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Una publicación de la asociación SER

El acto racista de Martha Chávez, visto desde Puno

Foto: RPP

César Muñoz. Cibercorreponsal de Noticias SER

Un 16 de octubre de 1901, unos mensajeros del departamento de Puno denunciaron ante el presidente de la Nación una serie de abusos cometidos en contra de la población indígena por  las autoridades y elites acomodadas de la región. Maltrato, trabajo forzoso, secuestro de ganado so pretexto de depósito judicial, multas arbitrarias y gabelas obligatorias eran los principales atropellos denunciados por aquellos mensajeros. Tras este tipo de actos deleznables e ilegales, se encontraban dos de las mayores taras que tenemos como nación y que persisten hasta la actualidad: la discriminación y el racismo.

Casi 120 años después de aquellos sucesos, la abogada y congresista Martha Chávez, mientras participaba en una sesión de la Comisión de Constitución y Reglamento se refirió a la designación de Vicente Zeballos como representante del Perú ante la OEA, dando a entender que el ex premier debió ser designado a un puesto diplomático en Bolivia porque desde su perspectiva, Zeballos tiene rasgos andinos o mestizos y por ello tiene mejor acogida con la raza andina o mestiza.

Una congresista elegida por el pueblo, en un debate publico y sin remordimiento alguno, incurría en un acto discriminatorio y dejaba claro algo que muchas veces se niega o se esconde bajo el manto del famoso "todos somos cholos".

¿Cuál es el mensaje que nosotros los puneños y nuestros hermanos bolivianos debemos colegir de las palabras de esta conspicua representante del fujimorismo?

Desde la perspectiva de Chávez, los puneños y puneñas estamos condicionados -por nuestro color y facciones- a trabajar únicamente con personas de características similares a las nuestras, pero además no podemos acceder a cargos diplomáticos ante organismos internacionales. Lamentablemente, lo expresado por la congresista no resulta extraño en un país donde el racismo y la discriminación contra la población indígena es cosa de todos los días.

Por otro lado, Martha Chávez, renuente a aceptar su error, utilizó su cuenta de Twitter para todo menos para pedir disculpas, alegando que ella no cree en la supremacía de ninguna raza y por tanto sus declaraciones no son discriminatorias. Es decir, el libreto típico en este tipo de casos.

Aunque no sé si el comportamiento de Chávez es pura soberbia o si realmente ella piensa que no discriminó a nadie, lo que realmente importa es que una persona que tiene el deber de impulsar iniciativas legales que deberían extirpar ese burdo mal que aqueja a la sociedad peruana, no solo incurre en todo lo contrario, sino que contribuye a conservar uno de los mayores lastres nacionales.

Desde Puno, rechazamos rotundamente los actos y la actitud discriminatoria de la congresista Martha Chávez, y nos reafirmamos en la necesidad de seguir luchando contra el abuso y denunciando la discriminación, tal como lo hicieron nuestros abuelos mensajeros.