Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Psicóloga feminista. Especialista en derechos humanos, género y atención de la violencia de género. Gestora de la iniciativa Somos Menstruantes.

Educación menstrual para reafirmarnos

Gráfica: Somos menstruantes

Desde niñas nos hacen pensar que la menstruación es y será un problema para las mujeres. No es casual que se le nombre coloquialmente, hasta en los establecimientos de salud, como “enfermedad” sin que lo sea. Si el ingreso a este evento cíclico en nuestras vidas está marcado de un sentido negativo, nuestra capacidad para relacionarnos con él, así como, con nuestros cuerpos y con nosotras mismas; se ve afectada del mismo modo. ¿Se imaginan o recuerdan lo difícil que se hace habitar nuestros cuerpos a partir de este momento? La forma en la que nos vinculamos a nosotras mismas, nuestros cuerpos y ciclos; tiene que cambiar hacia una perspectiva positiva y de autoafirmación.  

De generación en generación hemos trasladado los síntomas de la menstruación en malestares y dramáticos hitos: “cuando te venga la menstruación no podrás jugar así”, “a tu prima ya le vino, es toda una mujercita”, o “tu cuerpo empezará a cambiar y ya no serás niña”. ¿Qué significado puede tener para una niña escuchar todas estas frases? Miedo, vergüenza y la afirmación de que como menstruantes tenemos limitaciones. Esto hace que las niñas se acerquen a su menarquia[1] con malestar, desinformación, expectativas negativas y deseando que demore lo más posible en llegar o que mejor ni llegue.

Si solo las niñas menstrúan y la menstruación es algo que limita, al menos tres días al mes; el tratamiento de la menstruación se convierte en una forma de mantener la desigualdad entre niñas y niños. Se sabe que las niñas que menstrúan dejan de realizar algunas actividades y juegos, sintiéndose limitadas porque las y los adultos les decimos constantemente que “ya no son para ellas” o que “no pueden”.

Así se marca una ruptura simbólica en nosotras mismas: cómo éramos antes de menstruar y cómo somos a partir de la menstruación. Si no nos atrevemos a cambiar este discurso limitante, éste nos acompañará -mes a mes- aproximadamente por 35 o 45 años de nuestras vidas. Sí, las mujeres somos menstruantes la mitad o más de la mitad de nuestras vidas.

La menarquia marca el inicio de nuestra vida cíclica como mujeres, es parte de una serie de cambios en nuestros cuerpos, cambios que iniciaron varios meses antes, dependiendo de cada niña. No tiene que vivirse como un episodio traumático. Que las niñas puedan vivir sus menarquias de manera libre, informada y sin estereotipos, es importante.

Hemos creado estereotipos, ideas y mitos acerca de cómo somos las mujeres al menstruar. Están presente en todas las culturas y refuerzan la idea que cuando las mujeres menstruamos algo malo está pasándonos. Sí, los ánimos nos cambian, pero no siempre lloramos ni renegamos. Se manifiestan de distintas formas, algunas veces son imperceptibles.

Dado que sangramos, algunas culturas nos describen como impuras o que daremos mala suerte, negando nuestra participación en algunas actividades colectivas importantes. Todo tratamiento público de la menstruación refuerza estereotipos sobre nosotras. Menstruamos sangre; sin embargo, todos los comerciales de toallas higiénicas representan a la menstruación como un gel azul. Una muestra de la publicidad por refinar nuestra sangre menstrual. Nuestra sangre menstrual no es buena. Pero cuando la menstruación termina -la menopausia- somos definidas como menos útiles, como si hubiese terminado nuestra función en la sociedad. Mientras que cuando quedamos embarazadas, situación posible gracias al ciclo menstrual, somos admiradas. Contradicciones ¿no?

Lo cierto es que la menstruación es parte del ciclo natural de las mujeres, es un momento más del mismo. Sangramos entre tres y siete días, lo que demora el desprendimiento del tejido que ha recubierto el útero, si no hubo fecundación del óvulo. Y sí a unas nos duele mucho, a otras menos y a otras no nos duele. Esto pasa porque los cuerpos son distintos. Por ello, es importante que intercambiemos entre mujeres cómo es verdaderamente menstruar, qué cambios ocurren en nosotras y cuáles no suceden.

Dejar de hablar de la menstruación como algo extraño o malo, propio de las mujeres, nos abrirá camino hacia la igualdad porque dejaremos de ser las que, por menstruantes, somos limitadas. Asumir la menstruación como parte de nuestro desarrollo es importante para que las niñas crezcan con nuevas ideas sobre lo que será iniciar su vida menstrual y que puedan disfrutarla; para que las adolescentes puedan hacer lo que se les dé la gana de hacer todos los días del año; para que las adultas nos afirmemos en el habitar de nuestros cuerpos.  

De eso se trata la educación menstrual, de reafirmarnos y potenciar quiénes somos; de educarnos para conectar con nosotras mismas de otra forma; de defender nuestro derecho a una menstruación libre, sin estereotipos ni prejuicios, que nos permita avanzar en el autoconocimiento, la autoexploración y la apropiación de nuestros cuerpos.

 

[1] Primera menstruación.

------------

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Mariel Távara. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.