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Una publicación de la asociación SER

El Covid-19 en el Perú: No una sino muchas distancias

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Pablo Najarro Carnero

Toda situación conflictiva desnuda realidades que estaban ocultas o dormían en un conveniente rincón de la cautela o de la paciencia monacal. El Covid-19 ha reflotado distancias que existían no solo en nuestro país, sino en el mundo entero

Empecemos por la más conocida. Al iniciar la pandemia, con todo lo necesario que era, no pudo idearse un mejor modo de evitar el contagio que, en vez de decir “no se acerque a otras personas”, surgió el susodicho término “distancia social” en vez de “distancia física” que hubiese sido lo correcto. Término desafortunado en verdad, pero que refleja un sentimiento subyacente en el imaginario de las elites de los estratos A y B. Y es que hay distancias que sugieren exclusión.

Distancia entre quienes tienen más posibilidades de protegerse, por su condición económica, aunque la peste, esa realidad que mata, no distingue entre pobres o ricos.

Distancia que algunos reclaman, aunque con otro nombre, como la que exige el Colegio Médico del Perú al reclamar un trato especial y diferenciado. Al parecer, para ellos hay una distancia grande entre ser médico y ser enfermera, técnico o auxiliar de enfermería; obstetra o psicólogo. Y una mucho mayor con el personal que hace limpieza en un hospital. Que se sepa, en Iquitos no sólo los médicos están infectados con la peste. Pero ellos reclamaban una atención especial y tener la primera opción para ser trasladados al centro especializado del Covid-19 en Villa El Salvador. Menos mal que los otros colegios profesionales, vinculados a la salud, han apoyado al ministro médico Zamora. El punto es que si sólo hubiera apoyado a los médicos, la prensa aprista y fujimorista –que hoy lo crítica por lo contrario- lo hubiera “fusilado”. Entre dos fuegos, optó por hacer lo ético de la función pública. 

Distancia es la que han tenido que sortear los refugiados internos de nuestro propio país. Distancia es la que les han marcado algunas autoridades al no querer recibirlos. Es verdad que muchos ya no hacen su vida aquí, pero ellos han dejado todo para volver a la tierra madre.

Distancia que la peste quiere provocar entre la gente. Nos va acostumbrando a evitar el contacto físico, contacto que supone el afecto entre amigos y hasta en la misma familia. Ya nos distanciamos de la solidaridad. Ya nos somos alguien, ahora una mascarilla esconde nuestro yo. ¿Será una manera de ir acostumbrándonos al futuro, en el que cada uno vivirá aisladamente? ¿La indiferencia será la regla?

Es tiempo de retomar a Rousseau, de construir un nuevo contrato social en el que no perdamos la humanidad y acabemos con las distancias que fueron marcadas por una economía elitista, que hoy decide la vida y la muerte. 

Las distancias sociales, en países sub desarrollados como el nuestro, ha tenido un efecto devastador. Esas antiguas distancias hicieron que desde mucho antes se hiciera lo mínimo para los que menos tienen. Esas distancias se convirtieron en exclusión. Ese mínimo esfuerzo en la salud, la educación y la economía provocaron la exclusión social.

Nos preguntamos por qué hay gente que no entiende del peligro de esta pandemia. La crisis ha terminado por desnudar nuestra pobreza generacional y mental a la que hemos sido llevados por años. El mundo de los Ni-Nis. Esa es nuestra realidad. En todas partes de nuestro Perú hemos visto con pena y cólera, la reacción del pobre ante su principal necesidad que es hambre. Y vemos un Congreso que no está a la altura del desafío que nos presenta la realidad, y ni de parte de nuestros representantes ni del presidente de la República oímos planes para el futuro.

Sin embargo hay que tener la esperanza de Jorge Basadre cuando nos decía “quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también felizmente, posibilidad”.