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Una publicación de la asociación SER
Historiador

El aprismo en el siglo XX: ¿Prisión, exilio o asilo diplomático?

Cercano a los 30 años de edad, Víctor Raúl Haya de la Torre [1895-1979], exilado en México, proclamó el 7 de mayo de 1924 la creación de una organización política de izquierda radical que debía extenderse por toda América Latina.  Este proyecto internacionalista, crítico del expansionismo económico norteamericano (“anti-imperialista”), recibió el nombre de “Alianza Popular Revolucionaria Americana”, y se le conoció por sus siglas: la APRA.  Pese a sus aspiraciones latinoamericanistas, la APRA sólo tomó cuerpo en el Perú, donde en 1930 se fundó el “Partido Aprista Peruano” (PAP), con el objetivo de apoyar la candidatura presidencial de Haya, quien regresó al país en 1931, después de casi ocho años de exilio.

El primer destierro de Haya se debió a la represión del gobierno de Leguía.  Como explica el historiador norteamericano Daniel Masterson: “El activismo político de Haya culminó en [23 de] mayo de 1923 cuando organizó una gran protesta de trabajadores y estudiantes en Lima que se opuso a la campaña de Leguía de dedicar el Perú al Corazón de Jesús.  La campaña fue el intento del dictador por reducir las libertades religiosas y establecer una alianza abierta con la Iglesia Católica.  Haya reunió a varios grupos de oposición anti-leguiístas, incluyendo a masones, obreros, estudiantes y a la extrema izquierda [anarquista].  La protesta fue exitosa y Leguía tuvo que suspender sus planes.  Pero Haya se había sobre extendido y fue poco después expulsado del Perú, junto con muchos de sus seguidores políticos clave, incluyendo a Luis Heysen [1903-1980], Manuel Seoane [1900-1963], y los líderes de su vanguardia obrera” (p. 108).

En octubre de 1923, Haya fue encarcelado.  Pero, a los seis días de declararse en huelga de hambre, fue embarcado en el Callao con rumbo a Panamá.  Pasó a Cuba, donde recibió la invitación de José Vasconcelos, Secretario de Educación, para ir a México.

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Tras perder las elecciones del 11 de octubre de 1931, el PAP denunció un fraude en contra de su candidato Haya de la Torre, iniciando una serie de conspiraciones para derrocar al nuevo gobierno del coronel Luis Miguel Sánchez Cerro (1931-1933), incluyendo dos intentos de asesinato contra el presidente (6 de marzo de 1932 y 30 de abril de 1933), el segundo de los cuales tuvo éxito.  Haya fue encarcelado por el gobierno de Sánchez-Cerro (6 de mayo de 1932), pero fue liberado 15 meses después por el general Óscar R. Benavides (agosto de 1933), como parte de una amnistía general.  Después, Haya se mantuvo en la clandestinidad por más de una década, entre 1933 y 1945, pese a que el  presidente Manuel Prado Ugarteche (1939-1945) fue elegido con apoyo aprista.

Explica Daniel Masterson que el general Benavides (1933-1939): “Aunque gobernó mayormente por decreto y mantuvo el estado de emergencia durante la mayor parte de su gobierno, permitió algún espacio político para sus oponentes.  Sabía, por ejemplo, que el encarcelamiento de Haya de la Torre ocasionaría altos niveles de violencia entre los apristas.  Por eso liberó a Haya de prisión al inicio de su gobierno.  Pese a las numerosas conspiraciones contra su gobierno, se permitió que Haya de la Torre siguiera en libertad, viviendo una existencia clandestina que no era completamente secreta.  Durante esos años en las catacumbas, Haya adoptó el seudónimo [indigenista] de Pachacútec.  Claramente, Benavides no quería que Haya fuese un mártir.  Con todo, los enemigos de Haya eran muchos, pero pudo escapar de varios intentos de asesinato en esos años de clandestinidad” (p. 130).

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El PAP volvió a la legalidad durante el gobierno de Bustamante y Rivero (1945-1948), pero la fallida rebelión de la marinería aprista en el Callao el 3 de octubre de 1948 llevó al gobierno a decretar la ilegalidad del partido (4 de octubre).  Al final de ese mes, el general Manuel Odría dio el golpe de Estado que lo llevó al poder (28-29 de octubre).

