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Una publicación de la asociación SER
Historiador

Don Emilio Romero y los Uros del Titicaca (1949)

Este 16 de febrero se cumplen 120 años del nacimiento del afamado intelectual y político puneño Emilio Romero Padilla (1899-1993).  Entre sus numerosas actividades destaquemos ahora su labor académica, que ejerció por casi 40 años entre 1928 y 1965, vinculado a la docencia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  Allí dictó clases de Historia, Geografía y Economía, experiencia que sintetizó en su conocida obra ‘Historia económica del Perú’, publicada en Buenos Aires en 1949.

Consultando la re-edición publicada en el año 2006 por la universidad decana, transcribimos una breve sección sobre “Los uros del Titicaca” (pp. 47-50).  No solo destaca su conocimiento de la bibliografía disponible en la primera mitad del siglo XX, sino la crítica que realiza a partir de su experiencia personal (nacido en Puno, educado en Acora, conocedor de la península de Chucuito).  Además, este análisis es en realidad una “analogía etnográfica”: usa el conocimiento sobre las sociedades indígenas del presente para intentar comprender el pasado evidenciado por los descubrimientos arqueológicos.  Breve muestra de su calidad intelectual y de su labor pionera.

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“Es necesario estudiar si es posible señalar a los pueblos uros, que viven todavía en ciertas regiones del Titicaca, en el Perú y Bolivia, como a pescadores primitivos.  En la actualidad los pueblos uros viven en determinadas regiones aisladas.  Respecto de su vida actual dice Enrique Palavecino que «[…] podemos afirmar con certeza que su vida económica de pescadores es la originaria y que ella se conserva aún tal como lo vieron los conquistadores y primeros pobladores españoles».

“En realidad no tenemos otras fuentes para el estudio de la vida económica de estos pueblos, que parecen aproximarse a la forma económica recolectora simple, que la vida actual de dichos indígenas.  De las fuentes escritas antiguas, los cronistas españoles nos han dejado escasos datos.  Lizárraga [en 1609] los describió como seres desnudos navegando por el lago en busca de peces para alimentar su miseria; y Bernabé Cobo [en 1653] ofrece datos sobre sus trajes y algunas costumbres relacionadas con sus idolatrías.  En las ‘Relaciones geográficas’ se dice de ellos que eran gente muy tosca, a la que no se les dio orden ni instrucción en la religión incaica; y otros cronistas nos los presentan sucios y pobres, que debían tributar en cañutos de piojos.  También tenemos interesantes estudios sobre los uros, debidos a J. Toribio Polo, a Rómulo Cúneo Vidal, entre otros escritores peruanos; pero puede afirmarse que sobre su forma económica todavía no se ha dicho la palabra definitiva.  Ni siquiera hay uniformidad sobre el nombre estos pueblos, a los que Eric Bowman comparó con los changos del Pacífico, fundado, entre otras razones, en la opinión de los autores de relaciones Lozano Machuca [1581] y Mercado de Peñaloza [1586].  Enrique Palavecino afirma que el nombre ‘uru’ es una designación aymará destinada a señalar diversos grupos de pueblos pescadores despectivamente, siendo el gentilicio de estos pueblos ‘otsuña’ u ‘ochozuma’.  Rivet y Crequi de Monfort han demostrado que hablaban el ‘pukina’ y que estaban relacionados con los grupos ‘arawak’.

“Los pueblos uru-pukinas serían quizá el tipo más interesante para estudiar la forma económica de recolectores simples, tal como lo afirman Rivet y Crequi de Monfort.  Tal vez ocuparon el continente antes de los pueblos de formas económicas avanzadas, como las agrícolas.

“Sus sistemas de trabajo han sido estudiados por la expedición organizada por el Museo de Historia Natural de Buenos Aires y en la que realizaron trabajos importantes A. Metraux, A. Posnansky, E. Palavecino y otros.  Podemos afirmar con ellos que su base económica actual es la pesca en el Titicaca y en el Desaguadero, con sistemas variados y primitivos.  Emplean tres formas de redes, dos de las cuales: el “skochskokake” y el “icako” son armadas sobre bastidores de palo rectangular el primero, y cónico el segundo.  El tercer tipo de red se llama la “kana”, de grandes proporciones y en forma rectangular.  Emplean también el sistema de pesca con pértiga, o sea un palo en cuya punta se atan varias agujas grandes, con las que atraviesan como ballesta a los peces, sistema de pesca parecido al que ejercen los polinesios y que también ha sido empleado por los pescadores de El Callao en cierta época, con el nombre de “fisga”.

