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Una publicación de la asociación SER

Efraín Jesús Trelles Aréstegui (1953-2018), historiador [Parte II].

El historiador Efraín Trelles falleció el 1ro de abril último.  Este 28 de mayo habría cumplido 65 años.  Sigue a continuación un texto suyo que nos muestra su calidad como investigador y narrador del pasado andino.

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[LA REGIÓN DE HUÁNUCO]

“La vertiente de Huánuco Pampa corresponde a lo que algunos estudiosos han llamado «Huanuco Huamalino» y otros «reinos de guánuco», cuyos componentes llamaban ‘Wari’ al lugar sagrado de donde se habían originado hombres y dioses.  Allaucaguanuco era una de las tres parcialidades de lo que algunos han llamado reino de Huánuco y otros Imperio Yaro, compuesto también por ichocguanuco y huamali.  Allauca e ichoc son parte de un sistema simbólico de orientación, tomando como referencia la salida del sol: así, allauca es la derecha e ichoc la izquierda, o allauca el sur e ichoc el norte.  Asimismo, allauca e ichoc han sido asociados simbólica y respectivamente con el sol y la luna, el oro y la plata, el varón y la mujer.  A su vez huamali estaría asociado al ‘guamani’, divinidad tutelar que velaba por la fecundidad y reproducción del ganado. […]

“Información de las visitas coloniales tempranas permite apreciar más en detalle el posible asentamiento de los chupaychu y sus vecinos inmediatos. […] queda abierta la posibilidad de que el propio término «chupaychu» --que en quechua cuzqueño significaría «acaso mi cola» o «acaso tengo (o soy de) cola»-- no sea más que una de las múltiples formas descriptivas con que grupos de distinta cultura, clima y vestimenta han clasificado (a lo largo de la historia) a quienes perciben como diferentes, o han querido diferenciarse de quienes suponían inferiores.

“Si, como ha sido señalado, los habitantes de las zonas altas de Huánuco llaman a los moradores de los valles templados «chupaychu» (afirmación o negación de un rabo, quizá originada en la suerte de cola que se asemeja al común taparrabo), bueno es recordar que los habitantes de esos mismos valles cálidos llaman a los moradores de las alturas ‘shucuy’, a saber cuy.  Así, si se acepta que los habitantes de las alturas pudieran burlarse de esos rabones, que no parecían vivir en casas, ni tener ropa tejida y más bien paraban con su desnudez al fresco, debe admitirse que desde abajo y en contacto con la vida al aire libre, los habitantes de las alturas semejarán conejitos de indias, roedores siempre dispuestos a meterse en su hueco, incapaces de vivir al aire libre como uno.

“Así, el conflicto entre ‘shucuy’ y ‘chupaychu’, entre «cuyes» y «rabones», solamente demuestra que el prestigio humano es algo muy antiguo y generalizado.  Pero también ayuda a entender que por amplio y variado que haya sido el espacio geográfico en que pretendemos descorrer esta historia, los habitantes de uno y otro extremo del amplio espectro de climas y altitudes no solamente estaban al tanto de la existencia y características de los otros, sino que tenían posición al respecto y no vacilaban en expresarla en forma algo sarcástica.  Total, después vendría un mundo dominado por ‘rinrisapas’ (orejones) y luego dominado por ‘suncasapas’ (barbudos)”.

[LA CIUDAD INCA]

“La publicación de las visitas de Huánuco abrió un primoroso camino hacia la mejor comprensión de la vida provincial en el Tawantinsuyu.  La feliz iniciativa de arqueólogos, etnólogos e historiadores seguirá dando fruto.  Recientemente Craig Morris y Donald Thompson han publicado los pulcros y contundentes resultados de más de tres lustros de excavación y análisis de la ciudad de Huánuco Pampa: el supuesto Imperio Inca se veía muy distinto desde la periferia que del centro, las instituciones políticas y económicas parecen no haber estado tan separadas ni nítidamente definidas como en otros Estados antiguos, la actividad mercantil y el intercambio de mercado fueron menores que en sociedades comparables.  En suma, una confirmación arqueológica de la imagen de un imperio redistributivo y una revaloración de la importancia del ceremonial estatal.  [...]

