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Una publicación de la asociación SER

De nosotros depende la composición del Congreso

Foto: El Búho

Víctor Mendoza Barrantes. Abogado y educador. Director de la Comisión de Justicia Social de la diócesis de Chimbote

Estamos cerca de las elecciones para el nuevo Congreso y no existen las ganas ni el apasionamiento para decidir nuestro voto que tuvimos al movilizamos para el cierre del aparato legislativo. ¿Por qué?

Porque las esperanzas de ver nuevos rostros con capacidad y legitimidad, nuevas propuestas de desarrollo y la posibilidad del fortalecimiento de reformas no están presentes en el debate. Los grandes temas que nos deben convocar relacionados con la reforma política y judicial, el sistema económico preponderante, la defensa de la ecología y la violencia contra la mujer no aparecen en los planes de los candidatos como asuntos serios. Además, Ancash no está ajena a los acontecimientos que suceden en el país: más de lo mismo con cambios de caretas y las “nuevas caras” tienen prácticas iguales o peores que los “políticos tradicionales”.

En Ancash compiten 21 agrupaciones políticas. Muchos de sus integrantes tienen –o han tenido-  vínculos con el fujimorismo y con Cuenta Conmigo (movimiento político del condenado ex gobernador regional César Alvarez) a través de los gobiernos locales o en las distintas instancias regionales. Otro grupo de candidatos no tiene vínculos con las organizaciones sociales, gremiales y afines y aparecen solo en las campañas electorales.

Si buscamos candidatos conocedores de la problemática regional sólo existen unos pocos, que han participado como sujetos activos de los procesos de lucha y reivindicación de derechos pero no son conocidos masivamente. Sus campañas son austeras por falta de recursos económicos. En cambio, hay un buen número con poder económico, en particular un ex congresista fujimorista que pretende volver con el apoyo de los poderosos locales. Este ha inundado de propaganda las principales ciudades de la región y, en las zonas rurales y urbano marginales, no deja de llevar regalos y falsas promesas ajenas a la función legislativa.

Tampoco podemos dejar de mencionar que un número significativo de candidatos tiene denuncias en trámite y sentencias condenatorias que van desde delitos de corrupción de funcionarios hasta violencia familiar y omisión a la asistencia familiar. Y, en contraposición a los necesarios debates, abundan las caravanas de camionetas 4x4 y grandes fanfarrias pagadas.

Chimbote, otrora centro del poder sindical y popular ya no es lo que fue. Actualmente existe un pragmatismo que sorprende inclusive en un partido político de izquierda.  Ante esta gris situación mantenemos la esperanza que en los próximos días el aporte informativo de entidades oficiales y algunas de la sociedad civil como la Red de Activistas Jóvenes de Ancash ayude a emitir un voto reflexivo y consciente. Que los poderosos no vuelvan a imponerse con la manipulación mediática y sus exagerados recursos en favor de sus representantes. No queremos más de lo mismo.

Ansiamos un país de cara al Bicentenario en el que fortalezca la lucha contra la corrupción y se sancione oportunamente a sus actores, que tome en serio las reformas institucionales y la restitución, reconocimiento y promoción de los derechos económicos, sociales y culturales, que apueste por el cambio de modelo de desarrollo y no descuide la respuesta a la violencia contra la mujer y la trata de personas. 

De nosotros depende que el nuevo Congreso responda a las exigencias históricas y, a través de un voto consciente y responsable, contribuyamos a que su composición tienda a cierto equilibrio para el afianzamiento del camino democrático y el goce de derechos de todas y todos.