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Una publicación de la asociación SER

El largo camino para llegar a la calidad universitaria

Foto: SUNEDU

Gabriel Gómez Tineo. Antropólogo  de la UNSCH.

La mediocridad y la mala calidad del sistema universitario en el país es una de las herencias del fujimorismo que nos está pasando factura, con saldos de frustración para más de 165,000 jóvenes que ven truncado el sueño de ser profesionales universitarios.

El sistema universitario administrado por la Asamblea Nacional de Rectores había sido puesto al servicio de intereses subalternos de empresarios y políticos que únicamente les interesaba el lucro y mercantilizar la educación superior, sin importar la calidad, creando universidades a granel y filiales por todos lados.

Vender masivamente grados y títulos fue el fin de estas universidades. Esta producción masiva de profesionales sin criterios mínimos de pertinencia, coherencia y calidad, nos convierte en un país sin las competencias que necesita para elevar los índices de competitividad.

Siempre se dice que la riqueza de un país radica en sus recursos naturales, pero estos no podrán ser transformados adecuadamente y responsablemente si no se cuenta con el capital humano y las universidades tienen un rol preponderante en dicha tarea.  Nos hemos inundado de profesionales en algunos campos donde la sobreoferta ni siquiera responde a la demanda por la escasa calidad de los mismos.

Una oferta educativa pertinente diversifica los perfiles profesionales de acuerdo a las características geográficas y culturales de un determinado territorio. El desarrollo de una comunidad radica en generar condiciones desde la multidisciplinariedad y construir este desarrollo en un dialogo entre la universidad, los distintos niveles de gobierno y el sector privado.  El Estado y la empresa privada demandan nuevos perfiles y competencias profesionales y las universidades no siempre tienen los currículos actualizados. La consecuencia: pésimo servicio en el Estado y un gasto para las empresas privadas en hacer la nivelación profesional.

La SUNEDU sin duda es una institución que ha realizado un proceso de limpieza para ordenar la educación superior, al denegar el licenciamiento a más de 30 universidades que no han podido ofrecer un servicio con las condiciones básicas o mínimas de calidad.

Debemos tener muy en claro que el licenciamiento no es el techo de la calidad educativa. “Condiciones Básicas de Calidad” se refiere al cumplimiento mínimo o esencial  que debe tener una universidad para ofrecer el servicio;  por ejemplo, es como si yo quisiera abrir un restaurante y solicito a la municipalidad que autorice su funcionamiento, para eso se hace la verificación de que cuente con todos las condiciones que manda la ley y solo así me otorgarían la autorización. El hecho de que mi restaurante se convierta famoso y ofrezca un servicio al gusto de los clientes tiene que ver con otras dinámicas: habilidad del cocinero, el trato, el ambiente, los costos etc.  Este ejemplo nos permite ver que las universidades licenciadas apenas han demostrado cumplir el primer paso de la calidad, y en muchos casos se especula que para este proceso se habrían contratados empresas especializadas.

El licenciamiento tiene carácter de obligatoriedad y en ese marco todos tienen que someterse para seguir funcionando o de lo contrario se deniega el funcionamiento. Entonces la lógica de construir un servicio de calidad aún está lejos de haberse conseguido.

Hacer procesos por obligación no siempre es garantía de sostenibilidad, por ello se debe ser instalar una cultura de calidad desde las mismas universidades. La cultura de la calidad debe ser un giro en el chip de los decentes y/o directivos de los centros de educación superior.

Alcanzar la calidad en las  universidades no solo pasa por el licenciamiento cumpliendo estándares básicos, sino cumpliendo otros estándares de calidad como la acreditación que brinda el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa - SINEACE. Esta institución también es garante de calidad a través del proceso de acreditación y lo hace generando procesos internos de mejora continua insertando una cultura de cambio en los docentes.

No debemos olvidar que el Congreso disuelto a través de la Comisión de Educación  capturada por la bancada fujimorista y aprista tenía como objetivo tumbarse a la SUNEDU. Estamos próximos a elegir nuevos congresistas y para ello debemos ser responsables a la hora de emitir nuestro voto y analizar las propuestas en temas de educación en general y las universidades en particular.

La calidad en la educación universitaria es un derecho que debemos exigir al Estado y lo haremos teniendo  representantes en el Congreso que realmente estén al servicio de las mayorías y no de los intereses particulares de los traficantes de la educación.