“Dicen los arqueólogos que a primera vista la diversidad de complejos impide formarse una idea de conjunto, pero que bien mirado no cabe duda que Huánuco Pampa fue edificado siguiendo un plan preconcebido, en el cual la ciudad crecía en cuatro direcciones a partir de un centro colosal: un ‘ushnu’ o plaza abierta de 550 metros de largo y 350 de ancho.  Cada sector de la ciudad se subdividía a su vez en tres, lo que nos ofrece el plano de una ciudad dividida en 12 sectores radiales.  El fino análisis de Huánuco Pampa, hecho por los arqueólogos Morris y Thompson permite comparar la disposición del espacio en la ciudad con la articulación de las ‘huacas’ y ‘zeques’ del Cuzco […].

“Hay que tener presente que el «pacto colonial» que ligaba a los grupos étnicos del radio de Huánuco Pampa con el Estado cusqueño resultaba de un acuerdo y de unas reglas claramente establecidas.  Así, el Estado imperial inca --que necesitaba del trabajo humano para financiar su expansión-- tenía que alimentar y mantener a quienes trabajaban para él.  Hoy en día esa obligación estatal se paga con un cheque que, a título de sueldo y en el mejor de los casos, cubre apenas las necesidades básicas de una unidad familiar. [...]

“Hay que cerrar los ojos y abrir el pensamiento para situarse en ese impresionante ‘ushnu’ de dimensiones casi sobrehumanas --al cual convergían todos los espacios de la ciudad-- y adivinar la sombra de múltiples cuadrillas de trabajadores moviendo sogas y piedras.  Escuchar el paso de cargadores, sin número ni rostro, intentar acompañar la variada métrica con que iban generando poesía en movimiento al peso diverso de cantidades de maíz, ropa, sandalias, ají, verdes y jugosas quintuchas de coca, cálidas mieles con aromático cuerpo: ‘runas’ y ‘warmis’ capaces de rimar cuanto fruto natural o pacientemente elaborado pueda haber tenido sitio en el reino de este mundo.  Atisbar los inmensos aretes de funcionarios estatales, cuya minuciosa severidad de burócratas se aplicaba por igual a la cuantificación y taxonomía de hombres y cosas.  Sentir a los ‘camayoc’ contar, con la paciente y efectiva constancia del agua que cae seguido sobre la piedra, los productos entregados al Estado.  Contemplarles las manos y el ceño al atar los nudos de la estadística que cifraban los activos del Inca: sea con arreglo a las ataduras, color, largo y contextura de una previa tasa o bien tomando como variable independiente el corte de pelo o el color de ‘llautos’ de sus portadores.

“Otrosí digo: no se pida al autor de estas líneas que responda a preguntas --tan de otro mundo y otra disciplina, tan arte de otra dimensión-- como la que me ha sugerido una persona en extremo allegada: ¿pero serían, capaz, hormiguitas salvajes trabajando?  No lo sé ni me atrevo a provocar algo así como el reflejo del otro lado de la luna.  Solamente consta que eran de carne y hueso como nosotros, poseían seso y aspiraciones como nosotros, apetito de variado tipo como nosotros y eran sobre todo y antes que nada --a diferencia de nosotros-- la unidad celular cuya actividad y reproducción hacía posible la acumulación de los amplios fondos y rentas con que el Inca financiaba y mantenía la marcha de las cuatro partes del mundo.  Hasta aquí llega mi amor, como solemos expresar los peruanos con tono y ánimo de inuendo y significado múltiple”.

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Texto:

 

Efraín Trelles Aréstegui, “Wanuku Pampa Inka Llaqta (II). Etnohistoria: una ciudad incaica en movimiento” [Fragmentos de Linajes y futuro (1994)]. <http://www.equiponaya.com.ar/mundos_andinos/htm/articulos/efrain_trelles_arestegui.htm>