serán protegidos para no afectarlos. Esperaríamos del Ministerio de Cultura un informe oficial señalando que se está haciendo en todos los sitios que podrían verse afectados, que se ha completado la correspondiente evaluación arqueológica, y que se ha previsto un plan de contingencias. Cabe señalar que el Ministerio de Cultura ha informado a través de la Agencia Andina de Noticias que se está desplegando un conjunto de medidas (señalética, brigadas especiales, uso de drones, elaboración de mapas) para evitar algún daño al patrimonio arqueológico. Por su parte, el Ministerio del Ambiente también participará para garantizar un adecuado manejo de los residuos, la protección de las áreas naturales y la exigencia de mecanismos de compensación por la emisión de gases de efecto invernadero.

La reacción proactiva del Ministerio de Culturar frente al Rally Dakar muestra que sí se puede disponer de recursos y de medidas que busquen proteger el patrimonio cultural, cuando hay interés y decisión. Y no se trata solo de garantizar el resguardo de 30 sitios arqueológicos considerados en la ruta de la competición, sino de considerar los miles de sitios puestos en valor formalmente, pero en una situación de abandono y extrema vulnerabilidad en los hechos. Igual reflexión podemos tener del Ministerio del Ambiente frente a la problemática del cambio climático y los compromisos del país para encararla.

Probablemente más importante que el Dakar y con mucho menor difusión comunicacional, habría que reconocer y resaltar como plausibles una serie de iniciativas del Sector Cultura que buscan valorar y aprovechar social y económicamente el patrimonio cultural. Tal como lo menciona oficialmente el gobierno, se ha constituido Puerto Cultura, para promover  la puesta en valor de patrimonio arqueológico e histórico para uso social (Mangomarca, en San Juan de Lurigancho, Tambo Inga, en Puente Piedra, Huaycán de Pariachi, en Ate, Belén, en Cajamarca, y Valdelirios, en Ayacucho, entre otros); también se cuenta con el primer préstamo del BID para el Sector Cultura por  418 millones de soles, destinado a la recuperación del patrimonio cultural de los centros históricos de Lima, Arequipa, Trujillo y Ayacucho. Asimismo, se ha establecido Museos Abiertos, facilitando el ingreso gratuito, con un incremento significativo de visitantes (más de un millón a nivel nacional). Evidentemente falta mucho por hacer y, por lo tanto, otras debieran ser las prioridades de las autoridades correspondientes antes que dedicarle recursos al Dakar.

No se trata simplemente de una “oportunidad extraordinaria” para el Perú, como señala la ministra del Ambiente, porque se realiza completamente en el Perú, y que por lo tanto el reto es “tener un Dakar con el nivel de competencia que requiere”. O de desplegar las acciones más adecuadas para evitar algún efecto negativo sobre el patrimonio arqueológico, como también afirma la ministra de Cultura.

¿Por qué el Rally Dakar debiera ser el medio en el cual invertir para que el Perú muestre al mundo su patrimonio cultural y natural? ¿Es pertinente promover competencias que incrementan la emisión de GEI? ¿No existen otras formas de dar a conocer nuestras riquezas desde un enfoque de inclusión y de apropiación social y local de los beneficios que ello genera, particularmente para las poblaciones locales? ¿Forma parte de una política nacional de puesta en valor social y económica del patrimonio cultural y natural desde un enfoque de desarrollo territorial? ¿Qué esperamos lograr como beneficio inmediato y a mediano plazo de este evento? ¿Cuáles son las implicancias de esta forma de querer promover un turismo responsable sino se garantiza como punto de partida la protección y sostenibilidad de nuestro patrimonio? Finalmente ¿Estamos en condiciones para evitar los efectos y enfrentar los riesgos ya mencionados que pueden producirse como resultado de esta competencia vehicular?

Lo menos que se debería esperar no es que coincidamos con los enfoques respecto al Rally Dakar, pero sí que se den las condiciones para un diálogo previo entre todos los actores y sectores involucrados: gobierno, operadores turísticos, comunidades locales, organizaciones culturales y ecologistas en aras de buscar consensos para llevar a cabo iniciativas que respondan a los intereses del país en una lógica de inclusión, sostenibilidad y de equidad.

 

Carlos Herz: Magister en Antropología y en Gobierno y Políticas Públicas. Doctorando en Estudios Andinos. Docente en Políticas Públicas en la PUPC. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.