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Una publicación de la asociación SER

¿De qué hablamos cuando hablamos de Cultura?

Foto: CampUCSS - Universidad Católica Sedes Sapientiae

A propósito de los nuevos destapes de corrupción que han venido con los “CNM audios”, el embajador Allan Wagner (presidente de la Comisión de Reforma del Sistema de Justicia) sostenía en una entrevista que “más allá de los cambios institucionales nuestro país necesita un cambio cultural”. Esta afirmación – aunque cierta – no es asumida como tal por la mayoría de ciudadanos ni por las autoridades. La reflexión sobre el papel de la cultura en la construcción de una nueva ciudadanía sigue postergándose.

Si todo lo que pasa a nuestro alrededor, desde el ámbito individual hasta el plano colectivo y social, es cultural ¿por qué nos cuesta abordarlo como un tema prioritario? ¿Por qué seguir invisibilizando el componente cultural en la construcción y deconstrucción de nuestros procesos sociales, comportamientos y patrones que nos empujan a ser y hacer de tal o cual manera? ¿Se puede explicar la corrupción sólo desde el punto de vista institucional, económico o legal sin abordar los factores culturales que la sostienen? ¿Se puede hablar de machismo y de discriminación sin hablar de los imaginarios colectivos que vamos creando y reforzando en sociedad respecto al “otro”? ¿Podemos hablar de reforma política sin trabajar a la par en una verdadera revolución cultural que nos permita hacer una nueva ciudadanía?  Necesitamos exponer el iceberg en su magnitud y – como sostiene Víctor Vich – “mostrar la base cultural de problemas aparentemente no culturales” (Vich, 2018). En el Perú se avanza hacia el reconocimiento de la cultura o de las culturas como parte de nuestra diversidad y realidad social, como un derecho que debe ser garantizado, como  un elemento de inclusión y de transformación. Pero el avance es lento y desigual.

El primer reto es trabajar sobre el concepto de cultura. La noción de ésta asociada sólo al pasado, en su aspecto inerte, intocable y distante (cual pieza inalcanzable en el museo) debe ser superada. La noción de cultura asociada sólo a los modelos occidentales en detrimento de las culturas originarias y de la cultura viva debe ser interpelada. Para ello es necesario poner sobre la mesa del debate aquellos elementos que nos identifican en nuestra diversidad y que nos dan sentido de pertenencia, pero también exponer los procesos históricos, valores, limitaciones, estándares y patrones que definen quiénes somos y que orientan nuestros códigos de convivencia. Este proceso de construcción y de deconstrucción alrededor del concepto de cultura es un trabajo que la comunidad/sociedad civil debe asumir en conjunto con los gobiernos locales, las instituciones públicas y las organizaciones sociales en su conjunto, pues el trabajo en este sector es – sobre todo – integral, participativo e intersectorial.

Otro aspecto es identificar los espacios, así como los sujetos de este proceso. Aquí se reconoce a la comunidad, los barrios, el vecindario y a las organizaciones culturales en este rol fundamental, pues desde ahí se hace cultura, y se construyen y fortalecen los procesos simbólicos que nos definen día a día. Muchos de los proyectos o intervenciones, sea en el sector que fuera, no han tenido los resultados esperados por omitir el rol de la cultura local en su diseño y ejecución. Por lo general, la consigna ha sido “llevar el desarrollo/progreso a” o dar solución a un problema desde una mirada exterior, implantando conocimientos que creemos los más pertinentes para lograr el cambio esperado en un determinado espacio o entorno. Por años los diagnósticos han sido definidos sobre referentes que quizá no terminan de explicar lo que pasa en las comunidades en su dimensión real y – por tanto – no se llega a ver lo que verdaderamente necesitan. Se identifican los problemas desde afuera y se plantean soluciones también desde afuera.

Compartir la noción de cultura como pilar fundamental para una mejor convivencia y buen vivir es trabajar, precisamente, desde el interior de los grupos. Los mediadores, gestores culturales y trabajadores sociales tenemos la responsabilidad de poner a disposición de las comunidades la realidad de su diversidad y de su propia cultura para lograr una transformación social o la solución a un problema. Es identificar las tensiones y los conflictos internos, pero significa también plantear una solución desde lo propio y lo local, una alternativa de cambio que surja desde el consenso y la concertación entre sus propios integrantes, guiados por su sentido de pertenencia y de identidad. Una comunidad que se abre a los retos y problemas globales desde el aporte de su propia cosmovisión.

Hablar de cultura es, entonces, hablar de una herramienta para la transformación, pero también asumirla como un fin en sí misma: tener acceso al uso y disfrute de nuestras manifestaciones, y al ejercicio de creación sobre la base de nuestra diversidad es un derecho no negociable. No basta con reconocernos pluriculturales y multiculturales. Necesitamos trabajar desde el enfoque de la interculturalidad. Esto es generar el diálogo y respeto entre las diferencias.

Se acerca el día de elegir nuevos gobiernos y nuevas autoridades locales y regionales. ¿Qué propuestas en políticas culturales encontramos en los planes de gobierno? ¿Cuál es el concepto que los candidatos/candidatas tienen sobre cultura? ¿Cuánto es el presupuesto que se destinará al sector cultural durante el período de gestión? ¿Cuál es la estrategia de trabajo y de articulación con las comunidades, barrios, vecindarios para la construcción conjunta de políticas culturales?

Hablemos de cultura, porque hablar de ello significa hablar de todo lo demás. Nos da la posibilidad de construir nuevas realidades, de descentralizar las responsabilidades, de mirarnos a nosotros mismos y entre nosotros mismos, de trabajar por el bien común. Como sostiene Omar Rincón (2018) “la cultura es poder”.

 

 

La autora es Gestora Cultural. Especialista en Gobierno y Asuntos Políticos. Actualmente miembro del Observatorio de Vigilancia Ciudadana Gobierna y coordinadora regional de la Red de Voluntarios de la Asociación Civil Transparencia en Cajamarca.