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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

El Caballo de Troya de los partidos políticos

Calculando sus opciones, varios partidos que no pueden superar la valla electoral vigente terminan construyendo, junto con otros que están en la misma situación, un ente distinto, una alianza electoral. Se presentan así a las elecciones, a veces a costa de “invisibilizar” para el elector los propios símbolos partidarios y los planteamientos básicos de su organización. Lo importante es superar la valla electoral y traspasar el umbral del Congreso. Una vez dentro, saldrán del interior de ese artilugio para seguir, cada uno, su propia estrategia. Algunos seguirán juntos, formando una bancada parlamentaria. Otros conformarán nuevos grupos y, con el tiempo, quizás se juntarán con otros actores provenientes de otros Caballos de Troya, deshaciendo las bancadas iniciales.

Estos Caballos de Troya terminan siendo el recurso ante una legislación electoral que parece ajena a nuestra realidad e historia política. Como hemos señalado en un artículo anterior (Noticias Ser, 08/07/15), tanto los requisitos para la inscripción de partidos, como la valla electoral son los más estrictos de América Latina. Es más, en la mayoría de los países de la región, no existe barrera electoral, o es más baja que la nuestra en donde la hay: Tenemos que en Argentina es del 3% del padrón electoral; en Bolivia, 3% de los votos;  y en México, el 2%. En el Perú, si el partido no alcanzaba seis curules, debía haber obtenido el 4% de los votos. Con la nueva reforma, para las próximas elecciones, esa valla se ha elevado al 5%.

En el año 2011, de las cinco agrupaciones que pasaron la valla electoral, cuatro eran alianzas: Alianza por el Gran Cambio (cuatro partidos); Alianza Perú Posible (tres partidos); Alianza Solidaridad Nacional (cinco partidos); y Fuerza 2011 (dos partidos). En este último caso, ciertamente se puede decir que Renovación Nacional no sumaba mucho a Fuerza Popular; sin embargo, permitía a aquel partido pequeño (de Rafael Rey) mantenerse en el escenario político. De otra manera, hubiera desaparecido, como otros.

Visto este escenario, ¿no habría que desalentar la conformación de esas alianzas e incentivar que los partidos corran solos, para fomentar la consistencia partidaria en el Congreso? ¿No hubiera sido mejor no elevar la valla a partidos, incluso evaluar un ligero ajuste hacia abajo, y colocar una, más alta, para las alianzas? Existe un proyecto de ley para crear una barrera electoral para las alianzas (2.5% por cada partido adicional, partiendo del 5%), pero no ha sido aprobado hasta el momento. ¿No debiera haberse votado esto primero o junto con la evaluación de la valla electoral a partidos? De no aprobarse la barrera a las alianzas, y dada la elevación de la referida a los partidos políticos, ya aprobada (5%), tendremos en el 2016 un contexto normativo que fomenta más las alianzas y es más exigente con partidos.  

Hay que señalar que la alianza electoral tiene una ventaja adicional a la de permitir la llegada al Congreso: Si un partido no logra superar dicha valla, queda fuera del juego político. Es decir, pierde su inscripción. Así, pues, la fusión les permite evitar un daño mayor.

El problema es que las alianzas tienden a ser menos cohesionadas, y los protagonismos terminan creando más incertidumbre en el desempeño parlamentario en nuestro país. Además, dificultan el cumplimiento de las normas de democracia interna entre los partidos socios.

En el Congreso peruano tenemos más bancadas que surgieron de alianzas electorales que de un partido político. No es de extrañar que los grupos parlamentarios conformados a partir de las alianzas hayan sido los que más rupturas o reacomodos han sufrido.

En efecto, al 2014 había nueve bancadas, de las cuales siete eran alianzas electorales. Estas son las que más diferencias internas han tenido, ocasionando la desaparición de unas (como Alianza por el Gran Cambio, que se desintegró en dos: PPC-AP y Solidaridad Nacional) o la conformación de otras nuevas (como Unión Regional).  Sólo Fuerza Popular, formada en torno al partido del mismo nombre, ha permanecido sin cismas en su interior. Cabe señalar que a la pequeña bancada conformada por el APRA e independientes también le ha ido bien, y no ha tenido contratiempos ni rupturas. Ciertamente, el APRA se ha mantenido cohesionado siendo oposición o, con más razón, como gobierno.

Gana Perú es, en realidad, un caso especial de bancada oficialista fallida. No ha habido, desde 1980, un caso similar de una bancada de gobierno que pierda una proporción similar de miembros, al menos, antes del último año de gobierno. El problema está en la ausencia de estructura partidaria y en la inconsistencia de sus propuestas. Los efectos se ven ahora, en la “soledad” del Ejecutivo. Pero ese es otro tema.

Así, en el Perú, compiten en las elecciones nacionales e ingresan al Congreso más alianzas que partidos. Ante el vacío legal, estas, además, permiten saltar la democracia interna en  nombre de la negociación entre aliados. Si no revisamos la legislación electoral, tendremos más Caballos de Troya en el nuevo proceso del 2016, con todos los efectos negativos que ello genera.