“Palavecino […] se ocupa también, como perteneciente a los uros, de otro sistema de pesca que se llama “ckencha”, que consiste en una barrera de totora sumergida verticalmente en el agua en forma de ángulo abierto en donde acorralan a los peces en grandes cantidades.  Este sistema de pesca no es exclusivo de los uros, como supone Palavecino.  Lo practican casi todos los pueblos pescadores aymarás que habitan en las orillas del Titicaca.  Por esto es de sumo interés saber distinguir quiénes son uros y quiénes son aymarás dedicados a la pesca temporalmente, como ocurre en el golfo de Puno en el Titicaca.  Numerosos viajeros, y aun hombres de ciencia en su afán de recoger datos de este pueblo original, toman por uros a los habitantes de los palafitos de totora del golfo de Puno y de otras zonas del lago propicias a la pesca.  Éstos, a quienes se llama uros también por extensión, son aymarás que en las épocas de escasez de trabajo agrícola, o en malos tiempos, se dirigen con sus familias a las zonas de Kapi y otras, convirtiéndose temporalmente en pescadores, y adaptándose completamente a la vida del lago.  Algunos llevan a esas zonas ciertas parejas de cerdos, para que se alimenten de las yerbas de los fangales (‘llacho’).  Sus procedimientos de pesca son interesantes.  Sus procedimientos de pesca son interesantes.  Conocen la manera de conservar la pesca mediante el procedimiento del ahumado o asando la pesca entre piedras caldeadas, generalmente piedras planas y cuadradas de arenisca.  En esta forma, reúnen grandes cantidades de pescado seco y ahumado que luego venden o permutan por productos agrícolas y con utensilios de diversa clase.  Palavecino indica que los uros tienen una característica curiosa: la de ser noctámbulos en la pesca.  Esta característica es general para todos los aymarás pescadores del lago y se explica muy fácilmente.  Por la noche es más fácil coger pesca abundante, especialmente en las noches sin luna.  Los pescadores encienden súbitamente una hoguera de totora seca sobre la balsa, cegando a los peces, que se estrellan contra la “ckencha” o caen cegados en las redes.  En las noches de luna es imposible la pesca porque las aguas del lago tienen una gran transparencia y la luna proyecta la sombra de la balsa del pescador a muchos metros de profundidad del agua, ahuyentando a los peces.

“Pero no es exacto que los uros pesquen sólo de noche.  Pescan también de día y a toda hora.  Viven en el lago como anfibios y en su remo de impulsión o ‘llockena’ tienen  las agujas para pescar de paso cualquier pieza digna de interés por su tamaño.  Pescan los hombres, las mujeres y hasta los niños.  Cada uno tiene su angosta balsa, y, por el laberinto de calles y avenidas que existe entre los espesos totorales, caminan todo el día con un sentido de orientación que difícilmente tendrá otro indio no adaptado al lago.

“Los estudios publicados […] por Enrique Palavecino tienen una suprema importancia para la etnografía económica, pero cabe hacer una observación respecto a la identificación exacta de los verdaderos pueblos uros.  En la actualidad la mayor parte de los llamados uros son aymarás y su tipo de pesca no debe considerarse como forma económica de recolectores primitivos sino más bien de pescadores avanzados.  Si los uros auténticos pueden ser exactamente identificados, es necesaria una investigación de carácter etnográfico con vistas al trazo de la historia económica, para dilucidar su verdadero tipo de forma económica.  Los estudios efectuados hasta la fecha son de carácter filológico en su mayor parte, pero no exclusivamente dirigidos al aspecto económico.

“El mismo prestigioso escritor Palavecino completa el cuadro económico de los uros de Uruito manifestando que, además de pescadores, tienen algunas vacas, emplean recipientes de alfarería de procedencia aymará, usan como combustible el excremento de llama o ‘takia’.  La descripción hecha coincide en todo con las observaciones acerca de los indios llamados erróneamente “uros” de Kapi frente a Puno, pero que son seguramente aymarás.  Los indios de Kapi viven en islotes artificiales entre los totorales.  Para evitar que el viento arrastre con estos islotes, los anclan con piedras.  La choza es de totora tejida, al igual que las velas de la balsa.  El fogón está en el suelo sobre piedras planas.  Fuera de la choza apenas hay campo para colocar algunos utensilios y para hacer secar las redes inmensas de armazones redondos o romboidales.

“Además de la pesca practican la caza armados algunos con antiguas escopetas cuyos disparos retumban en todo el paisaje.  Cobran piezas de patos, ‘chokas’ y otra aves.  Es general el consumo de las “base de la totora”, como dice Palavecino, por los uros y los aymarás.  Su color es blanco y tiene sabor marcadamente dulce.  Se llama ‘chullo’, y su consumo, no como alimento sino como accesorio o delicadeza (no hay palabra en nuestro idioma que equivalga al ‘genusmittel’ alemán), es general aun en los pueblos mestizos de los alrededores del lago.  Pero además de la parte baja del tallo, se consume la raíz de la totora llamada ‘sacka’, que tiene un sabor mucho más delicado que el ‘chullo’; es de color blanco, tiene una suavidad de mantequilla y preparado con una salsa podría reemplazar al espárrago, cuya apariencia tiene.

“En conclusión, puede afirmarse como probable la existencia de formas económicas de recolección simple en el antiguo Perú, pero sin que el estado de las investigaciones actuales permitan señalar con precisión si fueron formas recolectoras puras, o unidas a formas productoras de vida económica, que es lo más probable”.

 

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Referencia:

Emilio Romero [1899-1993].

Historia económica del Perú. [1949] Presentación: Rocío Romero. Prólogo: Carlos Contreras.

Lima: UNMSM, Univ. Alas Peruanas, 2006. Serie Clásicos sanmarquinos.

<https://books.google.com/books?id=JTB8iVOHcjwC>

<https://books.google.com/books?id=JTB8iVOHcjwC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false>

 

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