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Una publicación de la asociación SER

El feminismo no es el enemigo de la literatura

Leí la columna de Mario Vargas Llosa y estas son las ideas (medio desordenadas) que me produce su reflexión. No es el primero ni será el último, pero es importante responder a las ideas. (No soy especialista en temas culturales, respondo desde el feminismo, acaso lo poco que sé):

MVLL habla de censura. Menudo término. Dice que el feminismo es el nuevo enemigo de la literatura porque pretende descontaminarla de machismo. Él habla de las feministas radicales y del “decálogo feminista” (el cual se remite a los libros de escuela y cuya base ideológica recae en autoras como bell hooks). He leído a bell hooks, eso no dice.

Esto sucede. La escuela, la iglesia, la casa, el gobierno, todo lo que existe está atravesado por el machismo y el patriarcado. Los agentes de socialización tempranos nos fuerzan a ese ejercicio casi sin desearlo. Hooks hace énfasis con el racismo, que entremezclado con el sexismo, produce sujetos aún más vulnerados. Discriminación múltiple.

Una nueva escuela tiene que ser aquella que se desprenda de textos que alimenten odas a la violación o a los estereotipos de género. Estamos hablando de una etapa crucial para la formación del pensamiento. Si la revolución no es feminista no es revolución. Y la producción cultural debe entender eso cuando el gobierno escoja la literatura de sus mallas curriculares. Tiene sentido que dejes de lado aquellos que perpetúan estereotipos machistas, más aún si a la siguiente hora vas a hablar de enfoque de género. Tienes que incluir a autoras mujeres, que tienen una producción extensísima.

La escuela no es la librería. Las feministas no estamos a favor de la censura de libros ni promovemos la quema de libros. En España queman la foto del rey y el Tribunal Europeo dice que todo bien, todo en orden. La monarquía sigue viva y la gente tiene derecho a protestar con aquello que no le gusta.

Yo leí “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada” a los 19 años, en la universidad. Y me estremeció el relato hasta el llanto, como lo hizo la CVR, en especial, con su capítulo sobre violencia sexual. Pero ahí reflexioné con un espíritu crítico más desarrollado. Son espacios distintos, son personas distintas.

Yo sé que se teme mucho a la regulación, pero el Estado tiene que inmiscuirse en el contenido y trabajar una propuesta coherente con los objetivos del aula, sin que eso corte espacios de diálogo y debate. Tenemos una escuela que discrimina a personas con discapacidad, a mujeres, a niñx LGTBI y las consecuencias de esa crianza la pagamos a diario.

Se puede criticar, mejorar o sugerir un mejor decálogo feminista sin decir que el feminismo es el nuevo enemigo de la literatura. ¿No piden una Iglesia menos machista? ¿No piden un gobierno paritario? ¿No piden hogares sin violencia? ¿La escuela qué es, sino el espacio más relevante para creer en igualdad.

Ahora quiero entrar en un terreno pantanoso que MVLL no desarrolla aunque deja hilando. ¿Qué hacemos con los poetas malditos, con los directores de cine misóginos, con los autores machistas, con los comprobados violadores y depredadores sexuales?

Hay quienes dicen que no podemos privar a la comunidad de la producción cultural y artística de estas mentes iluminadas. Yo no alimento ningún tipo de censura, pero no me pidan que no me queje si me entero que un escritor es acusado de violación sexual o de un productor de cine que embarazó a su hija. Esos son hechos repudiables.

Aunque duela, todos tenemos gestos machistas que alimentan nuestra rutina. Yo también. Pero la idea es tratar de evitarlos, emprender un cambio, cuestionarlos las cosas. Si el arte se va a escapar de toda crítica no artística, se auto-coloca en una zona de frágil acceso y frágil salida. Y se aleja de los cambios culturales y de época que justamente le toca retratar.

Para mi es relevante saber si el autor que leo es un depredador sexual, es información que me interesa tener a la mano de la misma forma que para mí es importante saber si compro zapatillas a cadenas que utilizan a niños esclavizados, de la misma forma que no voy a tiendas que maltratan a sus sindicatos y pagan menos del mínimo a sus trabajadores. Pero no pienso reducir la literatura a unas zapatillas, sé que existe un gran cuestionamiento sobre la obra magistral y el autor misógino. No se ha debatido mucho de esto porque han habido campos exentos de esta crítica durante años. Comencemos a hacerlo.

MVLL cree que vamos a silenciar la producción machista. No, hay nuevas voces, nuevos enfoques y deben ser promovidos, que es distinto. La escuela con el resguardo estatal, la librería bajo las reglas del mercado. El silenciamiento del machismo no es una opción, por lo menos no para mí. Al sexismo no hay que ponerlo debajo del colchón, hay que exponerlo para que sea parte de la verdad histórica, de la producción de nuevo conocimiento.

Desde hace tiempo hay autoras que han leído esa literatura y han marcado nuevos enfoques. El problema es que no las leen, léanlas. ¿A cuántas mujeres leen? Pregunto. Les dejo una lista muy pequeña: Kimberli Crenshaw, Remedios Zafra, bell hooks, Ángela Davis, Judith Butler, Virginia Woolf, Gloria Anzaldúa, Rita Zegato, Hannah Arendt, Chantal Mouffe, Mara Viveros, Verena Stolke, Liuba Kogan, Maruja Barrig, Fanni Muñoz, Angelica Motta, Patricia Ruiz Bravo (no terminaría nunca).