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Una publicación de la asociación SER

El búho de Minerva

La segunda mitad del 2014 no fue buena para las izquierdas en el Perú. Los esfuerzos unitarios alrededor del Frente Amplio terminaron naufragando al calor de la coyuntura electoral. Las diversas estrategias, celos y formas de funcionamiento impidieron que los componentes de esta alianza llegaran a candidaturas comunes a lo largo del país.

Salvo contadas excepciones, los resultados electorales no ayudaron a justificar las opciones tomadas por unos y otros. La derrota sufrida en Lima fue particularmente significativa, no sólo por el inesperado tercer lugar de Susana Villarán, sino porque las izquierdas perdían uno de los cargos políticos más importantes del país.

Fueron varios los periodistas que hablaron sobre la oportunidad perdida por las izquierdas de volver a la primera fila del escenario político. Luego de haber ganado en 2010 la alcaldía de Lima y ser socios en la victoria de Humala, el 2014 encontraba a estas mismas fuerzas lejos del poder, divididas y sin una organización política relevante. Hay quienes pronosticaban que luego de esta coyuntura desperdiciada, las izquierdas tendrían que esperar varios años para intentar una nueva incursión a la primera división de la política nacional.

Tres meses después, el escenario político se ha modificado parcialmente. Las sucesivas movilizaciones contra la Ley ‘Pulpín’ han logrado poner no solo a la defensiva al gobierno de Humala, sino que han mostrado las significativas fisuras del modelo de desarrollo vigente. La izquierda desde las calles ha recuperado algo de la fuerza perdida.

A diferencia de las protestas contra las industrias extractivas, las manifestaciones ‘Pulpín’ ofrecen un conjunto de ventajas tácticas nada despreciables. En primer lugar, son protagonizadas por sectores urbanos, con bastantes más recursos para la movilización y con mayor visibilidad de cara a la opinión pública. En segundo lugar, su protagonista es justamente la generación nacida bajo la sombra del neoliberalismo, que no habiendo sido contaminada por el ‘veneno populista’, debería estar presta a defender ‘lo avanzado por el país’. Sin embargo, la generación que debió orientarse hacia el neoliberalismo como ideología dominante parece revelarse contra el padre severo. Por último, las movilizaciones ‘Pulpín’ han permitido que un conjunto de liderazgos jóvenes hayan dado el salto a la esfera pública. En un escenario donde prima la concentración de medios y la voz monocorde, esta presencia es sin duda positiva.

Si bien las movilizaciones contra la Ley ‘Pulpín’ no pueden ser endosadas única, ni principalmente, a las izquierdas (habría que ver cuantos jóvenes hoy ‘pulpines’ antes fueron ‘ppkausas’), lo cierto es que son estas fuerzas políticas la que han salido ganando. No solo porque el eje de la discusión se ha desplazado hacia el mundo del trabajo y al problema de la desigualdad, temas más cercanos a la agenda ideológica y programática de las izquierdas, sino porque han demostrado la existencia de liderazgos, que quienes estamos cerca al mundo de las izquierdas reconocemos como próximos. En muchos casos se trata de jóvenes miembros de un conjunto de organizaciones y pequeños colectivos que se han ido multiplicando en la última década en ese gran espacio llamado la izquierda peruana.

Entre mediados de los años 60 y casi toda la década siguiente la izquierda peruana vivía un proceso en apariencia contradictorio. Por un lado, las divisiones se sucedían una tras otra y por otro ese mismo espacio no cesaba de crecer. Visto por los protagonistas de aquel tiempo, en ese momento las continuas divisiones no pueden haber sido más que fuente de desanimo. La mirada parcial de cada uno de esos actores era incapaz de dar cuenta que pese a la división permanente el espacio político -en términos totales- crecía.

¿Es posible que lo que se viva en este momento, salvando todas las distancias, sea algo similar? Mi hipótesis es que sí, que pese a las divisiones e incapacidades para constituir un bloque unitario, en términos organizativos y de militancia la izquierda como espacio plural se encuentra en crecimiento. Adicionalmente, las movilizaciones contra la Ley ‘Pulpin’ muestran la existencia de un ecosistema más amigable a puntos que han sido tradicionalmente centrales en la agenda de la izquierda. Queda por ver aún cuál es la coyuntura política capaz de sintetizar todas esas energías que crecen en la esfera social y convertirlas en energías políticas, capaces de ganar el poder político.