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Una publicación de la asociación SER
Abogado peruano, ex Presidente Ejecutivo de DEVIDA, Director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, CIDDH

El impacto geopolítico de los incendios en la Amazonía

La proyección de los daños de los 71,497 incendios ocurridos en Brasil y en los otros países amazónicos, desde el 10 de agosto, permiten suponer que nos enfrentamos a la mayor catástrofe ambiental transnacional desde el desastre de Chernobyl ocurrido en 1986. Los países de la región y la comunidad internacional no estamos preparados para abordar este problema desde una perspectiva cooperativa y no unilateral de los intereses nacionales

Debemos empezar por entender, que estamos en la época más seca de la cuenca amazónica, lo que facilita la ocurrencia de estos desastres, como viene ocurriendo en Bolivia, Paraguay y en menor medida en el Perú. También debemos comprender el impacto disperso de la nefasta práctica de la quema y roce del bosque como parte de la agricultura migratoria, que practican los pequeños agricultores y los grandes hacendados ganaderos. La convergencia de estos dos factores, ha constituido el gatillador del accidente, calificado como un ecocidio, un genocidio ambiental cuando aún está pendiente una real y precisa evaluación sobre los perjuicios ocasionados a la biosfera. ¿Hay responsables directos o indirectos? ¿Es de orden doméstico o transnacional?

No hay duda de la importancia global de la Amazonía, considerada el mayor pulmón del planeta, así como el albergue de mayor biodiversidad y agua dulce del planeta. Por ello es clave el rol del mayor bosque tropical de mundo para mitigar el cambio climático. Pero es imprescindible analizar el impacto de los incendios transfronterizos sobre el principio de la soberanía de los Estados, particularmente en el caso de los 9 países amazónicos. En tal sentido, vuelve al debate si la Amazonía puede ser considerada patrimonio de la humanidad y cuáles serían los efectos sobre la soberanía nacional. La reacción de los países europeos y del G 7, no se hizo esperar. Las primeras medidas concretas han sido el congelamiento de ayuda económica de Noruega, el detenimiento del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, indiscutible presión sobre el gobierno brasileño por su desidia en controlar los incendios. En el mismo sentido hay que leer las declaraciones de António Guterres, secretario general de la ONU, clamando por la atención internacional.

De otro lado, la posición de Bolsonaro tiene dos componentes esenciales: un discurso precario sobre ambiente, negacionista del cambio climático, de cero protección a los pueblos indígenas; y un nacionalismo falaz criticando la injerecia “colonialista” y acusando a las ONG ambientalistas de causar los incendios, además de negar la extensión del mismo. Las decisiones para afrontar el desastre llegaron tarde, y se ampararon en los militares para su resolución.

Pero se necesitan varias respuestas: sofocar el incendio, determinar las víctimas y los afectados inmediatos, para ello se hace necesario el uso intensivo de nuestro satélite PERU SAT-1 y su capacidad de monitoreo de tan extensa región. Además, de las acciones de cada país, se debe activar la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), pero yendo más allá de un simple tweet de la Cancillería peruana, que en otros casos se muestra mucho más proactiva. ¿Esa es la importancia que le da Torre Tagle a la cuestión?

El Gobierno de Brasil debe establecer las condiciones y los límites a la asistencia humanitaria proveniente del exterior, sobretodo tomando en consideración el uso político que ciertos países suelen hacer de la misma, sea a través de su otorgamiento o de medidas inversas, como bloqueos o sanciones unilaterales. No se puede socavar la autonomía y soberanía nacionales, esa es la posición común sudamericana, pero ello no debe servir para alimentar posiciones tan erróneas como las adoptadas unilateralmente por el gobierno de Jair Bolsonaro.