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Una publicación de la asociación SER

El Congreso no debe seguir encerrado en Lima

Se habla en estos días y con razón sobre el referéndum, el cambio de la Constitución y en especial, sobre la permanencia de los congresistas en el Parlamento. Leo varios análisis sobre una nueva forma de legislar desde este poder del estado.

No sé por qué, pero todo siempre se centraliza en Lima. ¿Qué si una cámara o dos? ¿Qué si es representativa y a quienes representa? ¿Qué cuántos deben ser los congresistas? Hablamos de descentralización y de algún modo a los que leo, ven la solución desde Lima. Lima es el Perú, el Perú es Lima. Vaya sentido democrático.

¿Por qué no promovemos que los congresistas trabajen en sus regiones?

Considerando sus funciones básicas, por ejemplo legislar. Pensando en su región y la misma macro región, pueden proponer leyes convenientes para las mismas. Es más fácil coordinar de acuerdo a intereses regionales o interregionales. Las razones serían sus simetrías económicas, geográficas y sociales, por mencionar algunas coincidencias.

Disminuyendo su presencia en Lima, evitaríamos su cercanía a los lobbies corruptos que rondan las oficinas para lograr leyes convenientes. Pero además estarían cerca a sus electores y a su problemática que muchas veces no conocen.

Su presencia en la zona, dado su poder fiscalizador y representativo, fortalecería su función legislativa. Constatar in situ un derrame de petróleo, la contaminación de un rio por un relave minero, el abuso de la autoridad nacional y tantas cosas irregulares, lindantes con la corrupción, haría que su presencia sea de vital importancia. Unido a lo que hace la hasta ahora minusválida Defensoría del Pueblo, su representatividad tendría el peso necesario y la función fiscalizadora se ejercería de manera más directa. Hoy el ciudadano tiene que tramitar su queja u observación vía oficina congresal.  Y hasta que le responden el problema ya pasó o escaló de nivel, si es un conflicto social. De darse los conflictos, su presencia o intermediación junto a otras entidades estatales y privadas, ayudaría en la solución. Su posición en la resolución de los problemas sería de primera mano. 

En algún momento se propició las oficinas descentralizadas. Pero lo que significó fue aumentar la burocracia y por otra la ausencia del congresista restaba poder a dichas instancias. Considerando costos, con la misma cantidad de personal, podrían trabajar en la misma región y más bien contar con algún asesor de enlace y funcionarios en Lima.

Las oficinas de Lima estarían menos recargadas de lobbistas y paisanos, principalmente autoridades, que ya no necesitarían viajar a Lima para agilizar gestiones. Desde aquí las podrían planificar, y en dos o tres días realizar las gestiones de representación que deban hacer. Y así se reducen costos.

Y cuando haya que tratar leyes de orden nacional, podrían estar una semana o diez días para los plenos. El mismo tiempo para las reuniones de comisiones. Dada la tecnología, las coordinaciones sobre aspectos nacionales hoy es mucho más fácil.

Todo esto representaría un desafío para los partidos y movimientos regionales que suelen vivir solo para la coyuntura política electoral.  El representante de un partido tendría mayor responsabilidad porque sus electores lo tendrían cerca y él debería responder con su tarea legislativa, fiscalizadora y representativa. Tendrían que decidir no de acuerdo a los lineamientos del partido, sino en respuesta a los intereses regionales, por la presión social de sus electores. Así el Congreso sería de verdad democrático.

Habría que pensar en una representación de las regiones, desde las regiones. Un aspecto no olvidado es ver como representamos a las minorías. Quizá pueda significar un aumento del número de representantes, pero considerando el menor costo económico de lo propuesto sería posible aumentar la presencia de las minorías de cada región, y en el caso de Puno, pienso en los aymaras que podrían tener su representante en el Parlamento.