Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

El incendio planetario

Foto ©Reuters

Emilio Salcedo. Sociólogo

Las últimas escenas que vi en una nota de la BBC, eran las de una mujer que se sacaba la camisa para acercarse a un árbol, y con la misma coger a un koala que se encontraba en una rama y rescatarlo de un entorno que ya estaba siendo alcanzado por las llamas. La mujer depositó al koala en el suelo y trató que tomara agua de una botella, luego vertió agua sobre el cuerpo del marsupial. Como todos los animales que pueblan el bosque, los koalas suelen ser silenciosos, pero este, gritaba por el dolor de las quemaduras. Luego fue llevado a un veterinario. No corrió la misma suerte que los más de 500 millones de animales que sucumbieron directamente al fuego, humo o altas temperaturas. No, no estamos presenciando en tiempo real una tragedia de descomunales proporciones solamente, estamos presenciando el apocalipsis.

La devastación que desde noviembre viene aniquilando toda forma de vida en Australia, no es más que otra expresión del actual "sistema mundo". Es cierto que factores climáticos pueden explicar en gran parte la ocurrencia de los incendios, pero también hay factores que se explican por la intervención humana, y política.

Australia, no solo es uno de los territorios más secos del mundo, sino uno en donde las presas de agua están privatizadas y administradas con intereses lucrativos, significando ello la alteración de los cauces y distribución de agua naturales. A la vez, es rico en carbón, un mineral que es trascendental para una potencia ubicada en las cercanías. Me refiero a China que es tan vasta como un continente y cuenta con más de un sexto de la población mundial. Si algo necesita es energía, desde su empleo para la calefacción hasta para la producción. El carbón es uno de los insumos más baratos para la producción de energía, pero uno de los más contaminantes.

Hace ya algún tiempo, se ha revelado que multimillonarios empresarios chinos financian las campañas electorales de los principales partidos políticos australianos. Tramas asociadas a toda suerte de influencias excesivas e indebidas, e incluso hasta espionaje, no son ajenas, en esta parte del mundo. La finalidad, asegurar que las decisiones públicas y políticas garanticen los intereses del gigante asiático.

¿Ante qué nos encontraríamos? Al inicio mencionaba al “sistema mundo”. ¿A qué me refiero con ello? A que dadas las características del desarrollo que ha seguido la humanidad, permeadas fuertemente por la globalización, los fenómenos de diversa índole ya no alcanzan explicación en un límite o coto cerrado, como son las fronteras nacionales. En asuntos como los efectos del cambio climático y el calentamiento global, las causas trascienden fronteras y se están interconectadas.

Decisiones de producción de un país, condicionadas fuertemente por los intereses de otro. Alguien podrá decir, pero eso no es nuevo, está en la historia. Es cierto, pero la generalización de la racionalidad neoliberal ha vuelto a la política una mercancía más, que se compra, se adquiere, se financia, esperando los respectivos réditos en consecuencia, pero actuando como si ello no ocurriera, bajo el disfraz de un simulacro democrático de competencia leal, cuando es más bien desleal y es el poder económico, el que instala y subordina al poder político y a la capacidad de decidir cómo serán las cosas, qué decisiones se tomarán. Nos encontramos ya varios peldaños arriba de la corrupción. Esto es sistémico, impacta y forma parte de, el sistema mundo.

Sin embargo, no solo lo vemos en Australia. Lo advertimos cuando en Brasil los terratenientes industriales, que apoyaron a Bolsonaro quien “no cree” en el cambio climático, incendian la Amazonía para preparar extensos territorios para sus actividades, con la consecuente destrucción de uno de los más grandes faros de biodiversidad y pulmón de la humanidad. Lo advertimos, cuando en nuestro país, una decisión política condicionada por cálculos económicos, determina que las moléculas de los gases extraídos de los yacimientos del sur andino, no serán usadas para el desarrollo interno ni para el urgente e inaplazable cambio a una matriz energética menos contaminante y orientada hacia energías renovables, sino para el mercado externo.

Como mencionaba líneas arriba, China necesita la energía. Las tiendas de productos curiosos y baratos se vienen multiplicando por doquier, siendo fascinante visitarlas, pero muchos de sus productos son fabricados en China y, además de las condiciones de trabajo en dicho país tantas veces denunciadas, podríamos estar aportando igualmente, con algunas chispas, al gran incendio planetario que se cierne sobre nuestro futuro. Me parece que nos encontramos ad portas del cambio de algunos o varios paradigmas. La cuestión es si ocurrirá con nuestra voluntad o sin ella.