Según Masterson, durante el “Ochenio” de Odría (1948-1956): “La primera prioridad del régimen fue purgar de apristas el gobierno, las organizaciones obreras, la policía y las fuerzas armadas.  Más de 1000 apristas fueron arrestados y muchos encarcelados.  Muy rápidamente la mayoría de los líderes del APRA, incluyendo los dirigentes Armando Villanueva del Campo [1915-2013] y Ramiro Prialé [1904-1988], fueron también capturados.  Ambos permanecieron en prisión por extensos períodos en la Penitenciaría de Lima.  Haya de la Torre evitó ser capturado hasta [el 3 de] enero de 1949, cuando recibió asilo en la embajada colombiana en Lima.  Permaneció bajo asilo diplomático en la embajada durante los siguientes cinco años, mientras repetidos intentos de asegurar su salida del Perú fracasaban, hasta que fue finalmente expulsado en [7 de] abril de 1954.

“[El historiador norteamericano] Frederick Pike sugiere que durante los años [que pasó] en la embajada de Colombia, Haya de la Torre [de 53 a 58 años de edad] creció como persona, haciéndose menos narcisista y más tolerante de los rigores de su vida.  Leyó y escribió ampliamente.  Se convirtió en un estudioso del historiador inglés Arnold Toynbee.  Aparentemente se distanció de las ideas políticas radicales del pasado y se convirtió en una persona más contemplativa.  Su anticomunismo creció en intensidad.  Pese a las críticas de otros dirigentes del APRA, de que los EE.UU. estaban nuevamente volviéndose intervencionistas en América Latina debido a la Guerra Fría, se mantuvo en la creencia de que [el gobierno de] Washington sería el defensor del APRA en el Perú.  Esto fue cierto aunque el gobierno de [el presidente norteamericano] Eisenhower condecoraba a Odría por su apoyo a los EE.UU. en la lucha contra el comunismo en la Guerra Fría.  El aislamiento de Haya de la Torre en la embajada al final fue una ‘bendición mixta’.  Miembros de la intelectualidad del APRA, incluyendo a los poetas Magda Portal [1900-1989], Ciro Alegría [1909-1967] y Alberto Hidalgo [1897-1967], abandonaron el partido por diferencias ideológicas, en particular por el aparente abandono del anti-imperialismo por parte de Haya.  Magda Portal, convertida ahora en una crítica intensa y explícita de la dirigencia del APRA, se quejaba: «Siempre mártires de la clase trabajadora, nunca entre los líderes»” (p. 150).

De este modo, Haya estuvo en la cárcel menos de año y medio, brevemente por órdenes de Leguía (1923) y 15 meses en época de Sánchez Cerro (1932-1933) y Benavides (1933).  Pasó en la clandestinidad casi tres lustros, en época de Benavides (1933-1939), de Prado Ugarteche (1939-1945) y de Odría (1948-1949).  Se asiló por más de cinco años en la embajada de Colombia (1949-1954), y vivió exiliado una docena de años, por órdenes de Leguía (1924-1931) y de Odría (1954-1957).  Cuando falleció, a los 84 años, el 2 de agosto de 1979, había pasado prácticamente la mitad de su vida perseguido.

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Cuenta la leyenda que el dirigente aprista Carlos García Ronceros estuvo preso por un lustro durante la dictadura de Odría, y que no pudo estar presente cuando su esposa, la también militante aprista Nytha Pérez Rojas, dio a luz al hijo de ambos el 23 de mayo de 1949.  Sólo cuando el niño tenía cinco años es que su padre pudo conocerlo.  Lo habían bautizado con el triple nombre de Alan Gabriel Ludwig.

El fin de semana pasado, con 69 años de edad y serias acusaciones de enriquecimiento ilícito en su segundo gobierno en relación a la constructora brasileña Odebrecht, Alan Gabriel Ludwig García Pérez ha intentado bloquear el cumplimiento de una orden judicial de impedimento de salida del país, arguyendo ser un perseguido político y solicitando asilo ante el embajador de Uruguay en Lima.  ¿Qué dirían de esto sus mayores, que efectivamente sufrieron persecución política por sus ideas, y estuvieron por años en la cárcel injustamente?

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Traducido de: Daniel Masterson, ‘The History of Peru’ (Westport, Conn.: Greenwood Press, 2009).

Referencia: Frederick B. Pike, ‘The Politics of the Miraculous in Peru: Haya de la Torre and the Spiritualist Tradition’ (Lincoln: University of Nebraska Press, 1986).

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